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Quevedo explica el verdadero motivo por el que no hace giras en estadios

Quevedo defiende los conciertos en arenas frente a los estadios y explica por qué prefiere no quemar etapas pese al éxito de venta de entradas de su gira en España.

Estadio de Gran Canaria y Quevedo

Estadio de Gran Canaria y Quevedo / La Provincia

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Adolfo Rodríguez

Adolfo Rodríguez

Quevedo podría llenar estadios. Probablemente, esa es la parte menos discutible de toda esta conversación. Lo demuestran los números, las colas virtuales, los sold out y la expectación que acompaña cada movimiento del artista canario desde que convirtió su nombre en uno de los fenómenos más sólidos de la música urbana española. Sin embargo, pese a tener demanda suficiente para jugar en una liga de recintos aún más grandes, el cantante ha querido explicar por qué, de momento, prefiere no dar ese salto de manera definitiva.

Lo hizo en su conversación con Julio Leiva en 'El Buscador', donde habló de fama, felicidad, carrera artística y de esa idea de magia que, en su caso, parece tener más que ver con el tiempo que con la prisa. Preguntado por el motivo por el que no plantea sus giras directamente en estadios, Quevedo fue claro: no existe una gran estrategia oculta ni una explicación demasiado calculada. “Realmente no hay una explicación lógica”, reconoció. Pero, a partir de ahí, sí apareció una razón de fondo: no quiere quemar etapas.

“Es mi tercer disco, tengo 24 años”

El artista lo resumió con una frase que explica mejor que cualquier plan de marketing el momento vital en el que se encuentra: “Es mi tercer disco, tengo 24 años”. Quevedo admite que le apetece hacer estadios y que probablemente llegará ese momento. No lo descarta, no lo rechaza y ni siquiera lo plantea como una cuestión de miedo. Al contrario, asegura que quiere hacerlo.

Pero también entiende que su carrera no tiene por qué acelerarse solo porque el mercado empuje en esa dirección. En un momento en el que muchos artistas convierten el salto a los estadios en una prueba definitiva de estatus, el canario parece mirar su trayectoria desde otro lugar: el de quien prefiere crecer sin convertir cada paso en una carrera contra sí mismo.

La conexión con el público, la clave de su decisión

La clave está en el tipo de conexión que busca con el público. Para Quevedo, los mejores conciertos no siempre son los más masivos. Como fan, explicó, prefiere los shows en arenas antes que los estadios. En esos recintos grandes, pero no descomunales, siente que todavía se conserva una cercanía especial: se ve mejor, se percibe más a la gente y se mantiene una energía compartida que el estadio puede diluir.

“Tú estás más cerca, ves todo más cerca”, explicó durante la entrevista. Para el artista, en una arena todavía existe una conexión más directa con quienes están al otro lado. El estadio, en cambio, puede resultar más impersonal: “Estás viendo una masa real de gente y ya”.

Ese matiz no significa que rechace los estadios. Quevedo insiste en que le atrae la idea y que quiere hacerlo en algún momento. La diferencia está en el cuándo. “Creo que no es el momento”, admitió, antes de recordar que tampoco lleva tanto tiempo girando como para sentir que esa etapa ya está agotada.

Una gira con entradas agotadas y miles de fans esperando

Ese razonamiento llega, además, en pleno contexto de fiebre por sus entradas. Su próxima gira por España, El Baifo Tour, ha vuelto a confirmar que la demanda supera con creces la oferta. El artista ha anunciado conciertos en Madrid y Barcelona para 2027, con varias fechas en recintos como el Movistar Arena y el Palau Sant Jordi, y la venta ha repetido el mismo patrón que ya acompaña sus grandes anuncios: entradas agotadas en cuestión de minutos, nuevas fechas añadidas y miles de fans intentando acceder a la compra al mismo tiempo.

La gira, lejos de plantearse como una gran ruta por estadios, se ha construido sobre recintos de gran aforo, pero todavía dentro de ese formato arena que Quevedo defiende como más humano. Ahí está una de las contradicciones más interesantes del fenómeno: tiene demanda para más, pero no parece querer que la dimensión del proyecto le arrebate el control emocional del directo.

Crecer sin quemar etapas

La pregunta resulta inevitable: si hay demanda para más, ¿por qué no hacerlo más grande? La respuesta de Quevedo pasa por una idea poco habitual en una industria obsesionada con el récord: crecer sin saltarse pasos. El canario viene de años de exposición intensísima, de éxitos globales, de colaboraciones virales y de un regreso muy medido tras un parón que él mismo necesitó para recolocarse.

En ese contexto, elegir arenas no parece una renuncia, sino una forma de proteger el sentido de sus conciertos. También hay algo generacional en esa manera de verlo. Quevedo no habla como quien desprecia los estadios, sino como alguien que sabe que ese símbolo de consagración puede llegar demasiado pronto.

Un estadio multiplica la épica, pero también cambia el lenguaje del directo. Obliga a una escala, a una distancia y a una producción donde el artista deja de mirar caras para enfrentarse a una multitud. Y Quevedo, al menos ahora, parece interesado en seguir reconociendo a su público antes de convertirlo en paisaje.

Quevedo no descarta los estadios

Su caso resulta especialmente llamativo porque ya ha demostrado capacidad para sostener grandes convocatorias. En Gran Canaria, su tierra, el vínculo emocional con el público ha tenido una dimensión casi identitaria. En la Península, cada anuncio dispara la conversación y la frustración de quienes se quedan fuera. La escasez de entradas no ha debilitado el fenómeno: lo ha hecho más evidente.

Por eso, el verdadero motivo por el que Quevedo no hace giras en estadios no tiene que ver con la falta de ambición. Tiene que ver, precisamente, con una ambición más paciente. Quiere llegar, pero no llegar de cualquier manera. Quiere hacer estadios, pero cuando sienta que toca. Quiere seguir creciendo, pero sin perder la conexión que, para él, todavía ocurre mejor en una arena que en una grada infinita.

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