TESTIMONIO
El testimonio de Solina, captada con 17 años y víctima de trata: "Hoy ya sé que fue el dinero que pagaron por mí"
La joven relata cómo una amiga le ofreció trabajar como camarera en España, organizó su viaje clandestino por Europa y la entregó a un grupo de hombres.

Barcelona 06/06/2022 Tema sobre la proposición de ley que presenta el martes el PSOE en el Congreso para la abolición de la prostitución. En la foto, mujeres que ejercen la prostitución en la calle Robadors del Raval FOTO de FERRAN NADEU
Solina tenía 17 años cuando una amiga le propuso abandonar Rumanía y viajar a España para trabajar como camarera en un bar. La joven se había marchado de casa y dependía de la ayuda de aquella persona, que le proporcionaba comida y algo de dinero. La oferta parecía una oportunidad para escapar de una situación complicada y comenzar una vida diferente.
Tres años después, Solina cuenta lo que ocurrió durante aquel viaje y cómo la promesa de empleo terminó convirtiéndose en una experiencia de trata y explotación. Su testimonio ha sido facilitado por las profesionales de In Género Canarias, con sede en Telde, que han recogido el relato de la joven.
Una amiga y una falsa oferta de trabajo
"Me llamo Solina. Soy de Rumanía y tengo 20 años. Tenía 17 cuando me trajeron a España", comienza su declaración.
La persona que le ofreció el trabajo no era una desconocida. Se trataba de una amiga en la que confiaba y cuya forma de vida despertaba su admiración. Solina la veía con coche, buena ropa, relojes y siempre muy elegante.
"Yo quería ser como ella", reconoce. Por ese motivo, cuando recibió la propuesta para trabajar en su bar, aceptó sin pensarlo dos veces. Su amiga la puso entonces en contacto con las personas que se encargarían de llevarla hasta España.
El viaje no podía hacerse de forma convencional. Solina era menor de edad y no tenía pasaporte, por lo que el recorrido se organizó en varias etapas. Desde su ciudad viajó en un coche particular hasta la frontera con Hungría.
Según explica, consiguió atravesar el control porque los agentes fronterizos "cerraron los ojos a cambio de algo de dinero". Después llegó a Budapest, donde permaneció durante unos cinco días en un hotel con todos los gastos pagados, a la espera de que prepararan el siguiente desplazamiento.
Oculta en un compartimento de ventilación
El trayecto entre Budapest y Padua, en Italia, lo realizó en tren, pero no como una pasajera más. Solina tuvo que esconderse tumbada boca abajo en el compartimento de los conductos de ventilación de uno de los vagones.
El espacio, según recuerda, no medía más de 30 centímetros. La joven no viajaba sola. Junto a ella había otras personas que también intentaban salir de Hungría de manera irregular.
Al llegar a Padua, una persona la esperaba para conducirla hasta otro hotel. Allí le entregaron dinero y un teléfono y le comunicaron que debía permanecer unos días en la ciudad mientras conseguían un pasaporte falso para completar el viaje.
La espera se prolongó durante casi diez días. Finalmente, recibió un documento con una identidad que no era la suya: Viktorija Novak, de 25 años. Solina asegura que ni siquiera sabía pronunciar el nombre que aparecía en aquel pasaporte.
Con esa documentación falsa emprendió el último tramo del recorrido hasta España.
El recibimiento en Madrid
Cuando aterrizó en el aeropuerto de Barajas, su amiga estaba esperándola. Ambas se dirigieron a un piso, donde la joven recibió comida, ropa y maquillaje.
Todo parecía encajar todavía con la promesa inicial. Su amiga le explicó que iban a arreglarse, que le presentaría a unos conocidos y que después se marcharían a trabajar. Solina seguía creyendo que comenzaría como camarera en el bar del que le habían hablado.
Sin embargo, al piso llegó un grupo de hombres acompañado por una mujer. La joven no entendió la conversación que mantuvieron, pero vio cómo aquella mujer entregaba a su amiga un sobre abultado.
"Hoy ya sé que fue el dinero que pagaron por mí", señala en su testimonio
Después de aquel intercambio, los hombres la agarraron y la metieron en una furgoneta. Dentro del vehículo había otras dos chicas. Uno de ellos se acercó a su oído y le dijo: "Ahora sí vas a trabajar, guapa".
A partir de ese momento, dejaron de llamarla por su nombre. Para quienes la controlaban, Solina pasó a ser "la estudiante", una identidad impuesta que reforzaba la pérdida de control sobre su propia vida.
La violencia también formaba parte del sistema de sometimiento. Una de las jóvenes que se encontraba con ella se negó a cumplir las órdenes del grupo y recibió una paliza delante de las demás. La agresión funcionó como una advertencia para todas.
"Yo tenía mucho miedo de que me hicieran lo mismo y por eso seguí haciendo caso", explica Solina.
La joven entendió que desobedecer podía tener consecuencias inmediatas. El temor a sufrir una agresión similar la llevó a aceptar las órdenes de quienes la habían trasladado hasta allí. No se trataba de una decisión libre, sino de una conducta marcada por el miedo, la amenaza y la violencia presenciada.
Un viaje construido sobre el engaño
El relato de Solina muestra un proceso que comenzó mucho antes de su llegada a España. La captación se produjo a través de una persona cercana, alguien en quien confiaba y que conocía su situación personal. La promesa de trabajar como camarera sirvió para convencerla de que el viaje supondría una oportunidad para mejorar su vida.
Después llegaron los desplazamientos clandestinos, los hoteles, las personas que la esperaban en cada ciudad, el pasaporte falso y la entrega de dinero. Cada etapa del recorrido había sido organizada por otras personas mientras ella desconocía cuál era el verdadero destino que le habían preparado.
La joven recuerda ahora aquel sobre entregado en el piso de Madrid como el momento en el que fue vendida. Hasta entonces, seguía pensando que la oferta de trabajo era real.
La voz de una víctima de trata
El testimonio, facilitado por las profesionales de In Género Canarias con sede en Telde, permite conocer en primera persona cómo una menor fue trasladada desde Rumanía hasta España mediante engaños y documentación falsa.
Solina tenía 17 años cuando comenzó el viaje. Hoy, con 20, relata cómo la confianza depositada en una amiga terminó utilizada para captarla y ponerla en manos de otras personas.
Suscríbete para seguir leyendo
- ¿Qué eran las luces que se pasearon por el cielo de Canarias esta noche?
- La Aemet anuncia un cambio de tiempo en Canarias para mañana miércoles: estos son los sitios donde se esperan lluvias
- Los camellos ‘Martín’ y 'Federico' se convierten en protagonistas del eclipse solar en Canarias
- Cenan por 144,50 euros en un restaurante de Canarias y se marchan sin pagar
- Tiempo de la Aemet para el domingo en Canarias: regresan las lluvias y el calor persiste en el sur
- Canarias, entre las pocas regiones con residencia oficial para el presidente
- Multa de 200 euros por no respetar la señal R-421: la Guardia Civil vigila a todos los conductores canarios por conocer el distintivo
- El ranking de Esperanza Gracia para la semana post-eclipse: estos son los signos con más suerte desde el 17 de agosto
