Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La soga del teléfono: un sistema de salud que ahoga a los enfermeros en Canarias

Los profesionales canarios denuncian un método de llamamientos que anula la desconexión digital y que los mantiene en una alerta permanente ante el miedo a sanciones laborales y económicas

Una enfermera camina por uno de los pasillos del Hospital Universitario de Canarias.

Una enfermera camina por uno de los pasillos del Hospital Universitario de Canarias. / Andrés Gutiérrez

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
María Alfonso Rodríguez

María Alfonso Rodríguez

Las Palmas de Gran Canaria

El sonido de un teléfono móvil es, para miles de enfermeros eventuales en Canarias, una fuente de ansiedad constante que no entiende de horarios ni de situaciones personales. Bajo el paraguas de la Orden del 3 de junio de 2011, el Servicio Canario de la Salud (SCS) gestiona sus listas de empleo mediante un sistema que los profesionales califican de «arcaico» y «obsoleto».

Esta situación, que también afecta a médicos, auxiliares y otras profesiones dentro del sistema sanitario, obliga a los trabajadores a que, si el teléfono suena y no se responde en el acto, o si el profesional se encuentra en una zona sin cobertura, la consecuencia es inmediata: la inactividad forzada, la pérdida de contratos y el castigo económico. Como relata Joel Zamora, cuya denuncia se hizo viral recientemente en redes sociales, esta situación crea un estrés increíble: «no sabes si vas a tener contratos para cubrir la semana que entra, te crea una ansiedad absoluta».

La normativa vigente ignora de facto el derecho fundamental a la desconexión digital, un principio que el Estado español garantiza pero que en la sanidad canaria parece no existir. Alberto P., enfermero eventual con años de experiencia en Atención Primaria, describe una realidad que raya en lo surrealista: «Hay compañeros que se han comprado forros para los móviles para poder ducharse y atender las llamadas desde la ducha». El nerviosismo por no perder una llamada impide actividades tan cotidianas como ir a la compra, bajar al garaje o realizar deporte.

«Hay compañeros que se han comprado forros para los móviles para poder ducharse y atender las llamadas desde la ducha»

Alberto P.

— Enfermero

Normativa

Álvaro Baltar, enfermero que también sufre esta presión, relata cómo esta vigilancia anula cualquier atisbo de vida privada. «Yo no puedo ir a hacer surf porque si te llaman en ese momento y no lo coges, son 15 días sin trabajar», explica. Se refiere al tiempo que tarda la administración en reactivar a un profesional tras una llamada no atendida.

Es lo que Zamora define, por otro lado, como estar encadenado al servicio público «las 24 horas del día y los siete días de la semana», ya que las llamadas pueden llegar incluso los domingos mientras el trabajador intenta desconectar en la playa.

Concentración de enfermeros, fisioterapeutas, auxiliares y celadores en febrero, pidiendo una nueva normativa de contratación.

Concentración de enfermeros, fisioterapeutas, auxiliares y celadores en febrero, pidiendo una nueva normativa de contratación. / Andrés Cruz

Según la normativa del BOC N.º 121, el profesional que no contesta pasa automáticamente a la situación de «no disponible». Para volver a estar activo, si devuelve la llamada en 48 horas, debe esperar diez días hábiles. En la práctica, sumando los fines de semana, esto supone casi medio mes sin recibir un solo euro. «Juegan con la comida de la gente», lamenta Alberto P., recordando que muchos tienen alquileres e hijos que dependen de ese sueldo.

La rigidez del sistema genera situaciones que los profesionales tildan de «sinsentido absoluto». Alejandro Castillo relata cómo fue penalizado por no recibir una llamada mientras trabajaba en el servicio de incidencias de un centro de salud. En otra ocasión, le sancionaron mientras realizaba una intervención de cirugía menor: «Evidentemente, en ese entorno no puedes coger el teléfono». Incluso en días festivos como San Juan, Castillo ha recibido llamadas de contratación mientras disfrutaba de su descanso semanal.

Penalizados por descansar o estar trabajando

Daniel Calvo, enfermero de hospital, descubrió que estaba penalizado porque le llamaron mientras dormía profundamente tras haber cumplido una guardia nocturna. «Lo que no puede ser es que vayas penalizando a gente cuando estás trabajando con ellos», denuncia. Aunque la administración le admitió el error posteriormente, Calvo no recuperó los contratos que perdió durante ese periodo de sanción injusta. El sistema, según relatan, actúa de forma automática: si el administrativo de turno no te localiza, pasa al siguiente número de la lista.

«Me dijeron que menos mal que había entregado el parte, porque si no, estaba sancionada el año entero»

Pilar V.

— Enfermera

Incluso la enfermedad es motivo de castigo. Pilar V., madre de un niño de dos años, fue sancionada con diez días de inactividad por estar enferma y no poder acudir a un llamamiento. Pilar presentó su baja médica y el parte de urgencias, pero la respuesta de la administración fue demoledora: «Me dijeron que menos mal que había entregado el parte, porque si no, estaba sancionada el año entero». La normativa es tan estricta que, si un profesional se pone enfermo el mismo día que debe iniciar un contrato, este no se activa físicamente y el SCS lo interpreta como una renuncia no justificada, lo que acarrea sanciones de hasta un año de exclusión.

