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Canarias, tierra de figurantes en el cine

La estrecha relación del Archipiélago con el cine mira al futuro con confianza gracias al crecimiento de la figuración local

Imagen de un ‘casting’ de figurantes para la película ‘Apocalipsis Z’, cuya secuela se rodó en Canarias.

Imagen de un ‘casting’ de figurantes para la película ‘Apocalipsis Z’, cuya secuela se rodó en Canarias. / Alba Villar

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Octavio Medina

Son las personas que llenan la pantalla detrás de los actores principales y le añaden verdad a las escenas: los figurantes ejercen una labor discreta pero necesaria para el engranaje cinematográfico

Ocurrió en diciembre de1895, en el Salón Indio del Grand Café de París, Francia. A pesar del descubrimiento sin parangón que auguraban los carteles publicitarios, el constante florecimiento de patentes y exhibiciones de nuevos inventos en esa parcela de la Historia provocó la reacción más natural entre los asistentes: un alto escepticismo. Con este tablero, y su gran pieza dispuesta al final de la sala, los hermanos Auguste y Louis Lumiére mostraron el resultado de su invención, proyectándola a una velocidad de 35 milímetros por segundo sobre una fina sábana de tela blanca: Salida de los obreros de la fábrica Lumiére, una imagen en movimiento de 38 segundos de duración. Los asistentes se habían convertido en espectadores de la primera proyección de la Historia. El cinematógrafo cobró vida, había nacido el cine.

Un año después, en 1896, agentes instruidos por los hermanos Lumiére comenzaron a recorrer Europa filmando ubicaciones concretas para después maravillar a la población local con ellos. Así, este nuevo arte echó a andar retroalimentándose: lo que comenzó como un milagro tecnológico tornó también a un modelo de negocio y entretenimiento, al menos a pequeña escala. De esta forma, la temprana obsesión por las imágenes en movimiento que escupían a paredes o pantallas improvisadas trascendió el Viejo Mundo hasta desbordarse más allá de la última frontera conocida.

Fue entre 1896 y 1897 cuando el nuevo invento llegó a nuestras costas; concretamente a Tenerife. Los agentes de Lumiére acudieron a un muelle indeterminado de la capital y filmaron: Mujeres isleñas de Tenerife abasteciendo de carbón a barcos de la escuadra. Primeras imágenes en movimiento que se rodaron en las Islas y, muy probablemente, en España. Se trata de una película perdida, es cierto; pero que vive en los registros oficiales del Cinematógrafo Lumiére, los cuales aseguran que una proyección vio la luz en México poco después hasta perderse en el tiempo.

Aquellas mujeres que cargaban carbón en un muelle tinerfeño no eran actrices profesionales, ni tan siquiera artistas. Lo más seguro es que ni supieran que estaban participando en una filmación. Pero, sin proponérselo, se convirtieron en las primeras canarias que ocuparon el fondo de una imagen cinematográfica. Una novedad que muy pronto pasaría a formar de la cultura del Archipiélago.

Más de un siglo después, Regina Beraldo, una joven grancanaria de 30 años, rebusca en su armario un conjunto apropiado para la prueba de casting del día siguiente. Su objetivo es claro: formar parte de la figuración de la serie de televisión que se rodará en la isla. Es 2020. Ese año, y a pesar del Covid, Canarias acogió 80 producciones, reforzando una tendencia ascendente en la actividad audiovisual del Archipiélago. Es un modelo de negocio cada vez más sólido.

Regina Beraldo, vestida de época para la segunda temporada de la serie ‘Insulae’ de TV Canaria.

Regina Beraldo, vestida de época para la segunda temporada de la serie ‘Insulae’ de TV Canaria. / Cedida

Mientras revisa las prendas se repite incansablemente el mantra que ha decidido adoptar: «Voy a ser fuerte, voy a tener actitud, lo voy a hacer lo mejor que pueda». Con cada repetición riega la semilla de la confianza; pero está nerviosa. ¿Cómo no lo va a estar? Nunca antes ha dado un paso tan firme en el sector audiovisual. No quiere fallar. Su sueño es convertirse en actriz.

Como tantos candidatos en ese momento, Regina afronta esta primera prueba vía telemática. «En mi primer casting no tuve ninguna línea de diálogo», recuerda. La observan desde el otro lado de la pantalla, se despiden y días después obtiene la respuesta: está dentro. Lo ha conseguido. Será extra en una ficción que se rodará en Gran Canaria y por fin saldrá en pantalla.

Al igual que ella, miles de aspirantes que ansían a un papel protagonista tienen que pasar primero por una etapa mucho más discreta, pero igualmente necesaria para activar el engranaje cinematográfico: la figuración.

La figuración representa el elemento vital más invisible pero también más indispensable del cine. A quien se haya hospedado en un hotel con niños, le resultará familiar el lejano sonido del chapoteo y risas de los más pequeños. Incluir ese elemento, de manera sonora o visual, en una escena requiere de una ambientación y una precisión absolutas. Imagínense: acertar de una manera tan exacta que al lograrlo el mayor reconocimiento sea estar, sí; pero ser invisible. Simular ser el mundo en la vida de los personajes. Ese es el cometido de los figurantes: ser esencia. Ser parte del todo. Sutil, definitivo.

