Julieta Schallenberg: «Bendito ‘lavado de imagen’ si nos reporta un beneficio a todos»
«Queremos tener nuestro propio catálogo de reforestación para incluir arbustivas como la tabaiba», afirma la viceconsejera de Transición Ecológica, Lucha contra el Cambio Climático y Energía del Gobierno de Canarias

La viceconsejera canaria de Transición Ecológica, Lucha contra el Cambio Climático y Energía, Julieta Schallenberg. / La Provincia
Canarias ultima la puesta en marcha su registro de huella de carbono, en el que, además, de confesar cuánto contaminan, las empresas tendrán la oportunidad de compensar esa nocividad mediante proyectos para la regeneración de espacios. Carente de los latifundios a reforestar que existen en el continente, las Islas, señala Julieta Schallenberg, tienen que echar mano a la imaginación e incluir en el catálogo de compensaciones actuaciones como reducir la pérdida de agua o la recuperación de los barrancos.
¿Cuándo estará disponible el registro canario de huella de carbono?
Nuestra idea es que esté operativo el año que viene.
¿Qué estructura tendrá?
La misma que tiene el del Ministerio [para la Transición Ecológica y Reto Demográfico]. Es que todos tienen la misma. Simplemente registras la huella de carbono de tu actividad, aunque sí es verdad que en el caso de Canarias también será posible hacerlo de un evento concreto; esa es una novedad. Digo con respecto al estatal, porque es algo que sí contemplan registros de ámbito más local como el de Santa Lucía de Tirajana, que fue de los primeros de España en abrir. Ahora bien, una cosa es el registro, pero hay otra parte vital, que es en la que se aportan proyectos de compensación de emisiones de dióxido de carbono (CO2).
¿Cómo funciona?
Se inscribe un proyecto y, si cumple con lo que señala, se pone en marcha y recibe el correspondiente certificado de CO2. Quien lo ha presentado se marcha con un documento que garantiza que realmente ha compensado sus emisiones con el proyecto que ha puesto en marcha.
¿Qué caracteriza al modelo canario que ultiman?
En todos los niveles, estatal, local, incluso europeo, lo que existe hasta el momento son proyectos de absorción de CO2 a través de la reforestación. Lo que estamos planteando nosotros, que es muy novedoso, es hacer nuestro propio reglamento de reforestación, porque el nacional no se adapta al que necesitamos en Canarias.
¿En qué sentido?
Queremos meter las arbustivas, nuestras plantas autóctonas; por ejemplo, la tabaiba. Que no solo sean posibles los proyectos que proponen plantar árboles. Eso por una parte, y por otra, el tamaño. En el caso del registro nacional, solo cuentan las fincas que son muy grandes, de muchas hectáreas, y nosotros no las tenemos. Aparte de estas adaptaciones a nuestra realidad, que ya constituyen de por sí una novedad importante, abrimos un espectro todavía más novedoso, como es la entrada de proyectos que no son reforestaciones al uso, sino regeneraciones o recuperaciones. Por poner un ejemplo sencillo, recuperar un barranco que está lleno de plantas invasoras, eliminarlas y repoblarlo con autóctonas. Y no vamos a pararnos ahí, tenemos mucha más ambición e ir a proyectos que, dentro de la compensación del CO2, sean muy novedosos.
¿Por ejemplo?
Todo lo que entre dentro de la idea de recuperar nuestro paisaje. Ese concepto es amplio y abre mucho el abanico de posibilidades. Si un refugio climático urbano absorbe CO2, planteamos que se pueda certificar, y eso nos convierte en pioneros a nivel mundial. Carecemos de grandes latifundios para reforestar, por lo que debemos buscar otros mecanismos. Pero es que, además, es lógico. Pensemos en un ayuntamiento que decide instalar ese refugio climático del que hablamos. Es muy posible que con la compensación del CO2 certificado pueda financiar su mantenimiento. Es decir, buscamos también posibilidades de financiación para proyectos que sean pioneros en Canarias.