La precariedad no reside solo en el acceso al trabajo, sino en la naturaleza de los nombramientos. Irene Toledo, quien acabó abandonando las Islas y mudándose a Galicia, en parte, por su salud mental tras cuatro años y medio de ejercicio, afirma haber firmado «casi cien contratos» de días o incluso horas en ese periodo. «He llorado ante el personal de contratación pidiendo que paren de gestionar las cosas así, están acabando con nosotros», concluye.

«He llorado ante el personal de contratación pidiendo que paren de gestionar las cosas así, están acabando con nosotros»

Irene Toledo

— Enfermera

Pilar V. cuenta cómo, tras organizar el cuidado de su hijo y estar ya de camino al centro de salud a las siete y media de la mañana, recibió una llamada para decirle que el titular se había reincorporado y que no hacía falta que fuera: «Me mandaron de vuelta a casa sin trabajar y sin cobrar».

Esta inestabilidad se agrava en Atención Primaria. Alberto P. denuncia que los enfermeros utilizan sus vehículos particulares para realizar las visitas a domicilio, recibiendo una compensación que no llega a los 40 céntimos por visita. Lo más grave es el transporte de muestras biológicas (sangre y orina) en sus propios coches sin los protocolos de seguridad adecuados.

«Llevamos muestras en neveritas de plástico barato que se vuelcan. Si me contamino yo de sangre, ¿qué protocolo hay?»

Alberto P.

— Enferemero

«Llevamos muestras en neveritas de plástico barato que se vuelcan. Si me contamino yo de sangre, ¿qué protocolo hay?», se pregunta indignado. Alberto P. recuerda casos de compañeros que han volcado su coche realizando un domicilio y el SCS no se ha hecho cargo de los daños: «te dicen que el coche lo pones porque quieres».

Una enfermera atiende a una paciente en un hospital de Canarias.

Una enfermera atiende a una paciente en un hospital de Canarias. / GOBIERNO DE CANARIAS

Especialización

El sistema de gestión por «números» ignora a menudo la formación específica, lo que pone en riesgo tanto al personal como al paciente. Calvo recuerda cómo le ofrecieron un contrato para urgencias del Insular y, al ir a firmar, descubrió que era para el Hospital Materno Infantil: «Yo no había tocado un niño en mi vida y estuve allí tres meses». Baltar coincide en el peligro de esta práctica de enviar a personal sin experiencia a unidades críticas como la UMI: «Yo soy un peligro ahí, pero al que te llama le da igual».

«Yo soy un peligro ahí, pero al que te llama le da igual»

Álvaro Baltar

— Enfermero

Toledo advierte sobre el cargo de conciencia asistencial que esto genera, recordando casos nacionales donde errores de medicación en unidades no especializadas terminaron en tragedia. «Nadie esperaría de un traumatólogo que le operara el corazón, pues tampoco debería esperarlo de un enfermero», reflexiona, quien asegura que en Canarias se «pisa la cabeza» de los profesionales mientras la Consejería se centra en las «fotos y los reconocimientos».

Una enfermera en urgencias de un hospital de Canarias.

Una enfermera en urgencias de un hospital de Canarias. / La Provincia

El colapso de la vocación

Para Zamora, este sistema empuja a los nuevos profesionales a un nomadismo forzoso en Atención Primaria, donde los contratos se ofrecen «al día». «Falta alguien hoy, pues te llamo hoy; es un estrés increíble no saber si vas a cubrir la semana», confiesa el enfermero.

Esta incertidumbre se traduce en un golpe financiero directo que impacta en los gastos básicos de los trabajadores. «Son 15 días sin dinero para pagar el alquiler o el coche», lamenta el joven, señalando que incluso el descanso es un espejismo: aunque los contratos generan vacaciones, la administración suele liquidarlas económicamente en lugar de permitir su disfrute. «Yo no quiero que me paguen un día; quiero disfrutar mis 30 días de descanso como una persona fija», sentencia.

Además, subraya que este régimen disciplinario está «matando la vocación» de los jóvenes, que ya buscan alternativas para abandonar la enfermería ante la imposibilidad de conciliar o simplemente dormir tras una guardia sin el temor a una llamada.

«Si se para la enfermería, nadie te cuida»

Joel Zamora

— Enfermero

Zamora lamenta que, siendo el «pilar básico» del sistema, el colectivo tolere este abuso por falta de unión frente a la administración. «Si se para la enfermería, nadie te cuida», advierte, señalando que el sistema se aprovecha de su compromiso ético para perpetuar una normativa que les trata como «números sustituibles».

Frente a este escenario, la respuesta institucional sigue siendo la parsimonia. A pesar de los anuncios de cambio en marzo, nada ha variado. Preguntada oficialmente sobre los plazos para eliminar las sanciones, la Consejería de Sanidad afirma que actualmente «la orden que regula las listas de empleo está siendo objeto de análisis para su modificación». Además, comparten que «es uno de los temas que se ha llevado a la mesa sectorial para que las organizaciones sindicales presenten propuestas que hagan viable modificar el sistema de llamamientos». Mientras tanto, hasta que las soluciones lleguen a puerto, miles de familias continúan pendientes de un teléfono que no pueden permitirse apagar ni para descansar.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

Tracking Pixel Contents