«Es importante distinguir que existe una diferenciación entre figurantes que tienen diálogo y los que no, por ejemplo. En el caso de estos últimos, la lucha eterna es albergar alguna línea de diálogo. La que sea y cómo sea», afirma Regina, recordando los incontables rodajes condensados en su experiencia. «Es cierto que nunca quieres molestar a nadie. Ni a los actores que lideran la escena ni al director o directora; pero si es verdad que se intenta apostillar esta o aquella frase con el único fin de mejorar la acción».

La figuración es un elemento invisible pero esencial de los rodajes. La labor de los extras es crear y sostener la credibilidad en cada plano

En el tablero de juego, durante un rodaje, la labor de la figuración es crear y sostener la credibilidad en cada plano. La más evidente de ellas es la de habitar el espacio. Y ahí están ellos. La figuración puebla calles, cafeterías, medios de transporte, restaurantes, plazas o interiores domésticos. Caminan, tropiezan, observan, salen del encuadre… y nada es casual. Cada acción que emprenden, por pequeña que sea, responde a indicaciones previas o marcas fijadas en el suelo para garantizar la continuidad de la escena.

Pueden verse simulando mantener una conversación, leyendo, esperando una guagua. No buscan ser observados sino garantizar que la acción esté condimentada tal y como lo está la realidad. Vestir el encuadre de una manera verosímil. Por último, identificamos la denominada como figuración de acción. Los que forman parte de esta escena deben reaccionar a estímulos, simular una actividad determinada, para convertirse en un engranaje activo del momento.

En todos los casos, la función es la misma: sostener la narración. Convertirse en un elemento que respira, que está presente, pero que reniega del protagonismo.

En la práctica, la figuración no se entiende sin la maquinaria que la hace posible. En Canarias, parte de esa labor recae en las agencias de casting que coordinan a cientos de perfiles en cada producción. Cristina Pulido, directora y fundadora de SVP Servipublic, explica: «Las Islas siempre han estado vinculadas al cine y a la figuración. Los tiempos han cambiado; pero la esencia sigue siendo la misma», rememora entre risas. «Comencé en el año 1989. En esa época, tenía conmigo una caja de zapatos llena con fichas de los perfiles que me habían solicitado. Si encontrabas a una persona por la calle que encajara, le contabas acerca del proyecto y si le interesaba te daba su teléfono. Otro método que utilizábamos mucho era poner anuncios en prensa, en los periódicos. Los canarios siempre han remado muy a favor del sector audiovisual».

Es importante tener presente que la labor de las agencias de casting no termina en la selección de perfiles. En realidad, podría establecerse esa como la fase inicial. Cada producción activa un complejo engranaje en el que se asignan roles, se organizan jornadas y se coordina la presencia de decenas -en ocasiones cientos- de figurantes cuya misión es ocupar el espacio de una escena sin alterar su lógica interna.

En este sentido, Carlos (nombre ficticio) afirma que formar parte de producciones cinematográficas es una inyección de vida; pero también de una tarea no apta para todos los públicos. «Cuando la gente escucha aspectos como estos, se lleva las manos a la cabeza e interpreta que uno ‘está rajando’ de la profesión: para nada. No la cambiaría por ninguna otra, pero hay que decir que es muy exigente. Hay días en los que tienes que estar preparado temprano y puede que vuelvas a casa tarde. Lo sabemos, lo aceptamos y nos encanta».

Fotogramas de la película ‘Maspalomas’

Fotogramas de la película ‘Maspalomas’ / Movistar +

Quienes conforman «la gran familia de la figuración de Canarias», confirman que se trata de un trabajo como cualquier otro. Afirman que cada rodaje ha estado acompañado de sus respectivos certificados laborales y altas en la Seguridad Social. «Lo mismo ocurre con la remuneración. Un rodaje profesional paga a quienes lo conformamos», apuntala Carlos. «Varía de la empresa, del tiempo requerido e importancia que la figuración acapare en las escenas; pero de media rondaría los 60 euros por una jornada de ocho horas, comidas incluidas».

Así, unos y otros realizan auténticos malabares para volver a situarse frente a los focos. Cuando pueden dedicarse a la figuración a tiempo completo, hay quienes participan en más de diez producciones al año. Cuando no es así, pueden compaginar su vida laboral principal con dos o tres rodajes. «Ocurre que cuanto más participas en rodajes, más te tienen en cuenta las productoras para trabajos de figuración», afirma una joven artista. «Para quienes aspiramos a los papeles principales en una película o serie, este es un camino en el que la disciplina y la constancia pueden convertirse en tu alfombra roja. Es cuestión de tiempo».

