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El grito de 'El silencio de los olvidados': El desgarrador relato árabe que humaniza la guerra

Esta producción del IES Faro de Maspalomas conquista el Gran Premio Cinedfest tras meses de investigación documental sobre la tragedia palestina. La obra, actualmente en distribución internacional, busca romper la indiferencia colectiva devolviendo el rostro a las víctimas civiles invisibilizadas

De izquierda a derecha, Nayla Santana Kokaly, Sumati Tekchandani Paryani y Mina Aiad Azaghbib en la gala de premios del Cinedfest.

De izquierda a derecha, Nayla Santana Kokaly, Sumati Tekchandani Paryani y Mina Aiad Azaghbib en la gala de premios del Cinedfest. / La Provincia

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María Alfonso Rodríguez

María Alfonso Rodríguez

Las Palmas de Gran Canaria

El panorama cinematográfico de Canarias se rindió el viernes 26 de junio ante el talento de un grupo de jóvenes del sur de Gran Canaria. El cortometraje El silencio de los olvidados, nacido en las aulas del IES Faro de Maspalomas, se alzó con el Gran Premio de la 13ª edición del Cinedfest, el máximo galardón del certamen, celebrado el 18 de junio en Tenerife.

La pieza también obtuvo el Premio Cine Social y el reconocimiento a mejor actriz para su protagonista, Mina Aiad Azaghbib. Lo que comenzó como un proyecto de bachillerato es hoy un fenómeno de concienciación en plena distribución internacional.

Rodaje de 'El silencio de los olvidados'.

Rodaje de 'El silencio de los olvidados'. / La Provincia

Meses de investigación

Detrás del metraje existe un trabajo extenuante que arrancó mucho antes de encender las cámaras. Sumati Tekchandani Paryani, directora de 17 años, explica que la idea nació de un largo periodo de indagación iniciado en septiembre. Según relata, el equipo priorizó la profundidad del mensaje: «Fue un periodo largo de investigación, de buscar información, hasta que llegamos a esa conclusión de, vamos a trabajar este tema que es muy potente».

Para Sumati, el reto intelectual superó al técnico, pues lo más complejo fue «sacar la idea y meterlo en un pequeño relato que se reduzca a un pequeño guion». La joven cineasta reflexiona sobre cómo la sociedad se deja llevar por las corrientes informativas sin analizar la realidad humana de los conflictos: «Estamos perdiendo la habilidad de reflexionar por nosotros mismos».

Para ella, el cine no es solo entretenimiento, sino una vía para evitar que nos manipulen y olvidar que tras las noticias «hay familias, hay personas y hay historias».

El alma del corto reside en Mina Aiad Azaghbib, cuya victoria como mejor actriz fue «totalmente inesperado». Mina, estudiante de Educación Social que realizaba sus prácticas en el instituto, aceptó el papel porque la temática le «toca mucho la fibra».

Rodaje de 'El silencio de los olvidados'.

Rodaje de 'El silencio de los olvidados'. / La Provincia

Identidad y raíces

A pesar de la carga académica de su Trabajo de Fin de Grado, se volcó en un personaje que le exigió una entrega emocional inédita. «Yo no sabía de mis registros faciales, no sabía de todas esas cosas tan técnicas», confiesa la actriz, quien descubrió en el set capacidades interpretativas que calificó de «revelador».

Su interpretación buscaba «humanizarlo, acercarlo al espectador» para que el conflicto no se viera como algo lejano. Mina describe el proceso como una vía de escape personal: «Mi frase durante este periodo del corto ha sido convertir el dolor en arte».

La autenticidad de la obra se refuerza con Nayla Santana Kokaly, responsable de la voz en off en árabe. Nayla, de madre palestina, sintió una conexión inmediata con el proyecto. El proceso de grabación conllevó una búsqueda léxica minuciosa, consultando a familiares para hallar «palabras más rebuscadas y más de tierra» que aportaran veracidad. Su motivación fue visibilizar la realidad de los niños, «las criaturas más inocentes», y denunciar la censura mediática.

El éxito es también un triunfo para el coordinador Francisco Brasuelo, quien guió al alumnado en cada plano y sonido. Aunque Sumati desea estudiar Medicina, el cine le ha regalado una lección vital de calma y coordinación. El cortometraje cierra con una sentencia lapidaria de su directora: «El mayor peligro de los conflictos para los olvidados de la guerra no es la muerte, sino el silencio cómplice que estamos teniendo el resto del mundo».

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