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Entrevista | Jorge Dezcallar Diplomático, escritor y ex director del CNI

Jorge Dezcallar, diplomático, escritor y ex director del CNI: "No puede imponerse la autonomía para el Sáhara"

Fue embajador en Rabat y director del CNI cuando se produjeron en Madrid los atentados del 11M. Recela del giro de Sánchez en apoyo a la autonomía saharaui.

El diplomático y exdirector del CNI, Jorge Dezcallar, durante la entrevista.

El diplomático y exdirector del CNI, Jorge Dezcallar, durante la entrevista. / ANDRÉS CRUZ

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Julio Gutiérrez

Julio Gutiérrez

Las Palmas de Gran Canaria

Buen conocedor de la realidad internacional, Jorge Dezcallar participó en los Diálogos para el desarrollo que organizan Bankinter, Solunion y Seidor. Rechaza la ausencia de consenso, primero, y explicaciones, después, en el giro que el Gobierno de Pedro Sánchez ha dado a la tradicional posición de España en el conflicto del Sáhara. Fue embajador en Rabat durante cuatro años y desde su experiencia asegura que con Marruecos no se puede estar cediendo siempre.

¿Qué opinión tiene del giro del Gobierno de España colocándose en las tesis de Marruecos frente a las demandas del Sáhara?

La política exterior debe consensuarse. No depende del inquilino de La Moncloa, sino de los intereses del país. Cuando nos fuimos del Sáhara, tuvimos la inteligencia de colocar nuestra posición bajo el paraguas de Naciones Unidas (ONU). Si decía referéndum, nosotros también; decía acuerdo entre las partes, y nosotros, lo mismo. Ahora, de repente, nos hemos alineado con la postura marroquí de la autonomía, diciendo que es lo más serio, realista y creíble. Hombre, serio es también un referéndum y un acuerdo entre las partes.

¿No le parece seria la autonomía que propugna Rabat?

Puede serlo, pero para que sea creíble tiene que ser aceptada por la otra parte, y eso no sucede hasta ahora. Es realista, porque no se atisba otra fórmula en el horizonte en este momento, pero eso no da validez a lo que ha hecho [Pedro] Sánchez sin encomendarse a nadie, sin el apoyo de ningún grupo en el Congreso, ni siquiera de sus socios de gobierno. Cuando él va a Marruecos, el representante del Partido Nacionalista Vasco señala que ha actuado sin el apoyo de la Cámara. Eso es muy grave, porque te debilita frente al exterior.

¿Ve razón para este giro?

Cambiamos y no sabemos a cambio de qué. Se dijo que se iba a abrir la aduana de Melilla y una en Ceuta, y nada de eso ha ocurrido. La realidad es que hoy existe una asfixia de Marruecos sobre ambas ciudades autónomas. Soy partidario de esa buena cooperación con Marruecos, creo que a España le irá bien si a Marruecos le va bien. Nos interesa una economía marroquí desarrollada, una sociedad estable, un amigo político, pero eso no puede depender de ceder siempre.

"Marruecos es un país al que hay que tratar con mucho cariño, pero también con mucha firmeza"

¿No nos ha enseñado la historia reciente que en el caso de Marruecos, o cedes, o atente a las consecuencias?

Eso no es aceptable de ninguna manera. Marruecos es un país al que hay que tratar con mucho cariño, claro que sí, pero también con mucha firmeza; la misma con la que tenemos que defender nuestras posiciones. Como le digo, no se puede ceder de continuo, pero sobre todo no puede hacerse con los principios. Si España, o el Gobierno actual, decide decantarse por la propuesta de autonomía para el Sáhara, lo que tiene que hacer es trabajar con el Frente Polisario para que la acepte también, porque puede ser una opción realista, pero no se puede imponer.

¿Se parece a lo que ocurre en Oriente Medio?

En esto sí. Las soluciones que no se acuerdan tapan, maquillan, pero no solucionan. No habrá seguridad para Israel sin justicia para los palestinos y en el Sáhara pasará lo mismo, no habrá solución sin justicia para los saharauis.

Trump, Putin... ¿Qué impacto tienen estos personajes en todo lo que tenía aprendido?

Los últimos cuatro o cinco años han visto más cambios que los cuarenta anteriores. Estamos en el fin de una era geopolítica. Las guerras de Ucrania e Irán están relacionadas y tienen que ver con el fin del orden geopolítico que se inició en las conferencias de Bretton Woods y San Francisco del final de la Segunda Guerra Mundial. Aquello nos ha dado 80 años de paz, de seguridad, de desarrollo económico, de avance de las clases medias, de afianzamiento de la democracia... Todo esto se está yendo al garete como consecuencia del empuje de tres fuerzas convergentes.

¿Que son?

La primera es una aceleración de la historia en cuyo origen están la revolución tecnológica, la robotización, la revolución digital o la inteligencia artificial, que es quizá lo que más va a cambiar nuestras vidas; similar a lo que sucedió con la electricidad. Y eso ocurre mientras se produce una revolución demográfica brutal; la población del mundo desde 1945 hasta ahora se ha triplicado. En segundo lugar, una serie de países, con China a la cabeza, hace tiempo que quieren reformar el orden existente. En su opinión, no tiene sentido que ellos, con una parte del PIB mundial muy similar a la de Europa –en torno al 18%– tengan el 6% de los votos en el Fondo Monetario Internacional y nosotros, el 26%. Tampoco entienden que la India no esté en el Consejo de Seguridad de la ONU siendo potencia nuclear, ni comprenden la completa ausencia de países africanos. Además, quieren cambiar también los valores occidentales producto de la filosofía griega, el derecho romano y el humanismo cristiano.

"No habrá seguridad para Israel sin justicia para los palestinos ni solución en el Sáhara sin los saharauis"

¿En qué sentido?

Para ellos cabe preguntarse por qué es más importante el individuo que el colectivo o por qué lo es más la democracia que la meritocracia. Hoy sería imposible aprobar por consenso la Declaración Universal de Derechos Humanos. En 1948 el mundo era mucho más homogéneo que ahora.

Aceleración de la historia y deseo de cambio de los países menos favorecidos en el actual reparto. ¿Cuál es la tercera fuerza?

Donald Trump. EEUU ha sido el principal creador y mantenedor de este orden, pero él ha decidido que le perjudica y que permite a otros países aprovecharse del suyo. A partir de ahí, entiende la política como un juego de suma cero. No cree en organizaciones internacionales, ha sacado a EEUU de 66 de la ONU, y defiende el Make America Great Again (MAGA), que es todo lo que haga a EEUU más fuerte, más próspero y más seguro, y los demás que se arreglen. Esta combinación de elementos hace que vayamos a un mundo multipolar dirigido por dos grandes hegemones, seguramente EEUU y China, con papeles secundarios para Rusia, que es potencia nuclear pero tiene un PIB muy pequeño; Europa, que tiene un PIB muy importante, pero es incapaz de hablar con una sola voz, y otros países grandes como India, Sudáfrica o Brasil... Va a ser un mundo incómodo a corto plazo.

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