En los rodajes el tiempo fluctúa a su ritmo, con sus propias necesidades. Una simple nube en el horizonte, interfiriendo en el encuadre o disminuyendo la luz del espacio de filmación es motivo suficiente para posponer una toma. La meteorología es caprichosa con la voluntad de un rodaje. Sin embargo, no es el único aspecto que ignora la intención de un equipo de rodaje de conseguir una perfecta organización: problemas de iluminación, ajustes de sonido, errores en la continuidad, reposición de maquillaje, necesidad de efectuar pausas, la urgencia de volver a ensayar una vez más, repetir la toma una, dos y tres veces…

Estos contratiempos -o necesidades, según se mire- provocan que los figurantes citados en una localización deban esperar la llegada del resto del equipo. La producción cinematográfica funciona como una cadena en la que cada departamento depende del anterior, de modo que un retraso o una repetición inesperada puede alterar la planificación prevista para toda la jornada. «Estás citado a las seis de la mañana. Llegas al punto de encuentro y no hay nadie. No has llegado ni tarde ni temprano: simplemente la toma anterior debe terminarse o pulirse. Nos amoldamos a las necesidades del proyecto. Como decía antes: es duro, exigente; pero glorioso», sentencia Carlos.

Por su parte, después de todos los esfuerzos depositados y logros profesionales cosechados, Regina lo tiene claro: «¿Quieres formar parte de la figuración de un proyecto? Te encantará, créeme que lo amarás; pero tienes que ser un todoterreno. Tienes que estar preparado para lo que venga. Cada rodaje es un mundo completamente distinto y requiere de todo lo que tienes». En mitad de la conversación recuerda que, al verla, una mujer que trabajaba en el sector le había dicho que no estaba hecha de la pasta requerida. Hizo oídos sordos y a partir de ese instante siempre acudió a los rodajes con el más mínimo detalle preparado: peluquería, vestimenta cómoda, crema solar, gorritos… Ningún elemento, propio o externo, la coge desprevenida.

Durante años, los rodajes han ido salpicando diferentes puntos de Canarias. Desde producciones nacionales como Maspalomas o Bajo un volcán hasta éxitos que han dirigido a su antojo las tendencias cinematográficas como Star Wars o A todo gas. Formar parte de este cosmos de ensueño, de mundos que ilusionan y mantienen en vilo a una multitud de desconocidos sentados en una sala a oscuras es una oportunidad colosal. Y aquí, en casa, en el Archipiélago, es una oportunidad que cada vez más personas se abren a probar.

La recompensa de los figurantes no siempre aparece en los créditos finales. Tampoco se condensa en fama o reconocimiento. Para ellos, el valor reside en formar parte de la construcción de una historia. Durante horas o días, abandonan sus vidas para convertirse en ciudadanos de ciudades inexistentes, pasajeros de trenes que no llevan a ningún lugar o clientes de un restaurante imposible de imaginar. Aquí, la realidad es lo que se reactiva durante los descansos, su cometido es darse a la ficción.

Fotogramas de la serie ‘Hierro’ con extras.

Fotogramas de la serie ‘Hierro’ con extras. / Movistar +

«En Canarias, muchísimos figurantes tienen su trabajo de siempre y además participan en rodajes cuando sus horarios lo permiten», comenta Pulido. «Nunca olvidaré el caso de una mujer que superaba los 80 años. Le ilusionaba formar parte de un rodaje; pero no se atrevía a dar el paso. Pasados unos meses, se requería un perfil como el suyo y, claro, la llamé. ¡Había llegado su oportunidad! ¿Sabes qué ocurrió cuando, contenta por ella, le di el dinero que le correspondía? Que me lo devolvió. Emocionada me dio las gracias al mismo tiempo que insistía en que me quedase el dinero, que su experiencia lo había sido todo para ella. Todo. Es la ilusión del cine en su plena forma.

Tal vez por eso, en Canarias, estamos cada vez más entregados a la figuración cinematográfica. Porque detrás del arte, de la incertidumbre por ser escogidos o escogidas para una filmación, de la exigencia y el esmero personal y profesional, permanece intacta la fascinación por contemplar de cerca cómo el séptimo arte continúa fabricando sueños.

Los nervios de Regina antes de acudir a un rodaje resumen este punto de manera directa. A pesar de albergar años delante de la cámara, sigue sintiendo esa emoción el día antes, esas cosquillas en el estómago que esconden entusiasmo. Puntual y preparada llega al set y allí todo se detiene. Hasta que… ¡Acción!

Y la historia se repite. Al igual que aquellas mujeres que cargaban carbón a finales del siglo XIX en los muelles tinerfeños, frente al tomavistas de los Lumière, personas anónimas pasan a formar parte de una imagen destinada a perdurar más allá de ese instante. A veces durante unos segundos, en ocasiones sin saber que esa escena o toma será desechada. Pero están ahí. Los años pasarán, el cine continuará mutando, y en algún momento indeterminado, alguien se sentará frente a una pantalla y todo cobrará vida. No hay amor más grande

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