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Ebrima Mboob, director general de Inmigración de la República de Gambia: "Nuestra capacidad no basta para hacer frente a las mafias"

Insta a los países europeos a colaborar con Gambia para mejorar sus capacidades en la lucha contra las mafias que trafican con personas para llevarlas a Europa a través de la peligrosa ruta canaria

Ebrima Mboo, director general de Inmigraciónde la República de Gambia, en su despacho, durante la entrevista.

Ebrima Mboo, director general de Inmigraciónde la República de Gambia, en su despacho, durante la entrevista. / José Carlos Guerra

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Isabel Durán

Isabel Durán

Banjul

¿Cuál es la situación migratoria en Gambia?

En Gambia hay personas que llegan y otras que salen del país a diario, especialmente jóvenes. En los últimos años ha aumentado el número de jóvenes que migran, sobre todo hacia zonas más verdes, con mejores oportunidades, y también hacia Europa. Ante esta realidad, el Gobierno gambiano está incrementando el número de intercepciones migratorias.

¿Qué se está haciendo desde Gambia para frenar la salida irregular de migrantes hacia Europa?

El trabajo de Gambia para frenar las salidas irregulares comenzó hace más de dos décadas. Nuestra política migratoria criminaliza la trata de personas y, además, hemos creado una unidad de patrullaje integrada por 100 agentes, desplegados en las zonas costeras del país. Pero es importante entender la geografía gambiana: estamos muy abiertos al Atlántico y muchas personas utilizan el río Gambia para esconder embarcaciones clandestinas antes de desplazarlas hacia el océano. En materia migratoria, no estamos solos. Contamos con el apoyo de Frontex, así como de Alemania, Países Bajos, Italia, Suiza y España. La Guardia Civil y la Policía Nacional española trabajan codo con codo con nuestros servicios de inteligencia. Por esto, quiero agradecer especialmente estas colaboraciones, porque nos ayudan a avanzar en nuestro objetivo fundamental, que es frenar a las mafias que se aprovechan de personas vulnerables y que causan un enorme daño, especialmente a los menores.

¿Qué ayuda reciben de Frontex?

Frontex es un gran aliado del Departamento de Inmigración de Gambia —GID, por sus siglas en inglés—. Nos ha dado visibilidad internacional, lo que ha permitido que terceros países aporten fondos para cubrir servicios a los que el Gobierno gambiano no puede hacer frente únicamente con recursos propios. Pero lo más importante es que nos ha apoyado con sus servicios de inteligencia. Nos hemos coordinado especialmente en las zonas del interior, donde Frontex ha desplegado sus capacidades de inteligencia y tecnología para mejorar la comunicación con el GID. También nos han aportado conocimientos, experiencia y trabajo en equipo.

«Mis oficiales van desarmados, no tienen medios para frenar la salida de un cayuco»

¿Cómo gestiona Gambia sus fronteras? ¿Está funcionando la digitalización?

Contamos con herramientas digitales de control que nos ayudan a monitorear los movimientos procedentes de países como Sierra Leona, Nigeria, Guinea-Bisáu, Mali, Benín, Senegal, Mauritania e incluso Bangladesh. Esto ha sido posible gracias a la colaboración de Frontex, que nos proporcionó ordenadores y financió las licencias necesarias para las conexiones. Actualmente contamos con una oficina de análisis de riesgos desde la que vigilamos los movimientos de personas para poder actuar con mayor eficacia. También nos centramos en la detección de documentación falsa procedente de terceros países, como Nigeria o Mali. El sistema no solo nos permite analizar el origen de las personas, sino también obtener datos sobre la edad y el género de los grupos que llegan.

¿Qué perfiles son los que más cruzan la frontera de Gambia?

Nos preocupa especialmente el tráfico de personas. Vemos cruzar la frontera a grupos de menores de entre 9 y 18 años, así como a niñas y mujeres. Muchas chicas llegan con la intención de encontrar trabajo y ayudar económicamente a sus familias, pero acaban siendo explotadas y, en muchos casos, obligadas a ejercer la prostitución.