¿Esto va en detrimento de las actuaciones para reducir emisiones en otros ámbitos?
Por supuesto que no. No tendría ningún sentido. Lo más inmediato es transformar el sistema energético, porque el actual es responsable del 88% de las emisiones en Canarias, que suma al año entre 10 y 14 millones de toneladas de CO2. Más de la mitad de ellas derivan del turismo y, como le digo, el 88% global se genera en torno a la producción y utilización de energía, lo que no deja duda a la hora de determinar dónde hay que actuar en primer lugar.
¿De dónde procede el 12% restante?
Entre el 12% y el 14%, dejémoslo ahí porque dependiendo del año hay variaciones. Un 8% se genera por los residuos, por los vertederos, con lo que otro ámbito de actuación es la valorización energética. No puedo decir que con una planta que tenga unos filtros potentes lleguen a cero las emisiones de metano, que sería posible, pero quizá la inversión no esté en sintonía con el nivel de residuos de las Islas, pero sí podrían dejarse por debajo del 1%. Esa sería una reducción significativa. Se pueden hacer muchas cosas para atajar el problema y nuestra idea es buscar sistemas de compensación que de alguna forma contemplen cosas que no son las típicas. Otro ejemplo, el ciclo integral del agua.
«Contamos con la posibilidad de dar entrada a regeneraciones o recuperaciones de espacios como los barrancos»
¿De qué manera?
La mitad del agua desalada que se consume en la comunidad autónoma se pierde en la distribución y eso puede cuantificarse en CO2. Si sabemos, y lo sabemos, cuánta energía nos cuesta producir esa agua, planteamos que se pueda certificar como un proyecto para compensar emisiones una reforma integral para evitar las fugas. Damos entrada a cuestiones a veces más tecnológicas o puramente de regeneración y recuperación de nuestro paisaje. ¿Zonas verdes? Claro que sí, pero no nos limitemos solo a eso. Incluso estamos mirando cómo podría incrementarse la absorción del CO2 del mar que nos rodea. Las vías que se abren son múltiples, pero, insisto, lo primero que debemos hacer es transformar el sistema energético y eliminar los vertederos.
¿Qué pasos están dando? Por ejemplo para la inclusión de las especies vegetales canarias.
Estamos en ello, trabajando con las universidades. Sabemos que un pino canario absorbe las emisiones de diez coches en un año, pero desconocemos esa curva de absorción para otras especies vegetales. Y vuelvo a decir que siempre hay que mirar desde todos los ángulos, porque lo mejor sería reducir el número de coches, sustituirlos por eléctricos, incrementar el volumen de usuarios del transporte colectivo... Hay que actuar en global.
¿Cuándo estará operativo el registro canario?
Se aprueba en breve y esperamos tenerlo operativo el año que viene, para así certificar las huellas de carbono de este 2025 y recibir los primeros proyectos de absorción. Poco a poco, porque en paralelo tenemos que ir desarrollando los reglamentos. El primero que va a salir es el de la reforestación con las especificidades que le comentaba, flora local y menor tamaño de las parcelas a reforestar o recuperar. A partir de ahí se irán certificando metodologías y la idea es empezar a hacer proyectos pilotos.
¿Algún avance en esto último?
Ya manejamos algún convenio para empezar a certificar proyectos de recuperación de barrancos. Lo esencial es certificar metodologías, dejar claras las reglas del juego. Cuando todo esto esté claro, se irán incorporando metodologías de proyectos. Hablo de proyectos pilotos. A nivel general, se basa en reforestación, otra cosa es que pueda haber proyectos pilotos más innovadores.
¿Han pulsado el interés que tienen las empresas para lavar su imagen de este modo?
Evidentemente. Y mire, lavar su imagen, pues no tanto porque van a invertir, se va a sustanciar todo en algo objetivo que nos beneficia a todos, bendito lavado de imagen. Además, en el espíritu de la ley se contempla que una vez que las empresas miden su huella, lo primero que deben hacer después es intentar reducirla. Compensar es el siguiente paso, no es una carta blanca para que contaminen lo mismo o más.
