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Airam Peña, paciente de 24 años trasplantado de corazón en el Doctor Negrín: «Hacía una vida normal y todo cambió de la noche a la mañana»

El joven relata su experiencia tras el procedimiento y agradece la solidaridad de las personas donantes

El paciente grancanario Airam Peña.

El paciente grancanario Airam Peña. / LP/DLP

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Las Palmas de Gran Canaria

Hay momentos que marcan un antes y un después en la vida. Para Airam Peña, uno de ellos llegó una tarde de verano de 2024, mientras estudiaba en casa las oposiciones para maestro. Por entonces, este joven grancanario que reside en el municipio de Telde tenía 22 años y llevaba una vida saludable, por lo que nada hacía presagiar que padecía una grave anomalía cardíaca que acabaría obligándolo a someterse a un trasplante. «Yo hacía una vida normal y, de repente, todo cambió de la noche a la mañana», recuerda.

Aquel día decidió tumbarse unos minutos en la cama para hacer una pausa en el estudio. De repente, notó que el brazo derecho dejaba de responder. Poco después, su pierna derecha también se paralizó. Consciente de la gravedad de la situación, llamó a una ambulancia, pero no había ninguna disponible. Entonces contactó con su madre, que por suerte estaba llegando al domicilio. Entre ella y un vecino lograron trasladarlo al centro de salud de Las Remudas y, desde allí, fue derivado al Hospital Universitario Insular de Gran Canaria, donde permaneció 15 días ingresado.

Tras someterse a diferentes pruebas, los especialistas le diagnosticaron una insuficiencia cardíaca que afectaba al ventrículo derecho. Según le explicaron, esta cavidad de su corazón presentaba un tamaño anormalmente grande y no funcionaba correctamente, lo que comprometía el funcionamiento del órgano. «Para mí fue muy chocante. Tenía claro que quería vivir y que no era normal estar pasando por eso a mi edad», relata el joven, que además señala que en su familia no existían antecedentes que hicieran sospechar la presencia de esta patología.

Tratamiento

Después de recibir el diagnóstico, comenzó un tratamiento médico y adaptó su vida a las nuevas circunstancias. No podía practicar deporte y debía seguir una serie de cuidados específicos, pero siguió adelante con sus planes. De hecho, continuó preparando las oposiciones para el cuerpo de maestros de Educación Primaria. El esfuerzo tuvo recompensa y consiguió plaza en su primera convocatoria. Sin embargo, la enfermedad siguió avanzando.

A finales de 2024, sufrió una arritmia grave que lo llevó a precisar un nuevo ingreso hospitalario. Pasó varios días en la Unidad de Medicina Intensiva (UMI) y se sometió a diferentes procedimientos médicos, entre ellos un cateterismo, una ablación y la implantación de un desfibrilador. A pesar de todo, logró mantener cierta normalidad en su rutina. «Dentro de mis circunstancias, hacía todo lo que podía», explica.

Su situación volvió a complicarse cuando, apenas un mes después de incorporarse a trabajar, recibió dos descargas consecutivas del desfibrilador mientras se encontraba en casa preparando el material para impartir sus clases. Los médicos comprobaron entonces que el funcionamiento de su corazón empeoraba de forma progresiva y comenzaron a plantear la posibilidad de incluirlo en la lista de espera para un trasplante.

Miedo

«Cuando me lo comunicó la cardióloga pensé que era lo mejor, pero reconozco que me eché a llorar en casa porque tenía mucho miedo», confiesa. Y es que el paciente sabía que se trataba de una operación compleja que podía comprometer su vida, aunque también era consciente de que, sin ella, su salud corría peligro. Poco a poco, gracias al apoyo constante de su familia, de sus amigos y a la ayuda psicológica que recibió durante el proceso, consiguió aceptar la situación. «Mi estado me impedía trabajar y tuve que prepararme mucho psicológicamente para afrontar la intervención», afirma.

A finales de octubre de 2025, tras numerosas pruebas médicas, entró oficialmente en lista de espera para recibir un corazón. «Cada vez me cansaba más y sufría problemas de retención de líquidos que me llevaron a acudir a Urgencias en varias ocasiones», anota Airam.

Órgano compatible

Por fin, el pasado enero apareció un órgano compatible y el trasplante se llevó a cabo con éxito en el Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín. El paciente estuvo 20 días ingresado y pasó una semana en la UMI. Después llegaron las biopsias, los electrocardiogramas y los controles médicos habituales tras una intervención de este tipo, pero también regresó algo que llevaba mucho tiempo sin experimentar: la posibilidad de volver a hacer ejercicio. «He notado una diferencia brutal», asegura.

Ahora, a sus 24 años ha recuperado masa muscular y vuelve a disfrutar de actividades que antes le resultaban imposibles. No obstante, aunque el trasplante ha mejorado de forma notable su calidad de vida, sigue con cuidados médicos. Como cualquier persona trasplantada, debe tomar medicación inmunosupresora para evitar que su organismo rechace el nuevo órgano. «Ahora mismo, tomo unas 20 pastillas al día», comenta el docente.

Controles médicos

Por todo ello, los controles siguen formando parte de su rutina. «Me hacen analíticas y biopsias de forma periódica. Durante el primer año, también tengo que extremar las precauciones frente a posibles infecciones, ya que mis defensas están debilitadas», detalla.

Esta situación ha retrasado, por el momento, su regreso a las aulas. Ahora bien, pese a las vicisitudes, se muestra optimista y, además, muy agradecido con el personal que lo ha acompañado durante todo el proceso. «Todos han mostrado una gran profesionalidad, desde la persona encargada de la limpieza hasta el cirujano cardíaco», remarca.

Asimismo, cuando piensa en todo lo que ha vivido, hay una figura que ocupa un lugar especial en sus palabras: la persona donante. «Gracias a su solidaridad, yo he tenido una segunda oportunidad. No hay duda de que donar salva vidas», concluye el paciente.

El Programa de Trasplante Cardíaco opera con carácter regional y se implantó en el Doctor Negrín a finales de 2019. Esta iniciativa ha supuesto un avance muy relevante para los pacientes del Archipiélago, pues, hasta ese momento, debían desplazarse a la Península para poder someterse a este procedimiento. Hasta el momento, 129 personas se han beneficiado de esta acción en las Islas, de las cuales 109 son hombres y 20 mujeres.

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