Los veterinarios llaman a la calma ante la leishmaniasis en Canarias
La circulación del mosquito flebótomo en las Islas inquieta a los tutores de los perros, lo que ha aumentado el interés por la vacuna contra la enfermedad

Un perro en una playa de Gran Canaria. / ANDRÉS CRUZ
La confirmación de los primeros casos autóctonos de leishmaniasis canina en Canarias ha disparado las consultas en las clínicas veterinarias y ha aumentado el interés de los tutores por vacunar a sus perros. Sin embargo, los profesionales insisten en que no hay motivos para el alarmismo y recuerdan que, por el momento, la principal herramienta para prevenir la enfermedad pasa por evitar la picadura del flebótomo, el insecto que transmite el parásito.
El crecimiento de la preocupación llega después de que un estudio liderado por José Alberto Montoya, catedrático de Medicina Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) e investigador del Instituto Universitario de Investigaciones Biomédicas y Sanitarias (Iuibs), haya confirmado por primera vez la existencia de casos autóctonos de leishmaniasis en el Archipiélago. La investigación, realizada con la colaboración de los Colegios Oficiales de Veterinarios de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife, ha analizado hasta ahora cerca de 800 perros de todas las islas con sospecha clínica previa y ha detectado en torno a un 10% de positivos.
Será en septiembre cuando se presenten los resultados oficiales. Ahora bien, este hallazgo demuestra que el flebótomo, el mosquito responsable de transmitir el parásito Leishmania infantum, ya circula por las Islas. Según informa la doctora Sara Pérez, vocal de la Junta Directiva del Colegio de Veterinarios de Las Palmas y directora médica de la Clínica Veterinaria Atlántico, desde que trascendieron estos resultados han aumentado de forma notable las consultas de tutores interesados en vacunar a los animales. Sin embargo, la profilaxis aún no se distribuye en el Archipiélago.
“Hasta ahora, no existía una demanda suficientemente elevada y todavía faltan datos científicos para conocer cuál es la situación real de la enfermedad en Canarias”, anota la experta, quien además insiste en que este recurso “no es la panacea”. “La vacuna reduce en torno al 72% el riesgo de desarrollar la enfermedad, pero el objetivo principal debe ser evitar la picadura del mosquito”, aclara.
Para ello, existen collares repelentes que, tal y como indica Pérez, disminuyen el riesgo de contagio en más de un 90%. De ahí que muchos veterinarios opten por este tipo de prevención antes que por la vacunación, pues el medicamento tampoco está exento de efectos secundarios. “Sabemos que hay transmisiones entre animales que no han salido de Canarias. No obstante, todavía desconocemos cuál es la prevalencia real de la patología y cómo se distribuye entre las distintas islas y municipios”, remarca la veterinaria. Por esta razón, considera prematuro recomendar la vacunación de forma generalizada.
Prevención
A su juicio, en el contexto actual, las prioridades deben ser prevenir la enfermedad, incorporar la leishmaniasis a los diagnósticos diferenciales en las consultas veterinarias y seguir avanzando en el conocimiento científico sobre su comportamiento en Canarias. “Desde el principio, hemos intentado lanzar un mensaje de calma”, asevera.
Asimismo, la especialista recuerda que la aparición de la leishmaniasis no debe hacer perder de vista otros problemas sanitarios ya presentes en el Archipiélago. Y es que en la comunidad, la filaria -también conocida como gusano del corazón- continúa siendo un problema mayor. “Hay muchos perros que no están protegidos”, alerta.
La leishmaniasis es una enfermedad potencialmente grave que puede comprometer de forma crónica la salud de los perros. Aunque estos constituyen el principal reservorio, la transmisión solo puede producirse mediante la picadura del insecto vector. También puede afectar a las personas, sobre todo a los pacientes inmunodeprimidos. En el caso de los canes, son las especies de pelo corto las que pueden tener más probabilidades de ser picados por el flebótomo, ya que el mosquito alcanza con mayor facilidad la piel.
La afección puede pasar desapercibida durante meses o incluso años tras el contagio. Cuando aparecen los signos clínicos, los más frecuentes son la pérdida de peso, las lesiones cutáneas, la caída del pelo —especialmente alrededor de los ojos y las orejas—, el crecimiento anormal de las uñas, la inflamación de los ganglios linfáticos, la manifestación de apatía y, en los casos más graves, la afectación renal, que es una de las principales causas de muerte asociadas a la leishmaniasis.
“Cuando se conozca mejor la distribución del vector en Canarias, será posible identificar las zonas de mayor riesgo y reforzar allí las medidas preventivas, sobre todo al amanecer y al atardecer, que es cuando el insecto presenta una mayor actividad”, apostilla Sara Pérez.
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