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Comprar o alquilar una vivienda en la costa, un lujo inaccesible para muchos canarios

Tener una segunda residencia en la costa canaria se ha convertido en una quimera para muchos residentes locales

Bloque de apartamentos en una zona costera del Archipiélago.

Bloque de apartamentos en una zona costera del Archipiélago. / Carsten W. Lauritsen

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Santa Cruz de Tenerife

Tener una segunda residencia en una zona costera en la que poder disfrutar de estancias durante el verano ha sido siempre la fantasía de la clase media en Canarias. Quienes podían se hacían con un apartamento o casita en la playa en la que disfrutar de días de descanso, y quienes no, siempre tenían la opción de alquilarla durante un mes o algunas semanas para disfrutar del sol en la época estival. Una fórmula habitual sobre todo para quienes residen en el norte de las islas de mayor relieve y que en el verano intentan huir de una panza de burro que no les deja intuir el sol durante las vacaciones.

Sin embargo, mudarse a la playa aunque sea para unos días se ha convertido en toda una quimera, no solo para la clase trabajadora que siempre soñó con este «pequeño» lujo, sino también para personas más pudientes. Y, sobre todo, para sus descendientes que ven cómo la casa que fue en otra época el caprichito de sus padres queda ahora absolutamente fuera de su alcance.

El motivo no es otro que el encarecimiento del mercado inmobiliario en el Archipiélago. Una región en la que buena parte de sus ciudadanos tienen importantes problemas para acceder a una primera vivienda, cómo para pensar en adquirir después una segunda residencia. Algo que se complica aún más si se tiene en cuenta que las zonas de costa están entre las que han experimentado un ascenso de los precios más vertiginoso. Ascenso que está auspiciado no solo por la demanda de los residentes, sino también de la parte extranjera que ve en estos lugares su lugar perfecto para veranear, ya sea en una vivienda vacacional o en su propia casa en Canarias.

Lujo inaccesible

De manera que adquirir un inmueble en alguno de los municipios idóneos para veranear en Canarias se ha convertido en un lujo inaccesible para muchos. El avance de los precios de las propiedades en las últimas décadas ha estado por encima de las dos cifras. Como ejemplo, los datos recopilados por la tasadora Tinsa by Accumin que evidencian que sin descontar la inflación, el conjunto de la costa española solo se encuentra un 1,2% por debajo del precio medio que se registró en 2008, en pleno pico de la burbuja inmobiliaria. Sin embargo, la situación no es igual en todo el país y en Canarias los precios actuales superan ya en un 30% los alcanzados durante el boom.

Pero lejos de detenerse, el avance continuó impasible en el último año. Solo hace falta analizar los datos de municipios como Arona o Adeje, plazas costeras por excelencia en el sur de Tenerife, donde el coste para adquirir una propiedad se ha incrementado un 5,7% y un 4,8%, rozando en este último los 5.000 euros el metro cuadrado. Pero es que la subida en el Puerto de la Cruz alcanza el 5,7% y en la capital tinerfeña supera el 6%.

En la provincia de Las Palmas, en su capital el coste de adquirir una propiedad ha subido un 6,1% en los últimos doce meses y en otros municipios de Lanzarote y Fuerteventura, como La Oliva y Arrecife, también se supera ese porcentaje.

Municipios de veraneo

Un estudio elaborado por Fotocasa evidencia que la demanda en municipios que han sido tradicionalmente considerados de veraneo ha aumentado mucho en los últimos años, no solo porque siguen siendo un polo de atracción para los que quieren una casa para pasar sus vacaciones, sino porque se han convertido en un lugar en el que muchos quieren establecer su residencia de forma permanente y disfruar de lo bueno de los lugares de vacaciones durante todo el año. Lo que no hace otra cosa que incrementar los precios.

Una presión que, a su vez, hace que suba el coste en otras localidades cercanas que no habían estado hasta ahora en el objetivo. Con el incremento de otros lugares sus propiedades han pasado a ser también objeto de deseo.

En Canarias, por sus particularidades y situación isleña, la diferencia entre municipio de veraneo y residencial no está tan marcada. La mayoría de los municipios del Archipiélago tienen su zona de costa, aunque es cierto que existen algunos con infraestructuras o servicios más enfocados al turismo, el descanso y las vacaciones.

Ni comprar ni alquilar

En el pasado, quienes no tenían una situación económica que les permitiese adquirir una propiedad en la playa, siempre podían arrendarla y, al menos alquilar la sensación de tener una casa en la costa. Un pequeño lujo que ahora se aleja cada vez más. Pasar solo una semana en un apartamento en alguna de las playas de Canarias cuesta entre 775 y 1.100 euros, 80 más que el año pasado. Una subida del 8%, en el que, de nuevo, está siendo catalogado como el verano más caro de la historia.

El coste de los alquileres en los principales municipios turísticos de Canarias no ha parado de subir en los últimos doce meses. Un incremento que se suma al cosechado los años anteriores y que dejan arrendamientos prohibitivos para la inmensa mayoría de quienes podrían alquilarlos. En el municipio tinerfeño de Arona cuestan un 4,8% más que hace solo un año, en Puerto de la Cruz un 10,6% y en Las Palmas de Gran Canaria un 4,1%.

Los factores que lo propician son los mismos una y otra vez, una oferta cada vez más menguante y una demanda acentuada. Si lo que se busca es un alquiler de larga temporada las opciones son cada vez más escasas. La alta rentabilidad que han tenido este tipo de propiedades ha propiciado que buena parte de ellas migren al alquiler vacacional, con unos precios que muchas veces no son asequibles para el bolsillo de los canarios.

Por otro lado, es la demanda extranjera –tanto en la compra como en el alquiler– la que tira hacia arriba de los precios. Con una capacidad adquisitiva que es mayor a la del Archipiélago en la mayoría de los principales mercados emisores, quienes buscan alquilar o comprar una propiedad en estas zonas pueden pagar más que los interesados canarios. Convirtiendo una situación que era habitual antes para muchas familias en una auténtica utopía. De manera que los más jóvenes solo podrán tener su casita en la playa cuando la hereden. Y eso solo quienes tengan la inmensa suerte de hacerlo.

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