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José Domingo Martín Espino: «Educar es confiar en el futuro a través de las personas»

José Domingo Martín Espino|

José Domingo Martín Espino| / LP/DLP

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Las Palmas de Gran Canaria

Después de casi medio siglo dedicado a la educación, ¿por qué decide escribir ahora estos Cuadernos para la Educación del Futuro?

Durante muchos años mi principal responsabilidad fue construir una institución educativa y dirigirla. Ahora, al dejar la gestión ejecutiva, siento la necesidad de dedicar más tiempo a pensar, a escribir y a compartir aquello que la experiencia me ha enseñado. No pretendo dar lecciones. Simplemente deseo que algunos aprendizajes puedan resultar útiles a quienes continúan esta apasionante tarea de educar. Escribo estos temas en los que hago reflexiones sobre la educación porque sigo creyendo que la formación es la mejor herramienta para mejorar la sociedad y porque deseo compartir, con humildad, aquello que la experiencia me ha enseñado.

¿Qué significa para usted esta nueva etapa como Presidente Institucional de ICSE?

La vivo con mucha ilusión. Ya no necesito estar pendiente de cada decisión cotidiana. Ahora puedo mirar más lejos. Mi papel será preservar la visión, impulsar nuevas ideas, acompañar a quienes asumen las responsabilidades ejecutivas y seguir representando a una institución que forma parte de mi vida desde hace casi cincuenta años.

¿Qué le enseñó la Psicología que todavía le acompaña cada día?

Me enseñó que detrás de cada conducta hay una persona con una historia. Esa mirada nunca me ha abandonado. A veces hablamos mucho de organizaciones, de estrategias o de tecnología, pero al final todo depende de las personas. Comprenderlas, escucharlas y confiar en ellas ha sido una de las claves de mi vida profesional.

Si tuviera que responder con una sola frase a la pregunta «¿para qué educamos?», ¿qué diría?

Diría que educamos para que cada persona llegue a ser la mejor versión de sí misma y pueda contribuir a construir una sociedad mejor. La educación no consiste sólo en transmitir conocimientos, también consiste en transmitir esperanza.

Estamos viviendo la irrupción de la Inteligencia Artificial. ¿Le preocupa?

Me preocupa más que las personas dejen de pensar que el desarrollo de la propia tecnología. La Inteligencia Artificial será una herramienta extraordinaria si aprendemos a utilizarla con criterio, con sentido ético y con responsabilidad. Pero nunca podrá sustituir aquello que hace verdaderamente humano al ser humano.

¿Cuál cree que será la gran misión del profesor en los próximos años?

Ayudar a pensar. Durante mucho tiempo el profesor fue principalmente transmisor de conocimientos. Hoy debe convertirse, sobre todo, en guía del aprendizaje, en orientador y en alguien capaz de despertar la curiosidad. Quien consiga que un alumno quiera seguir aprendiendo habrá cumplido una misión extraordinaria.

Usted ha repetido muchas veces que «la educación trabaja para el futuro». ¿Qué quiere decir exactamente?

Quiere decir que educar siempre implica confiar. Ningún agricultor siembra esperando recoger al día siguiente. El educador tampoco. Trabajamos sabiendo que muchas veces los frutos aparecerán años después. Esa esperanza forma parte de la esencia misma de la educación.

Después de tantos años al frente de ICSE, ¿de qué se siente más orgulloso?

De las personas. Naturalmente me alegran los reconocimientos y los proyectos realizados, pero lo que verdaderamente permanece son los alumnos que encontraron un camino, los profesores que crecieron profesionalmente y los equipos humanos que hicieron posible construir ICSE. Las instituciones las hacen las personas.

¿También habrá tenido momentos difíciles en estos 47 años que lleva al frente de ICSE?

Muchísimos. Toda obra duradera pasa por dificultades. Hubo etapas muy complicadas, decisiones dolorosas e incertidumbres. Pero precisamente ahí aprendí una de las lecciones más importantes de mi vida: las dificultades no son el final del camino; muchas veces son el comienzo de una etapa nueva. Siempre he procurado transformar los problemas en proyectos.

¿Esa idea ha guiado también su manera de dirigir?

Sí. Nunca he creído en el pesimismo estéril. Los problemas existen para ser comprendidos y afrontados. Si uno consigue mantener la serenidad y rodearse de buenas personas, casi siempre aparece una oportunidad donde antes sólo parecía haber un obstáculo.

¿Qué ha aprendido de los alumnos?

Que nunca conviene poner límites prematuros al talento de nadie. He visto cambiar la vida de personas que llegaron con muy poca confianza en sí mismas. Cuando alguien descubre sus capacidades y encuentra un propósito, puede llegar mucho más lejos de lo que imaginaba.

¿Qué papel han desempeñado los profesores en esa experiencia?

Un papel decisivo. Los buenos profesores dejan una huella que permanece durante décadas. Todos recordamos a algún docente que creyó en nosotros en un momento importante. Ése es uno de los mayores regalos que puede hacer un educador. Hay profesiones en las que se trabaja para el presente. Los educadores trabajan siempre para el futuro.

¿Qué le preocupa especialmente de la educación actual?

Que, a veces, confundimos crecimiento con progreso. Podemos aumentar plazas, centros o tecnologías, pero si no mejoramos la calidad del aprendizaje y el desarrollo de las personas, estaremos perdiendo una oportunidad histórica. Sigo creyendo que educar es una de las formas más humanas para mejorar el mundo.

Usted habla con frecuencia de la Formación Profesional. ¿Por qué?

Porque creo que está viviendo la mayor transformación de su historia. La Formación Profesional ya no es una alternativa secundaria. Es una pieza estratégica para el desarrollo económico y social. Bien orientada, puede ofrecer oportunidades extraordinarias a miles de jóvenes y responder mejor a las necesidades de las empresas. La FP sigue siendo una excelente opción de futuro: más práctica, más corta, más empleo…

¿Qué papel debería desempeñar Canarias en ese nuevo escenario?

Canarias no puede limitarse a seguir las tendencias. Debe aspirar a convertirse en una referencia. Tenemos talento, capacidad y excelentes profesionales. Lo que necesitamos es una estrategia sostenida que sitúe la calidad, la innovación y la colaboración con las empresas en el centro del sistema. Después de casi medio siglo dedicado a la educación, sigo creyendo que la mejor inversión que la sociedad canaria puede hacer es ayudar a las personas a desarrollar su potencial.

¿Qué representa ICSE dentro de esa visión?

ICSE ha sido el laboratorio donde muchas de estas ideas han podido ponerse a prueba. Hemos aprendido de los aciertos y también de los errores. Lo importante es que nunca hemos dejado de hacernos preguntas y de intentar mejorar.

¿Qué sueño le queda por cumplir?

Seguir siendo útil. Me gustaría contribuir a que la educación, y especialmente la Formación Profesional, ayuden a construir una Canarias con más oportunidades, más conocimiento y más confianza en sus jóvenes. Si puedo colaborar en ese camino, me sentiré plenamente recompensado.

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