Crónica parlamentaria
Un momento peligroso
Clavijo advierte sobre los efectos imprevisibles del Pacto Europeo de Migración en Canarias

La presidenta del grupo parlamentario socialista, Nira Fierro, habla con el portavoz, Sebastián Franquis, en el pleno de ayer. / R. de la Rocha/Efe
¿Respetan los diputados a los órganos de dirección y gobierno de la Cámara? Procedimentalmente, por supuesto. Pero en otros aspectos menudos, cotidianos, peatonales, cabe dudarlo. Este es un parlamento ruidoso, a veces descortés, otras casi gallináceo. También lo fue el de la legislatura anterior, cuando la entonces mayoría encabezada por el PSOE decidió aplaudir o golpear celebratoriamente sus escaños cada vez que hablaba algún miembro del Gobierno, aunque sea para dar la hora, o intervenía algún diputado propio, para fumigar a la oposición con el agua bendita de sus eslóganes. Hoy hacen lo mismo aunque, como es obvio, con menos brío y confianza. Pero de los aplausos se pasa a los susurros y de los susurros a las imprecaciones y de las imprecaciones a los sarcasmos y de los sarcasmos a la bulla. Tal vez debería recomendársele eso que recomendaba el gran Larry David en el título de su serie: Curb your enthusiasm. Ayer se produjeron dos incidentes entre diputados y presidenta. Astrid Pérez le pidió a la socialista Nira Fierro que dejase hablar al vicepresidente Manuel Domínguez, es decir, que le dejara responderla, y le advirtió que le concedería dos minutos más porque no había podido contestar. Fierro dijo que entonces pediría ella otros dos minutos, sonriendo como quien comete una travesura porque, en efecto, no pidió más tiempo. Es un poco pueril eso de hablar y hablar en el escaño para confundir a quien está en el uso de la palabra, pero Fierro lo hace constantemente con Domínguez, a quien tratan como un pokemon de su propiedad, aunque el vicepresidente siempre termina soltándole un coscorrón. El otro encontronazo se produjo entre Ana Oramas, que sustituía momentáneamente a Pérez en la Presidencia, y la diputada de Vox Paula Jover, que la llamó, según los usos y costumbres ultras, «señora presidente». Es imposible entender cabalmente qué pretende Vox con locuciones como esta que, entre otras cosas, suponen un disparate gramatical. A los voxistas -criaturas sentimentales - se le humedecen los ojos cuando aluden a la lengua castellana, pero luego la pisotean cuando se les antoja. El hecho de que Jover sea una mujer lo vuelve todo más penoso. Oramas le pidió de nuevo a su señoría -ya lo había hecho en otra ocasión el pasado año - que la llamara presidenta, no presidente. Jover intentó interrumpirla al borde del grito pero Oramas se impuso: «A las mujeres nos ha costado mucho llegar a responsabilidades políticas relevantes. Respete ese esfuerzo que es el de todas».
El pleno había comenzado en realidad con una declaración institucional que en esta ocasión suscribieron todos los grupos parlamentarios para expresar solidaridad y apoyo a Venezuela después de los terribles terremotos del pasado día 24: miles de muertos, decenas de miles de desaparecidos, masiva destrucción de viviendas e infraestructuras básicas en Caracas, La Guaira y numerosos puntos del Estado Vargas, problemas de suministro eléctrico, agua, alimentos y medicamentos. Los discursos de Astrid Pérez no son precisamente piezas ciceronianas e inspiran tanto como una partida del Juego de la Oca, pero al final tal y cual, como decían los pibes de mi lejana juventud. Luego todos los presentes guardaron un minuto de silencio. Después, sobre el mismo asunto, se produjo la comparecencia de la consejera de Presidencia y Emergencias, Nieves Lady Barreto, para informar sobre las actividades del Gobierno autónomo con el objeto encausar toda la solidaridad material de Canarias hacia Venezuela, después de reunirse con la Fecai, la Fecam y los grupos parlamentarios. De nuevo la adhesión de los partidos fue total, aunque Vox recordó los crímenes del régimen chavista - quizás en ese momento no fuera buena idea insistir en ello porque toda la ayuda prevista solo puede canalizarse a través del Gobierno venezolano - y lo hizo con la cónsul general de la República Bolivariana, Elizabeth Seijo, en la tribuna de invitados. La señora Seijo, inteligente y enérgica, es chavista desde muy jovencita, y está o estuvo casada con un hijo del periodista José Vicente Rangel, que fue ministro de Asuntos Exteriores y ministro de Defensa, además de vicepresidente de la República. Aunque obviamente no le gustó la intervención de Jover, no dio señales de ello. A Oramas, que intervino en nombre de Coalición, se le quebró la voz al recordar a Chabela Java Noda, directora de la Oficina de Canarias en Venezuela, muerta en la catástrofe, «una persona magnífica y muy querida». Por supuesto, también se cursó pregunta al presidente Clavijo sobre Venezuela. Fue realista: «La situación no invita al optimismo ni a una recuperación en el horizonte, Venezuela necesitará ayuda durante muchos años».
Lo más interesante de la mañana plenaria fue sin duda la pregunta inicial de Raúl Acosta, el diputado de AHI, sobre lo que ocurrirá en Canarias a partir de la entrada en vigor del Pacto de Migración y Asilo de la Unión Europea. «Me temo, presidente», dijo Acosta, «que podemos encontrarnos en la misma situación que con los migrantes menores no acompañados, pero con los adultos». Clavijo, cuyo Gobierno es singularmente crítico con el acuerdo europeo, estuvo de acuerdo. «Corremos el riesgo de que nos trasformen en islas-cárceles como territorio fronterizo de la UE», explicó el presidente, porque según la flamante normativa el periodo de permanencia en los CIE de los migrantes que lleguen ilegalmente a Canarias será como mínimo de 60 días. «Si los pases de origen se niegan a aceptar las devoluciones», subrayó, «si además otras comunidades autónomas no se muestran solidarias con nosotros, el riesgo de que terminemos en ciertas islas, como El Hierro, como prisiones flotantes de migrantes que, además, no se merecen este trato, porque el nuevo marco normativo no garantiza sus derechos».
El Gobierno de Canarias lleva insistiendo ante el Gobierno central sobre los criterios que empleará para aplicar el Pacto de Migración y Asilo en territorio español. Al menos que facilite algunos indicios de carácter técnico o reglamentario. La respuesta ha sido el silencio. Canarias necesita perentoriamente esa información para adaptar su capacidad en materia de servicios sociales y asistenciales al nuevo escenario que Clavijo define como una melonización de la política migratoria europea. Esa adaptación, sin embargo, tiene severos límites. El balneario continental llamado UE, en plena decadencia, entre perplejo y asustado, blinda sus fronteras y defenderá sus planes de jubilación y sus televisores de plasma hasta el último aliento. Canarias queda lejos de París, Roma o Gotinga. Madrid se mueve como un mimo. Está ocupado en otras cosas. Concretamente en sobrevivirse a sí mismo y prolongar agónicamente la legislatura hasta el final y más allá. Un momento muy peligroso para las cosas del comer y del convivir.
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