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Angie Vásquez, la arquitectura convertida en bolso

Desde Lanzarote, la artesana defiende la edición limitada y la calidad de los materiales frente a la moda efímera

Angie Vázquez, fundadora de la empresa que lleva su nombre.

Angie Vázquez, fundadora de la empresa que lleva su nombre. / LP/DLP

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Irene Mederos

Irene Mederos

Las Palmas de Gran Canaria

Hay trayectorias que no avanzan en línea recta, sino a través de búsquedas, cambios de país, aprendizajes y hallazgos inesperados. La de Angie Vásquez es una de ellas. Venezolana de origen, arquitecta de formación, artista por vocación y artesana por decisión, ha encontrado en Lanzarote el lugar desde el que construir una marca que lleva su nombre y también su manera de entender la belleza, con estructura, sensibilidad, oficio y tiempo.

Angie Vásquez nació como un proyecto personal, pero también como una forma de resistencia frente a lo efímero. Cada bolso que sale de su taller responde a una idea clara: defender lo hecho a mano, la edición limitada, la calidad de los materiales y la autenticidad de una pieza pensada para durar. «Cada bolso que creo es parte de mí», resume la diseñadora, que ha convertido la marroquinería en el lenguaje donde confluyen sus distintas etapas de la vida.

Antes de llegar a los bolsos, Angie estudió Arquitectura en la Universidad del Táchira, en Venezuela, y se especializó en construcción. Durante años diseñó espacios desde el equilibrio, la proporción y la funcionalidad. Esa mirada técnica sigue presente en su trabajo.

Su llegada a España estuvo marcada, «como la de muchos venezolanos, por la necesidad de empezar de nuevo», explica. No pudo traer consigo títulos ni certificaciones, pero sí una formación interior difícil de perder. La pintura, la escultura y el trabajo manual habían estado siempre presentes en su vida. La marroquinería apareció después, casi por azar, en Madrid, cuando un amigo la invitó a conocer su taller. Allí descubrió el que sería su oficio actual.

«Siempre me ha gustado la moda, pero la veía muy general hasta que me enfoqué en los bolsos», subraya. En ellos encontró un accesorio capaz de transformar un conjunto entero. Por eso, sus diseños suelen partir de formatos pequeños, de mano, concebidos como piezas que elevan un look sin perder funcionalidad. Antes de lanzar un modelo, ella misma lo prueba. Lo usa, comprueba el tamaño, la forma, la comodidad y la utilidad. Solo cuando siente que funciona, lo incorpora a su marca. Desde su taller en Lanzarote, Angie diseña y elabora sus bolsos de manera artesanal. El proceso ha evolucionado con el tiempo. Al principio cortaba, cosía y remataba cada pieza prácticamente a mano. Un bolso podía llevarle tres, cuatro o incluso cinco días. Si no la convencía, lo dejaba apartado y volvía a empezar. Con esfuerzo, ayudas vinculadas a la artesanía y una inversión progresiva en maquinaria, ha ido ampliando su taller y reduciendo tiempos sin renunciar al control de cada fase.

Ese control es, precisamente, una de las señas de identidad de su proyecto. Angie diseña, elige materiales, produce, vende, atiende al cliente y gestiona la marca. «Hago todos los departamentos», reconoce. Esa realidad define la etapa actual de muchas firmas artesanales: proyectos pequeños, con una fuerte identidad, pero sostenidos por una enorme carga de trabajo invisible. En su caso, esa dedicación se traduce en una producción limitada y cuidada, alejada de la lógica del consumo rápido.

Sus proveedores están en la Península, principalmente en Alicante y Madrid, donde trabaja con curtidoras y firmas nacionales certificadas. En Canarias, lamenta, resulta difícil encontrar materiales específicos para marroquinería, por lo que trae los componentes de fuera para trabajarlos después en Lanzarote. Actualmente cuenta con puntos de venta físicos en hoteles de su isla. También participa en eventos y mercados, donde el contacto directo con el público le permite explicar la historia de cada bolso. Aun así, sus diseños no se limitan a una edad concreta: gustan tanto a mujeres jóvenes como a clientas maduras, porque responden más al gusto y a la sensibilidad que a una franja generacional.

Internacionalización

La participación en acciones impulsadas por la empresa pública de Proexca ha supuesto para Angie una vía de visibilidad y credibilidad. Uno de los hitos recientes fue su colaboración en una propuesta vinculada al diseñador Juan Lucero, junto a otros creadores canarios. La experiencia le permitió trabajar bajo una dirección creativa mayor, aportar sus bolsos a una colección y comprobar cómo sus piezas podían dialogar con otros lenguajes de moda. Para ella fue un reto y también una confirmación de que su marca puede crecer sin perder identidad. Ese crecimiento es ahora su principal objetivo. Angie aspira a ampliar la capacidad de su taller, consolidar una producción más organizada y reforzar la presencia de la firma fuera de Lanzarote.

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