La situación en Mali es ahora muy delicada. ¿Han notado algún incremento en el flujo de personas malienses?

Sí, en las últimas semanas hemos observado un incremento en la llegada de personas procedentes de Mali.

¿Cree que vienen para quedarse en Gambia o es solo un país de tránsito?

Mali es un país muy inestable y, en la región, tenemos una política de fronteras abiertas similar al espacio Schengen, al formar parte de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental —Cedeao o Ecowas, por sus siglas en inglés—. Además, se ha abolido la norma que establecía un límite de permanencia de 90 días. Aquí hay mucho comercio, por lo que no podemos asegurar si quienes entran en el país se quedan o continúan su camino. Se dan ambas situaciones, pero Gambia es principalmente un país de tránsito, porque somos un territorio tremendamente abierto al mar.

«Entre enero y abril, hemos interceptado a 2.473 personas, entre ellas 57 niños y 14 embarazadas»

¿Qué medidas están implementando en el país para reforzar el control de las costas?

La costa de Senegal o Mauritania es más fácil de vigilar, pero la de Gambia presenta muchas dificultades. Estamos haciendo todo lo posible para reforzar la formación de nuestro personal y mejorar los procesos de seguridad fronteriza. Para ello, contamos con la colaboración de países extranjeros. El GID se ha convertido en una institución muy sólida en el monitoreo de movimientos clandestinos, pero no podemos estar en todos los lugares al mismo tiempo. No tenemos capacidad.

¿Teme que Gambia se convierta en un punto caliente de salidas hacia la ruta canaria?

El problema está en la falta de apoyo logístico. El número de efectivos con los que contamos no es suficiente para frenar la cantidad de casos que se producen a diario. Por ejemplo, Marruecos o Senegal reciben un gran apoyo, pero nuestra capacidad actual no basta para hacer frente a las mafias. Le doy un dato: entre enero y octubre del año pasado interceptamos la mayoría de las salidas, pero noviembre y diciembre fueron meses muy duros porque los 100 efectivos que patrullan las costas estaban en periodo de formación y la vigilancia se vio reducida. Una vez salieron de las academias de entrenamiento, las intercepciones volvieron a estabilizarse.

¿Con qué medios cuentan los agentes para frenar los cayucos?

Hay una diferencia importante entre los militares y los miembros del Departamento de Inmigración: mis oficiales no van armados. Por eso es prácticamente imposible que puedan frenar la salida de un cayuco cuando las mafias sí cuentan con armas de fuego. En esas situaciones, nuestros agentes se ven obligados a retirarse, porque tampoco disponen de equipos de protección personal. Gambia necesita mucha más ayuda logística para poder dotar a nuestros oficiales de los medios necesarios. Me gustaría que hubiera un entendimiento real con los países colaboradores y escuchen nuestras necesidades para poder frenar a las mafias, porque somos nosotros quienes conocemos el origen de los problemas.

¿Qué hace Gambia con los migrantes que son interceptados?

Contamos con un centro de recepción en Tanji, una localidad pesquera situada al sur de Banjul, donde atendemos a las personas interceptadas, incluidas mujeres embarazadas y menores. A pesar de nuestros escasos medios, se les prestan servicios básicos y también disponemos de atención médica. Desde mi departamento estamos muy comprometidos con garantizar la dignidad humana en ese centro y responder a las necesidades sobre el terreno. En 2025 interceptamos a 1.476 personas. En los primeros cuatro meses de este año, la cifra asciende ya a 2.473, entre ellas 14 mujeres embarazadas y 57 menores.

¿Cómo se gestiona la situación de los migrantes retornados?

Trabajamos con Cáritas, que normalmente se encarga de su atención y alojamiento durante una primera etapa tras su llegada. La situación de los retornados es muy complicada, porque muchos no pueden volver con sus familias o ni siquiera tienen medios para salir del aeropuerto. Algunos llegan con problemas de salud o con adicciones. Para hacer frente a estas situaciones de vulnerabilidad, el Gobierno cuenta con programas para facilitar su reinserción en el mercado laboral.

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