Un instituto canario crea un sistema de agricultura con Inteligencia Artificial y lo lleva a Senegal: "No tenían nada, pero nos ofrecían todo"
Cinco estudiantes tinerfeños del IES San Marcos cruzan el charco y demuestran la efectividad del proyecto Naira, un innovador sistema de riego basado en IA

Algunos de los alumnos del IES San Marcos junto a niños locales durante una de las instalaciones eléctricas en Senegal / LP
Daniel Martín, Javier Delgado, Adasat González, Ancor González y Yeremi García son cinco estudiantes del ciclo superior de Formación Profesional (FP) de Sistemas Electrónicos y Automatizados del IES San Marcos, en Icod de Los Vinos. Aunque la etiqueta de alumnos se les queda corta. Junto a su profesor de Electricidad y Electrónica, Carlos de Arriba, son el reflejo de una solidaridad capaz de traspasar fronteras. Y es que este equipo representa una forma de entender la FP que va más allá de las aulas: conocen el valor de poner el conocimiento al servicio de los demás.
Durante 15 días, estos canarios cambiaron las clases por los caminos de Senegal, donde instalaron sistemas eléctricos y placas solares en varios poblados del país. Allí, a más de 1.300 kilómetros de distancia, pudieron poner a prueba Naira, un innovador sistema de riego basado en Inteligencia Artificial (IA) que fue creado en las aulas del centro y que, precisamente, es el que les ha abierto la puerta a esta experiencia de cooperación internacional.
"Se trata de un proyecto de investigación aplicada que parte de una pregunta central: ¿puede una IA cultivar mejor que nosotros?", explica De Arriba. Para poner a prueba esta hipótesis, el equipo desarrolló un sistema capaz de identificar los parámetros necesarios para el cultivo de cualquier tipo de planta. "La IA, a partir de los datos disponibles, determina los parámetros óptimos de humedad y riego para cada cultivo", destaca.
El nombre del proyecto también encierra un significado especial. Naira es un nombre de origen aborigen con varios significados, entre los que figura el de guía. "Y, en el fondo, esa es la vocación del proyecto, que se convierta en una referencia para los estudiantes y que contribuya a la concienciación sobre los grandes retos a los que se enfrenta la humanidad", explica el profesor.
La iniciativa no habría sido posible sin una red de colaboración que implicó a distintos centros y entidades. El IES La Guancha trabajó en el sistema de comunicaciones; los IES El Sobradillo y Teguise, en Lanzarote, aportaron su experiencia agrícola; mientras que el Instituto Canario de Investigaciones Agrarias, la Escuela de Capacitación Agraria de Tacoronte y la Universidad de La Laguna sumaron asesoramiento técnico y estadístico.
Pero para demostrar que la investigación podía salir del aula, Naira necesitaba enfrentarse a un escenario real. Fue entonces cuando el equipo presentó la iniciativa a la convocatoria nacional de CaixaBank Dualiza y FP Empresa, destinada a impulsar proyectos innovadores de esta modalidad educativa. "Quedamos entre los 44 mejores proyectos de España y conseguimos el dinero para probar Naira en un entorno real", recuerda De Arriba. Y ese entorno sería Senegal.
"Escogimos este país porque tenemos muchos compañeros en la FP básica de electricidad que vinieron desde allí, además teníamos conocimientos previos del país por experiencias en voluntariados", comenta De Arriba. La primera parada tuvo lugar en Kayar, en el Hogar Escuela Baobab –impulsado por la Fundación Canaria El Buen Samaritano–. Durante su estancia, instalaron un sistema completo de placas solares en el hogar escuela y ayudaron con labores de mantenimiento. Además, hicieron las primeras pruebas de Naira, que confirmaron el funcionamiento del sistema. Durante esos días convivieron con la población del pueblo pesquero de Kayar, una de las zonas desde donde parten numerosas embarcaciones de migrantes.
