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Las islas del planeta se parecen cada vez más: las especies invasoras y la acción humana 'borran' la singularidad biológica de Canarias

Un estudio español, en el que ha participado la Universidad de La Laguna, demuestra que los entornos isleños concentran el 75% de las extinciones globales y tienden a la homogeneización de su flora y fauna

Natàlia Martínez toma medidas para realizar estudios evolutivos sobre la paloma de Nicobar (Caloenas nicobarica)

Natàlia Martínez toma medidas para realizar estudios evolutivos sobre la paloma de Nicobar (Caloenas nicobarica) / Cristina Claramunt

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Verónica Pavés

Verónica Pavés

Santa Cruz de Tenerife

Canarias cada vez es menos única. El tesoro biológico que alberga el Archipiélago ha sido saqueado durante siglos y, si nadie pone freno al expolio, su singularidad desaparecerá de un plumazo. Detrás de esta tendencia globalizante solo hay una responsable: la acción humana. La llegada de especies invasoras (como la culebra californiana en Gran Canaria, la ardilla moruna en Fuerteventura o el rabo de gato en casi todo el Archipiélago), la tala de bosques para abrir zonas de cultivo o urbanizar y la introducción de animales domésticos o asociados a la actividad humana (como ratas, gatos, cabras o cerdos), están detrás de esta tendencia que mantiene a más de 200 especies de las Islas en la cuerda floja.

Canarias no es un caso aislado. La biodiversidad la mayoría de los entornos isleños del planeta están registrando una tendencia a la homogeneización: una suerte de globalización biológica. Y es que el 75% de extinciones globales registradas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) se concentran en los entornos isleños, tal y como adelanta un estudio publicado en Science Advances. Una cifra destacable ya que las Islas tan solo representan el 5% de la masa terrestre. "Queríamos saber qué está pasando y por qué, porque antes de la aparición de los humanos no existía ese problema", reseña Natàlia Martínez-Rubio, investigadora del CREAF, coautora de este estudio en el que también ha participado la Universidad de La Laguna (ULL).

Los investigadores creen que en Canarias han desaparecido más especies de las que se conocen

Según el equipo investigador, las actividades humanas han ido modificando los ecosistemas insulares desde hace miles de años hasta el punto de que la biodiversidad de las islas es cada vez más homogénea y más parecida a la del continente. El estudio documenta pérdidas extremas en diferentes archipiélagos, como la isla de Navidad, en el océano Índico, que ha perdido cerca del 80% de los mamíferos y los lagartos endémicos. En el caso de la isla Rodrigues, también en el Índico, han desaparecido el 100% de los reptiles nativos, y en Hawái se han extinguido el 70% de las aves terrestres.

En Canarias las cifras no están tan claras. "No podemos proponer un porcentaje cerrado, pero sí sabemos que, seguramente, han desaparecido muchas más especies de las que podemos cuantificar a día de hoy", explica Martínez-Rubio, que afirma que muchas especies no están registradas y otras posiblemente se desconocen. "Es difícil saber si una especie es endémica o fue transportada desde el continente", insiste.

De los lagartos gigantes de Canarias a la lagartija balear

En Canarias uno de los ejemplos paradigmáticos del declive es el de los lagartos gigantes (del genero Gallotia). Durante décadas, estos reptiles han estado sufriendo la presión de distintos depredadores, lo que ha llevado a la desaparición del lagarto gigante de La Gomera, de Tenerife y de La Palma.

Actualmente, la historia se repite con el lagarto gigante de Gran Canaria (Gallotia stehlini) cuyas poblaciones, en la última década, se han visto muy mermadas por la expansión de la serpiente real de California (Lampropeltis californiae). "Estamos viendo una extinción en tiempo real y no somos conscientes de las consecuencias que puede tener, porque estos animales realizan funciones esenciales en los ecosistemas por lo que su desaparición provocará efectos en cascada", advierte Martínez-Rubio.

Natàlia Martínez y Ferran Sayol, coautores del estudio e investigadores de Creaf, toman medidas para realizar estudios evolutivos sobre la paloma de Nicobar (Caloenas nicobarica)

Natàlia Martínez y Ferran Sayol, coautores del estudio, toman medidas para realizar estudios evolutivos sobre la paloma de Nicobar (Caloenas nicobarica) / Cristina Claramunt

En una tesitura similar está la lagartija de las Pitiusas (Podarcis pityusensis) de Baleares, especie endémica de Ibiza, Formentera y sus islotes. Se encuentra en riesgo de extinción por otra serpiente invasora, la culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis). "Hay pocas posibilidades de que ya se pueda recuperar", avanza la investigadora.

En El Hierro, por su parte, aunque se han puesto remedios para evitar la extinción del lagarto gigante herreño, estos animales no han podido ser reintroducidos por la presión que ejercen los gatos en estas poblaciones.

92 especies en peligro de extinción y más de la mitad en declive

Otro caso emblemático es el de la paloma rabiche (Columba junoniae), endémica del bosque de laurisilva canario, que empieza a ser considerada "casi amenazada", según la UICN, debido a la pérdida de hábitat y a depredadores como los gatos y las ratas. En total, según la UICN, Canarias alberga 92 especies en peligro crítico de extinción, de las que 56 se encuentran en declive.

En esta lista se encuentran animales como el angelote (Squatina squatina), el cigarrón palo gomero (Acrostira bellamyi) o el murciélago orejudo canario (Plecotus teneriffae). Y plantas como la Bencomia de Tirajana (Bencomia brachystachya), el Pico de El Sauzal (Lotus maculatus) o el Picocernícalo (Lotus eremiticus).

Tenerife albergaba un roble y un carpe que desaparecieron antes de ser estudiados

Las plantas también sufren las consecuencias de la alteración de los ecosistemas insulares, "pero suelen ser las grandes olvidadas", destaca Nogué. "Por ejemplo, gracias al polen fósil, se ha conocido que dos especies vegetales desaparecieron antes incluso de ser estudiadas científicamente, como una especie de roble (Quercus) y un carpe (Carpinus) que habitaban en la isla de Tenerife", añade. Estos hallazgos demostraron que la Isla albergó bosques húmedos templados hace entre 5.000 y 2.000 años, los cuales desaparecieron debido a los cambios climáticos y la acción humana.

Fósiles para entender el futuro

En este sentido, el estudio alerta de que los ecosistemas insulares actuales son el resultado de miles de años de impacto humano, y no únicamente de procesos ecológicos y evolutivos previos a la llegada de estos. Esto significa que si "solo estudiamos las especies que han sobrevivido hasta hoy, tenemos una visión parcial y sesgada de cómo eran realmente estos ecosistemas", tal y como destaca Ferran Sayol, investigador del Centro Tecnológico BETA (UVic-UCC) y otro de los coautores.

"Si nos fijamos solo en las especies que siguen vivas podemos errar en nuestro diagnóstico sobre las características que nos hacen más vulnerables", puntualiza Martínez-Rubio. En otras palabras, las teorías sobre la evolución están incompletas si no incluyen las desapariciones que ha ocasionado la acción humana en estos entornos.

Para llenar estas lagunas de información, los autores proponen combinar fósiles, polen antiguo, ADN antiguo, colecciones de museos y registros históricos, además de mejorar las bases de datos globales de biodiversidad. "Tener en cuenta toda esta gran magnitud de cómo era el pasado nos permite comprender de forma real cómo es el presente y cómo será el futuro", concluye la científica.

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