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La insólita muerte de Gaudí

La insólita muerte de Gaudí

La insólita muerte de Gaudí / La Provincia

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Lara de Armas Moreno

Desafortunadamente, Antoni Gaudí forma parte de la lista de artistas que sufrieron una muerte accidental y bastante absurda. En ella figuran referentes históricos del arte como Isadora Duncan, la pionera de la danza moderna que en 1927 murió al ser estrangulada por la bufanda de seda que llevaba al cuello. La prenda quedó enredada en la rueda del coche en el que viajaba, lanzándola violentamente hacia atrás, rompiéndole el cuello al instante. Tennessee Williams también murió de un modo similar, en 1983, el autor de Un tranvía llamado deseo, murió atragantado por la tapa de una botella mientras intentaba abrirla con la boca.

El caso de Gaudí no resulta menos insólito que los anteriores. El 7 de junio de 1926, el arquitecto abandonó su estudio en la Sagrada Familia para dirigirse a la iglesia de San Felipe Neri, un breve trayecto a pie que recorría casi a diario. Allí debía encontrarse con su consejero espiritual, Agustí Mas. Como era habitual, descendió por la calle de Bailén y, al cruzar la Gran Via de les Corts Catalanes, fue arrollado por un tranvía. Según algunas versiones, el conductor descendió del vehículo, apartó a Gaudí de las vías y reanudó la marcha. Al parecer, los atropellos por tranvía eran bastante habituales por la zona.

La mayoría de los transeúntes que presenciaron el incidente no socorrieron a Gaudí ya que lo confundieron con un vagabundo por su aspecto descuidado, otros pocos lo atendieron y pidieron a algunos taxis que pararan para llevarlo al hospital, pero los taxistas se negaron -la mayoría fueron multados más tarde por la ley del buen samaritano-. Fue la Guardia Civil la que finalmente intervino y obligó a un taxista a llevar a Gaudí a la casa de socorro de la ronda de Sant Pere, 37.

Durante sus últimos años de vida, el arquitecto se volvió más espiritual que nunca, se volvió austero y dedicó su vida a la construcción de la Sagrada Familia. Además, Gaudí opinaba que el peatón debía tener prioridad siempre, de hecho, no era la primera vez que tenía un incidente con un tranvía. En una ocasión ignoró las señales de uno, algo que obligó al conductor a frenar bruscamente.

Al atenderle, los médicos se dieron cuenta de que tenía varias costillas rotas, un fuerte golpe en una pierna y, según informó La Vanguardia el 9 de junio: «Lo que agrava el estado de don Antonio Gaudí es que tiene hemorragia en las meninges». Al conocerse públicamente la identidad del herido este recibió numerosas visitas eclesiásticas y políticas, nobles y representantes de instituciones artísticas, culturales y gremiales fueron a verlo hasta que falleció 60 horas después de ser admitido en el hospital.

Gaudí murió a las cinco de la tarde del 10 de junio de 1926. Su entierro fue tan austero como él mismo había deseado. No se admitieron coronas y su ataúd fue cubierto con un paño de la Asociación de Arquitectos de Cataluña. Miles de personas acompañaron el cortejo fúnebre en su recorrido hasta la basílica de la Sagrada Familia, donde finalmente fue enterrado.

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