Hay empresas que por mucho que lo intenten van a seguir emitiendo gases nocivos.
Es verdad. Al menos durante el tiempo que tarde la tecnología en permitirles una reducción. Mientras tanto, claro que está en el interés de todas ellas compensar, son las primeras interesadas.
¿Aerolíneas, por ejemplo?
Tenemos varios nichos que tienen que ver con el transporte que son intensivos en emisiones. Y, como le decía antes, la mitad de las emisiones que se producen en Canarias derivan de forma directa o indirecta del sector turístico, por lo que también se ha realizado ese trabajo previo con el sector para incentivar el interés de las empresas por los proyectos de regeneración canaria.
¿Podrían venir empresas que operan en otros territorios, que contaminan en otro lugar?
La condición es que el proyecto que desarrollen para compensar se sitúe en Canarias. Las que no se puede meter para compensar son las empresas que ya están dentro del mercado de emisiones. Esas no, porque no lo permite la ley y hablamos del ámbito europeo. No pueden utilizar los registros para compensar, sino que tienen que reducir ellos sus emisiones.
«Evitar la pérdida de agua en la distribución debe tratarse como un proyecto para compensar emisiones»
¿En qué medida limita eso el éxito de la iniciativa?
Nuestro planteamiento es explotar el potencial de empresas que operan aquí aunque tengan sus sedes en otros lugares. Tienen una imagen aquí y quieren compensar aquí porque en ello va también parte de su prestigio. Veo difícil que una compañía que opera en otro lugar venga a desarrollar un proyecto de compensación aquí, aunque no estamos cerrados, podría ocurrir, pero el proyecto, evidentemente, tiene que desarrollarse en el Archipiélago. Probablemente les va a salir mejor implantar el proyecto en un latifundio de Andalucía. Vamos sobre todo, a empresas e instituciones que no podrían compensar en ningún otro sitio. Creo que vamos a ser multicopiados a posteriori porque estamos ante una iniciativa que no tiene parangón en todo el mundo.
¿También el sector público puede compensar?
Claro. Es que nos parece un mecanismo muy interesante para ayuntamientos, por ejemplo, no pensemos solamente en empresas. Lo que le decía de un municipio que quiere hacer un refugio climático, un gran parque. Se consigue la inversión, y con la venta de los certificados que obtiene, pensamos que puede garantizar el plan de mantenimiento. Tiene ese interés también casi social.
¿Qué tienen que hacer ustedes para que eso sea posible?
Ser capaces de crear una metodología que sirva para certificar las absorciones de CO2 de ese refugio climático, de ese gran parque urbano. Ahí es donde nosotros estamos enfocados, en intentar proyectos para la tierra. Pensando en el que opera aquí.
«Si un refugio climático urbano permite absorber CO2, planteamos que también se pueda certificar»
¿Cómo se reparte el desarrollo entre las consejerías?
Se firmó un protocolo inicial y en base a él se está desarrollando un programa de trabajo que está liderando Turismo. Nosotros ponemos los proyectos, la definición de los que pueden entrar a compensar a través del registro. Existe un comité para ello y en él se van a involucrar Turismo y Hacienda, porque se quiere ir a un esquema en el cual esas empresas turísticas que puedan tener interés en desarrollar proyectos que les permitan compensar tengan todo claro.
Desde fuera parece sencillo.
Se mezclan varias cosas. Puede ser que una empresa turística vaya a un proyecto de regeneración y esté más interesada en créditos de la naturaleza, que es una figura que ha puesto sobre la mesa la Comisión Europea pero aún no se ha desarrollado. Esto lo está haciendo nuestro departamento de biodiversidad, es el que está elaborando las propuestas, pero todavía está bastante verde. Puede haber empresas interesadas en este tipo de proyectos que no necesariamente vayan al registro a compensar CO2 y otras que aspiren a las dos cosas, todo eso es lo que se tiene que articular con precisión.
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