Y aunque reconocen que la mayor parte de la experiencia fue positiva, el choque cultural también les dejó momentos grabados en la mente y alguna que otra enseñanza. Los chicos conocieron de cerca la pobreza y algunas desigualdades sociales "muy duras". "En Kayar paseamos por una zona en la que las mujeres que mantienen relaciones fuera del territorio están apartadas, fue algo que nos chocó mucho", recuerda Daniel Martín. Y agrega que al vivir con los locales, realmente se dieron cuenta de las condiciones precarias en las que viven. «Y en contraposición vez que son tan felices que te hace replantearte si muchos de los problemas que tenemos aquí son verdaderamente importantes", detalló.
Antes de continuar con el proyecto visitaron la isla de Gorée, uno de los principales símbolos de la trata transatlántica de esclavos, donde conocieron la historia del comercio de personas que marcó durante siglos la costa occidental africana. Después llegaron a Malicounda, donde realizaron la mayor parte del trabajo técnico. "Instalamos iluminación y enchufes en un colegio, en varias viviendas y en una daara –una escuela coránica tradicional donde los niños, en su mayoría pobres y conocidos como talibés, son enviados por sus familias para recibir formación religiosa y aprender el Corán–", menciona Ancor González. En esta última parada se dio cuenta de otra injusticia: "Estos niños se pasavam el día pidiendo dinero y solo comían una vez cada 24 horas".
Pero si algo bueno les dio Malicounda fueron sus compañeros de trabajo. Y es que en esta localidad trabajaron junto a otros cinco estudiantes senegaleses –cuatro chicos y una chica– de FP de Electricidad. Se organizaron en parejas, formadas por un alumno español y otro senegalés, y se comunicaban con gestos y chapurreando el idioma. "Nos dimos cuenta de que sus herramientas eran muy sencillas y apenas realizaban los apaños con los protocolos de seguridad que nosotros aprendemos aquí", explica Ancor González.
Durante esos días también convivieron con familias locales, alojándose en sus propias viviendas. "Para cosas tan sencillas como una ducha había que caminar y coger agua del pozo en garrafas", comenta Adasat González. "Convivíamos en sus casas, que eran pequeñas chabolas hechas de planchas, y ellos dormían en el suelo para que nosotros pudiéramos descansar en sus camas", recuerda. Y añade que "aunque no tenían nada, lo ofrecían todo".
La última etapa del viaje transcurrió en Sokone, donde instalaron y probaron nuevamente el sistema Naira, además de realizar pequeñas mejoras eléctricas en viviendas. Allí también colaboraron con una cooperativa de mujeres agricultoras e instalaron un sistema básico de riego por goteo automatizado. "El objetivo es mejorar la producción agrícola mediante un uso más eficiente del agua y facilitar posteriormente la incorporación del sistema inteligente desarrollado en Canarias", cuenta De Arriba.
Además del trabajo técnico, visitaron centros de Formación Profesional locales, compartieron material con estudiantes y docentes senegaleses y colaboraron con asociaciones. De hecho, los estudiantes, junto a otras administraciones, habían recaudado fondos previos al viaje para donar material escolar, ordenadores, herramientas y medicamentos a centros y familias.
Naira no solo ha ayudado a más de 500 personas de forma directa e indirecta, sino que también ha servido de inspiración para plantar la semilla de la curiosidad en otras familias profesionales. "Otras disciplinas como turismo y hostelería también podrían desarrollar proyectos de investigación aplicada para estas zonas en las que hemos estado y la idea es que así sea", confiesa el profesor.
Ahora, el equipo continuará perfeccionando las capacidades de Naira. "Hemos obtenido la renovación del proyecto para un segundo curso y también queremos hablar con empresas del sector para conseguir esa transferencia de conocimiento", señala. Y es que aunque el viaje concluyó hace apenas unas semanas, la travesía de Naira no ha hecho más que empezar.
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Fuente: El Día - La Opinión de Tenerife
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