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¡Candela y ruido!

El regreso del Eólica

Bernard Habis, creador de un festival diferente, conversa sobre la vuelta de la mítica cita

Bernard Habis, creador del festival Eólica.

Bernard Habis, creador del festival Eólica. / La Provincia

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Job Ledesma

Un festival pensado en lo sostenible en un paraje alejado y diferente. En estos tiempos es algo que suena hasta habitual, pero en 2003 era una verdadera locura. Así nació Eólica, en un paraje como el ITER de Granadilla, y así regresa este año tras su cierre algo triste en 2011. Charlamos con su ideador, Bernard Habis, sobre este retorno.

¿Qué le lleva a recuperar en 2026 el Eólica?

La razón principal es que hoy podemos hacerlo de la mano de New Event. Eólica siempre ha sido un proyecto muy ambicioso, con una identidad propia y unos valores muy claros, y para afrontar esta nueva etapa necesitábamos un socio que compartiera esa visión y que aportara la capacidad de producción. A partir de ahí, también existen una razón emocional y una razón de fondo. La emocional es que Eólica nunca desapareció del todo. Durante todos estos años ha seguido muy presente, tanto en mi memoria como en la de miles de personas que vivieron aquellas ediciones. Y luego está la razón de fondo, quizá la más importante. En cierto modo, el mundo ha terminado llegando a Eólica. Cuando en 2003 planteábamos un festival ligado a la sostenibilidad y a las energías renovables, era una propuesta pionera que muchos veían con curiosidad. Hoy la situación es completamente distinta. La emergencia climática es una realidad incuestionable, el ITER se ha consolidado como un referente internacional en energías renovables.

¿Cómo ha cambiado el mundo de la producción de los festivales en este regreso?

Ha cambiado absolutamente todo, y para bien en muchos aspectos. La profesionalización del sector es enorme comparada con lo que había en 2003. Existen protocolos, empresas especializadas, tecnología que entonces ni soñábamos. Pero también hay cosas que se han complicado. Los cachés de los artistas se han disparado, la competencia entre festivales es feroz, y el público es mucho más exigente. Ya no basta con tener un buen cartel, tienes que ofrecer una experiencia completa. En ese sentido, volvemos con los deberes hechos.

«El festival nunca desapareció del todo. Durante todos estos años ha seguido muy presente, tanto en mi memoria como en la de miles de personas que vivieron aquellas ediciones»

¿Es Eólica una apuesta porque algo tan aparentemente poco sostenible como un festival de música podía tener otra lectura?

Totalmente. Eólica nació de esa convicción: que un festival podía ser una herramienta de concienciación y no solo de entretenimiento. Un festival consume energía, genera residuos, moviliza a miles de personas. Si haces eso sin plantearte el impacto, estás siendo irresponsable. Nosotros quisimos demostrar que se podía hacer de otra manera, que podías usar energías renovables para alimentar el escenario, que podías minimizar los residuos, que podías compensar la huella de carbono. Y cuando cerramos Eólica me di cuenta de que había un mercado enorme para ese conocimiento. Muchos festivales y eventos querían ser más sostenibles, pero no sabían por dónde empezar. Eslógica (su empresa de asesoría para eventos sostenibles) nació de ahí, de poner ese saber al servicio de otros.

Aquellos que fuimos a algunas de las nueve ediciones originales, ¿qué nos vamos a encontrar de diferente este año?

Vais a reconocerlo enseguida, porque ese espíritu que hacía que Eólica fuera diferente sigue intacto. El paisaje del ITER, los molinos girando, esa sensación de bailar en un lugar que parece de otro mundo... eso no ha cambiado. Y el que lo vivió lo lleva dentro. Pero sí, el festival ha madurado. La producción es más sólida, la experiencia está más cuidada en cada detalle y, además, el compromiso medioambiental es más profundo y visible que nunca. Y para los que no vivieron aquellas ediciones... bueno, lo siento, pero no saben lo que se perdieron. Aunque ahora tienen la oportunidad de entender por qué los que sí estuvimos hablamos de Eólica con esa luz en los ojos. Porque hay pocas cosas como bailar bajo los molinos. Hay que vivirlo.

Javier Carballo

Javier Carballo / La Provincia

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¿Javier Carballo es un DJ de…?

Soy un DJ/productor de música electrónica de baile underground, aunque ya no me gusta usar tanto esta palabra porque ha perdido mucho sentido. Digamos que soy un DJ de música electrónica avant-garde.

¿Por qué se hizo DJ?

No sé realmente. Cuando me di cuenta ya lo era. Me encantaba la música con 12 años, todo lo que fuese electrónica, y poco a poco fui consiguiendo primero un tocadiscos, después un mezclador y orgánicamente fui hacia una carrera que nunca me imaginé.

Si le dijeran: ‘pon lo que quieras y lo que te gusta’ en cualquier sesión, ¿qué pincharía?

Pues básicamente es lo que hago cada fin de semana en mis actuaciones en festivales y clubes; me invitan para que me exprese libremente.

¿Una música, canción o artista que pueda ser su placer culpable?

Cualquiera de Michael Jackson.

¿Cuál es la petición más absurda que le han hecho cuando pincha?

Ya intentar hacerme una petición es un absurdo en sí, jajaja. No doy la oportunidad.

Y quitando peticiones raras, ¿cuál es la situación más loca que ha vivido en una cabina?

Han pasado muchas cosas pero creo que la más loca y bizarra fue una redada de la policía federal de México en un club de Ciudad Juárez. Andaban buscando a alguien y habían dicho que estaba en el club. Fue el rato más raro y desconcertante que he vivido.

Los DJ estamos llenos de tics. ¿Tiene alguna manía o algún gesto raro cuando pincha?

Pues creo que mover el cuello. Hay un rato que, de la tensión y los nervios, no paro de moverlo y parece que me dan pequeños calambres.

Los DJ somos unos flipados de la música. ¿Cuál es la mayor locura que ha hecho por su culpa?

Mi mayor locura fue irme a vivir a Berlín para poder estar cerca de mis referentes, sin dinero y sin casa (risas).

Quitando la música y pinchar, ¿cuáles son sus pasiones ocultas?

Me encanta la playa y hacer música en el estudio, más que trabajo, es como una terapia, me evado del mundo y me sienta genial.

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