Una residencia con 17 canarios en Venezuela: «Les decía que estuvieran tranquilos, que todo iba a pasar»
Los residentes y el personal de la casa hogar Nuestra Señora de Las Nieves, en el estado de Aragua, sintieron los efectos de los terremotos sin que llegaran a sufrir daños personales, solo algunos desperfectos que no obligaron al desalojo

Un grupo de residentes de la casa hogar Nuestra Señora de las Nieves, en el estado de Aragua (Venezuela), durante una de las actividades que realizan normalmente. / Cedida por la Casa Hogar

A poco más de 100 kilómetros del epicentro de los terremotos que tuvieron lugar el miércoles en Venezuela se encuentra la casa hogar Fundación Canaria Nuestra Señora de Las Nieves, en Cagua, en el estado de Aragua. La tranquilidad habitual a la que están acostumbrados sus 17 residentes y el personal que trabaja con ellos se vio alterada por dos fuertes seísmos de magnitudes 7,2 y 7,5.
«En el momento en que la tierra empezó a temblar, desalojamos a los mayores a una zona despejada. Muchos de ellos no se pueden valer por sí mismos, van en silla de ruedas, otras caminan muy lento», relata el secretario de la entidad Juan Arenas.
«Les iba calmando, les decía que estuvieran tranquilos, que iba a pasar». Una situación que el directivo de la residencia, sintió que duró una eternidad. «Creo que fue como un minuto, que es mucho tiempo». Ese protocolo que, además fue activado en cuestión de segundos tras recibir una alerta al móvil, ayudó a que la evacuación tuviera lugar.
Los "abuelos" de Aragua
La gerente de la residencia, María Concepción Trujillo Rodríguez, quien se encontraba en su casa al momento del suceso por tratarse de día festivo, se trasladó rápidamente a verificar que sus «abuelos» estuvieran bien.
«Algunos de ellos ya estaban acostaditos, y como vi que estaban bien no los levanté para no estresarlos más. Al día siguiente me dijeron que habían notado algo, pero pensaron que les estaban arrullando la cama».
El personal sanitario y los residentes fueron llevando las primeras horas entre el nerviosismo y la incertidumbre. «Había algunas señoras que sí se pusieron un poquito más nerviosas, pero lo normal en una situación así, pero todos en general reaccionaron muy bien».
Los pocos daños que recibió el inmueble no obligaron a desalojar la residencia. «Hubo movimiento de tejas, las paredes se quebraron un poquito, pero afortunadamente sin daños humanos. Los abuelos están muy bien, gracias a Dios», aclara Trujillo, quien añade que tres días después de lo sucedido la actividad habitual se ha ido poco a poco retomando.
Los que estaban ya acostados pensaron que les estaban arrullando
Emigrantes canarios
Los residentes de la casa hogar ubicada cerca de la costa son en su mayoría emigrantes canarios de la década de los cincuenta. Con edades entre 85 y 95 años, los «abuelos» -como cariñosamente se refiere María- proceden de varias islas. "Siete de ellos, de La Palma; ocho de Tenerife; cuatro de La Gomera y uno de Gran Canaria", detalla Trujillo. «Hay una residente más de Pontevedra, Galicia», añade sin querer dejar a nadie fuera. «Y tres señoras más, viudas de canarios».
La gerente también tiene orígenes isleños. Aunque nació en Venezuela, sus padres de 99 y 94 años emigraron al país caribeño desde La Orotava, Tenerife, en una de las épocas más difíciles, social, política y económica que ha vivido España.
La también médica de profesión se encontraba con sus padres en casa viendo la tele en el momento de los terremotos. «Fue horrible, vi que la lámpara empezó a moverse. Estaba sentada junto a mamá, en la cama, la tomé en brazos y nos paramos debajo de la puerta».
Fue horrible, tomé a mi mamá en brazos y nos paramos debajo de la puerta
Después de asegurarse de que ambos estuvieran bien y una vez pasado el seísmo, corrió al centro para ver cómo se encontraban sus residentes. Aunque estaban acompañados por las enfermeras y parte de la dirección, las dificultades para hablar por teléfono debido a la caída en las telecomunicaciones le impidieron constatar en los primeros minutos su estado de salud.
Más de 300 réplicas
Preocupados por las réplicas que sabían se iban a generar -hasta el momento, más de 300- decidieron mantenerse en el exterior de la casa el mayor tiempo posible. Pasaron la noche como el nerviosismo les permitió y, al día siguiente, los hijos de muchos de ellos pudieron acudir a verlos.
Además de los residentes canarios, siete personas mayores más que viven en Cagua -y que acuden a la casa hogar a recibir atención sociosanitaria como centro de día- también han empezado a regresar, como varios de los vecinos que han podido volver a sus trabajos y los comerciantes a abrir sus negocios, aquellos que no han sufrido daños.
Con el susto algo más alejado, agradecen vivir en una zona donde las edificaciones, de baja altura, les han salvado. Los «abuelos» de Aragua van recuperando el aliento, pero siguen teniendo muy presente a sus compatriotas, que están pasando por las horas más complicadas que recuerden, especialmente en la zona cero de la tragedia, La Guaira.
Los "pensamientos", pero también sus "oraciones" están con ellos y con los cuerpos de rescate que empiezan a entrar en la etapa más difícil para encontrar más supervivientes.
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