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Revolución de influencers senior en las redes: la veteranía canaria conquista el algoritmo de Instagram y TikTok

Loly González y Rosa Blanco forman parte de las 200 personas que han dejado atrás el temor a lo desconocido para compartir su realidad desde los Centros de Día. Mediante el uso de trípodes y micrófonos, el proyecto 'Influseniors' de Bienestar Social busca erradicar el aislamiento y otorgar protagonismo a quienes aún tienen mucho que contar

Rosa Blanco y Loly González, en el Centro Isidro Rodriguez Castro de Tenerife.

Rosa Blanco y Loly González, en el Centro Isidro Rodriguez Castro de Tenerife. / María Pisaca

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María Alfonso Rodríguez

María Alfonso Rodríguez

Las Palmas de Gran Canaria

Hubo un tiempo en el que la inmediatez se medía en el rítmico golpeteo de una máquina de escribir conectada a la distancia. Loly González, de 84 años, lo recuerda con la nitidez de quien conserva un tesoro en la memoria: «Era un aparato que se llamaba teletipo: una máquina de escribir en la que es como si estuvieras escribiendo un WhatsApp, pero a través del teclado de la máquina».

Por aquel entonces, González era una joven mecanógrafa y taquígrafa que transcribía signos y caligrafía para una gran constructora. Hoy, siete décadas después, ya no necesita cintas de tinta ni papel continuo para conectar con el mundo. Ahora, gracias al proyecto Influsenior, ha descubierto que la tecnología no es una barrera infranqueable, sino «abrir una ventana para ver amanecer».

En Canarias, la Dirección General de Mayores y Participación Activa ha puesto en marcha una iniciativa pionera que ha formado a 200 personas de los siete Centros de Día de Mayores del Archipiélago. El objetivo es combatir la soledad no deseada y demostrar que su voz y su experiencia siguen siendo valiosas en la sociedad actual. A través del Plan Maresía, los mayores han cambiado los miedos por aros de luz, micrófonos y trípodes.

Rosa Blanco y Loly González, en el Centro Isidro Rodriguez Castro de Tenerife.

Rosa Blanco y Loly González, en el Centro Isidro Rodriguez Castro de Tenerife. / María Pisaca

Ejemplo de transformación

Rosa Blanco, de 71 años, es el vivo ejemplo de esta transformación. Se define como una mujer introvertida a la que le costaba hablar en público, pero el proyecto le ha dado una nueva perspectiva. «Aprendí a expresarme un poco mejor, porque no estás acostumbrada a hablar con una máquina. Aprendí a mirar a la cámara para poder dirigirme a la familia, a los nietos... que no sea solo a través del teléfono». Para ella, el teléfono ya no es solo ese aparato para recibir llamadas o sacar fotos mediocres; ahora es una herramienta creativa con la que hace collages, encuadres y edita vídeos de sus entrenamientos de Al Golpito, el fútbol caminando que practica con pasión.

Blanco vive sola la mayor parte del año, ya que su familia reside en la Península. Antes, cuando les contaba que jugaba al fútbol, sus hijos se asustaban: «¿Cómo va a ser? ¡A ver si te vas a lesionar!». Ahora, su respuesta es empoderada: «¡Búscame en las redes y verás!». Al verla en Instagram o Facebook participando en las Neurolimpiadas, donde su equipo quedó segundo en Tenerife, sus hijos y nietos descubren a una mujer que no se queda en casa esperando a que pase el tiempo. «Yo me levanto por la mañana y digo: pues hoy es lunes, hoy me toca tal cosa. Como le digo yo a mis nietos: me voy al cole», comparte entre risas.

Una manera de acercarse más al resto del mundo

La historia de Loly González es, si cabe, aún más poliédrica. Escritora de cinco libros —uno de ellos traducido al braille—, soprano en la coral universitaria durante diez años, guía del museo desde hace un cuarto de siglo y voluntaria en paliativos y oncología durante décadas. Para ella, el proyecto Influsenior ha sido el «broche de oro» a una carrera de aprendizaje autodidacta. Gracias a las videoconferencias, puede sentir cerca a su hijo que vive en Yakarta, y a través de las redes sociales, comparte la belleza de los rincones de Anaga con personas que, como ella, no sabían que tales paisajes existían.

En medio de algunas sombras y duras vivencias, la formación digital se convierte para González en un refugio de ilusión. Recuerda con orgullo cómo los mayores enseñaron informática y a redactar currículos a jóvenes que estaban a punto de salir de prisión: «Fue una experiencia para mí enriquecedora, desde el punto de vista social y desde el punto de vista personal».

Rosa Blanco y Loly González, en el Centro Isidro Rodriguez Castro de Tenerife.

Rosa Blanco y Loly González, en el Centro Isidro Rodriguez Castro de Tenerife. / María Pisaca

Formación contra estafas

El proyecto no solo les enseña a usar TikTok o Instagram; les otorga independencia. Blanco ya no quiere depender de que su hijo o el empleado del banco le solucionen los trámites. «Lo que no se conoce da miedo, pero luego parece todo tan sencillo que dices: pero por Dios, ¿cómo pensaba antes que esto era tan difícil?». Han aprendido a identificar las llamadas spam y las estafas, protegiéndose en un mundo digital que a menudo intenta aprovecharse de su supuesta vulnerabilidad.

La tecnología en manos de estos influseniors se convierte en un acto de rebeldía contra el edadismo. «Hay gente que piensa que ya no servimos para nada. Eso no es verdad, el que diga eso se equivoca», sentencia González con la firmeza de quien ha recibido el Premio a la Solidaridad de Tenerife en 2024. El aprendizaje es continuo: desde saber proyectar la luz en un vídeo hasta participar en chats directos para coordinar las visitas al museo.

Influsenior ha demostrado que nunca es tarde para soltar la vergüenza y apretar el botón de grabar. Porque, como cuenta Blanco, «nos estamos aislando nosotros mismos no queriendo entrar o aprender esto», y el antídoto es esa ventana abierta que mencionaba González. Una ventana que no solo les permite ver el mundo, sino que permite que el mundo, por fin, les vea a ellos, con toda su luz y su sabiduría intactas. Con esta iniciativa, los mayores no solo están conectados; están más vivos que nunca, recordándonos que la curiosidad no tiene fecha de caducidad y que cada nuevo conocimiento es, en esencia, un nuevo amanecer.

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