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Oftalmólogos alertan del riesgo ocular durante el eclipse en Canarias el 12 de agosto

Los especialistas alertan sobre el riesgo de retinopatía solar por mirar directamente al sol durante el eclipse, pudiendo causar lesiones irreversibles

eclipse

eclipse / IAC / Predictive Science Inc. (PSI).

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Briseida Viera

Briseida Viera

Las Palmas de Gran Canaria

Los especialistas del servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, en Tenerife, piden extremar la protección ocular ante el eclipse solar del 12 de agosto de 2026, visible de forma parcial desde Canarias. Los profesionales del Servicio Canario de la Salud (SCS) advierten de que mirar directamente al sol durante el fenómeno puede causar lesiones irreversibles.

Los oftalmólogos explican que la disminución de la luminosidad ambiental no reduce el peligro. Al contrario, la pupila se dilata cuando baja la luz y permite la entrada de una mayor cantidad de radiación en el ojo.

Una lesión que puede aparecer sin dolor

La observación directa del eclipse puede causar retinopatía solar, una lesión de la retina que afecta sobre todo a la mácula, responsable de la visión central. El daño puede surgir sin dolor ni señales inmediatas, por lo que la persona puede no detectar el problema durante la exposición.

Los síntomas pueden aparecer horas o días después. Entre ellos figuran la visión borrosa, una mancha en el centro del campo visual, la deformación de las imágenes, los cambios en la percepción de los colores y la pérdida de agudeza visual. En algunos casos, la lesión resulta irreversible.

Solo sirven los visores solares certificados

Los especialistas señalan que la única forma segura de mirar directamente el eclipse consiste en usar gafas o visores específicos para la observación solar. Estos elementos deben cumplir la norma EN ISO 12312-2 y mostrar el correspondiente marcado CE.

La observación debe limitarse a periodos breves e intermitentes. En el caso de los niños, los oftalmólogos reclaman la supervisión constante de una persona adulta para comprobar el uso correcto de las gafas y evitar cualquier mirada directa al sol sin protección.

Las gafas de sol convencionales no protegen del eclipse

Las gafas de sol habituales no permiten observar el eclipse con seguridad, aunque sus cristales sean muy oscuros. Los especialistas tampoco recomiendan radiografías, cristales ahumados, filtros caseros ni otros materiales sin certificación para la observación solar.

Los telescopios, prismáticos y cámaras fotográficas requieren filtros solares específicos en la lente frontal. Las gafas de eclipse tampoco bastan cuando una persona mira a través de estos instrumentos, ya que la concentración de la radiación puede dañar el filtro y los ojos.

El verano trae más riesgos oculares

Los profesionales de La Candelaria recuerdan que la protección de la vista debe mantenerse durante todo el año, aunque el verano incrementa la exposición al sol, el calor, el aire acondicionado y el agua de piscinas y del mar. Estos factores elevan el riesgo de sequedad ocular, irritaciones, conjuntivitis, queratitis e infecciones.

Los grupos más vulnerables son los niños, las personas mayores, los usuarios de lentes de contacto, quienes padecen ojo seco y las personas con una intervención ocular reciente. También afrontan un riesgo mayor quienes pasan muchas horas bajo la radiación solar.

La radiación puede quemar la córnea: queratitis actínica

Una de las lesiones asociadas al sol es la queratitis actínica o fotoqueratitis, una quemadura de la córnea causada por la radiación ultravioleta. Los síntomas pueden surgir varias horas después de la exposición.

Esta lesión provoca dolor intenso, lagrimeo, enrojecimiento, inflamación de los párpados, sensación de arena y alta sensibilidad a la luz. La exposición continuada a la radiación ultravioleta también guarda relación con cataratas, pterigium, pingüéculas y otras alteraciones de la superficie ocular.

Aire acondicionado, piscinas y mar: un riesgo para los ojos

El aire acondicionado no debe incidir directamente sobre los ojos. Las personas con sequedad ocular o que usan lentillas pueden recurrir a lágrimas artificiales cuando resulte necesario, según la recomendación de un profesional sanitario.

En piscinas y en el mar, los especialistas aconsejan utilizar gafas de natación o buceo y no abrir los ojos bajo el agua sin protección. El cloro, la sal y otras sustancias pueden irritar la superficie ocular y causar escozor, lagrimeo, enrojecimiento o sensación de cuerpo extraño.

Higiene para evitar infecciones

Tras el baño, conviene aclarar los ojos con agua limpia. Los médicos también piden evitar el intercambio de toallas y el contacto de los ojos con manos sucias, pañuelos o gasas usadas por otras personas.

Estas medidas reducen el riesgo de conjuntivitis y otras infecciones. La higiene cobra especial importancia en espacios compartidos, piscinas y zonas de baño con una alta concentración de usuarios.

No bañarse ni tomar el sol con lentillas

Las personas que usan lentes de contacto no deben bañarse con ellas. Los microorganismos presentes en el agua pueden adherirse a las lentillas y causar infecciones corneales graves.

Entre ellas figura la infección por acantameba, que presenta un tratamiento complejo y puede comprometer de forma permanente la visión. Los especialistas también aconsejan retirar las lentillas durante los viajes largos en avión para evitar la sequedad.

Los oftalmólogos tampoco recomiendan tomar el sol con las lentes de contacto puestas. El calor, la reducción del parpadeo y la falta de hidratación aumentan el riesgo de úlceras corneales.

Estas condiciones también pueden hacer que la lentilla se adhiera a la córnea. Ante dolor, pérdida de visión, irritación intensa o síntomas tras la observación del eclipse, los especialistas aconsejan solicitar valoración médica.

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