La subida del nivel del mar, actuaciones ilegales y urbanismo salvaje: Canarias pierde cuatro kilómetros de costa natural al año como consecuencia de la actividad humana
Un informe de Greenpeace cifra en 150 kilómetros los tramos de litoral del Archipiélago en «riesgo inminente» de desaparición, una longitud equivalente a viajar desde Meloneras, en Gran Canaria, hasta San Sebastián de La Gomera en línea recta

Una pala excavadora trabajando en la playa de La Veneguera, en Gran Canaria. / Eva Cancelo

La subida del nivel del mar a consecuencia del cambio climático, actuaciones ilegales en materia de edificación o trabajos de terracería y un urbanismo salvaje sustentado un modelo basado en el hormigón: esas son algunas de las causas que la organización no gubernamental (ONG) Greenpeace señala para la degradación de las costas de Canarias. En su informe Destrucción a toda Costa 2026, en el que analizan la situación costera española, cifran en 150 kilómetros los tramos de litoral del Archipiélago en riesgo de desaparecer, lo que equivale a la longitud en línea recta que separa Meloneras —Gran Canaria— y San Sebastián de La Gomera, y denuncian que las Islas pierden, anualmente, cuatro kilómetros de costa natural debido a la actividad humana.
La situación del litoral de las ocho islas ocupa una posición de gran importancia en el debate social y político del Archipiélago. Tanto la calidad de sus aguas, que reciben unos vertidos que en el 72% de los casos no cuentan con autorización —según la Fundación Canarina—, como la elección de continuar edificando en la zona costera a costa de la pérdida de la biodiversidad, son algunos de los factores más criticados por la población derivados de un modelo turístico que persiste mientras es constantemente señalado por los canarios.
Se ha documentado la desaparición del 99,7% de las poblaciones de erizos marinos de Canarias por las pandemias emergidas por el aumento de la temperatura del agua
Para Greenpeace, la costa de Canarias sufre una crisis de vulnerabilidad profunda que asocian a la presión urbanística, la cual definen como una "lucha contra el cemento"; la subida del nivel del mar; marejadas violentas y destrucción generada por los últimos fenómenos meteorológicos y el calentamiento térmico de las aguas durante temporada fría. En este sentido, advierten que el océano Atlántico Norte que baña el conjunto del territorio macaronésico —Azores, Madeira, Islas Salvajes, Canarias y Cabo Verde— "podría subir cerca de un metro para finales de siglo": una cifra que superaría la media global de ascenso, situada entre 28 y 55 centímetros.
El cóctel elaborado a partir de la desestabilización física y la presión provocada por la actividad humana sobre la franja costera sitúa al ecosistema canario, en palabras de Greenpeace, "en un estado de fragilidad sin precedentes debido a la artificialización de su costa". En lo que respecta al plano urbanístico, el informe lo caracteriza por una artificialización agresiva del litoral en la que Tenerife concentra los casos más graves de ocupación costera y desobediencia a la normativa de protección.
Sólo en 2025 se abrieron 1.419 expedientes de sanción por construcciones ilegales y movimientos de tierra en Canarias
A ese respecto, destacan el proyecto de Cuna del Alma, en Adeje, el cual se encuentra bajo investigación judicial por presuntos delitos contra la ordenación del territorio. Este caso cuestiona la autorización concedida por la Dirección General de Costas de Canarias para ocupar la franja de servidumbre de protección de 100 metros y ha generado una fuerte respuesta por parte de la sociedad canaria en forma de protestas y movilizaciones.
El informe también cita el polémico hotel La Tejita, en Granadilla de Abona, un proyecto en el que la construcción avanza pese a las múltiples protestas ciudadanas por la destrucción de un sistema dunar protegido amparado por el visto bueno de protección costera, y el Puerto de Fonsalía, en Guía de Isora, el cual definen como un "puerto fantasma" que sigue figurando en el Plan Insular de Ordenamiento a pesar de contar con informes desfavorables y estar situado dentro de la Zona de Especial Conservación Teno-Rasca.

Una pintada en una valla del recinto del proyecto Cuna del Alma, en Adeje. / Pedro Armestre
En el caso de Gran Canaria, Greenpeace recoge los casos de la playa de la Veneguera, en el que se han denunciado movimientos de tierra masivos que eliminaron el talud natural de piedra y arena, alterando la dinámica sedimentaria; la urbanización masiva en la primera línea del litoral de Maspalomas, que provocó una alteración de los pasillos de viento que alimentaban las dunas móviles, provocando un déficit crónico de arena que se pierde hacia el mar, y una propuesta de macrogranja industrial de lubinas en La Aldea de San Nicolás, cuya autorización ha pedido paralizar el Cabildo insular. Esta presión urbanística ha derivado en un aumento de las infracciones en la que sólo en 2025 se abrieron 1.419 expedientes de sanción por construcciones ilegales y movimientos de tierra.
El aumento de la temperatura del mar también es uno de los peligros a los que se enfrenta la biodiversidad canaria. Por ejemplo, se ha documentado la desaparición del 99,7% de las poblaciones de erizos marinos en las Islas, debido a pandemias emergentes favorecidas por este factor. De igual manera, también se ha registrado un aumento de avistamientos permanentes de especies que antes eran estacionales, como el tiburón ballena o el martillo. Por el contrario, la reserva marina del norte de Lanzarote ha sufrido un desplome de biomasa pesquera debido a los cambios en las corrientes y los nutrientes como consecuencia del cambio climático.
Borrasca Therese
El impacto de la serie de temporales que azotaron las Islas durante este año, como la borrasca Therese, también han sumado un nuevo escalón a la degradación del litoral. En Tenerife, las piscinas de Bajamar, Jover y Punta del Hidalgo, en La Laguna, sufrieron importantes daños estructurales, y en playas como Los Cristianos y Las Américas se provocó un colapso en las redes de saneamiento, con vertidos masivos de aguas fecales al mar.
Sin embargo, Greenpeace no valora negativamente toda la actividad relacionada con el litoral en Canarias. El informe también recoge ejemplos modélicos de acciones llevadas a cabo con un impacto positivo, como la gestión natural en La Cícer, en la playa de Las Canteras de la capital grancanaria, la cual definen como una demostración de que respetar los procesos marinos es una solución eficiente. En ese caso, el Ayuntamiento evitó las aportaciones artificiales de arena tras los temporales y apostó porque la hidrodinámica natural devolviera los sedimentos a la playa. De igual manera, nombran como un hito la demolición del hotel abandonado de Añaza, en Tenerife, "una estructura que degradaba la costa desde 1973", o la inversión de 1,2 millones de euros en la playa de Las Caletillas, también en la isla occidental, con el objetivo de regenerar arena con accesos integrados que respeten la dinámica natural en lugar de usar escolleras. La situación no es irreversible y, por suerte o por desgracia, depende en gran parte del factor humano.
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