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PRIMICIA

"Vi a la perra y dije: es mi perra": Cristina cuenta la respuesta que recibió del entorno de Chenoa

La antigua propietaria de Lola reconstruye en exclusiva para LA PROVINCIA la desaparición de la pomerania, las contradicciones que asegura haber encontrado y la ampliación de una denuncia que ya ha llegado a Tenerife.

Habla Cristina, la mujer que cree haber reconocido a su perra en la que convive con Chenoa y pide una prueba de ADN

Adolfo Rodríguez

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Cristina llevaba más de dos años buscando a Lola cuando una desconocida le envió un mensaje por Instagram. Dentro había un enlace a un programa de televisión en el que aparecía una pequeña pomerania adoptada por el entorno familiar de Chenoa. En cuanto vio las imágenes, asegura que sintió que estaba mirando a la perra que había desaparecido de su casa en abril de 2024.

"Me metí, vi a la perra y dije: es mi perra", relata ahora en una entrevista exclusiva con LA PROVINCIA. Desde ese momento, una historia que había comenzado con una desaparición durante un viaje de trabajo se transformó en una polémica pública. Cristina sostiene que el animal que apareció en televisión comparte con Lola una combinación muy concreta de rasgos físicos. Por eso pidió verla, comprobar su microchip o realizar una prueba de ADN. Sus peticiones, asegura, fueron rechazadas.

La mujer insiste en que no pretende acusar directamente a Chenoa ni a ninguna otra persona de haberse llevado a Lola. Su objetivo, afirma, es que se reconstruya el recorrido seguido por la perra y se determine mediante pruebas si se trata del mismo animal. "No es porque sea Chenoa. Es que yo quiero a mi perra", resume.

Lola llegó a su casa en enero de 2023

La historia comienza a finales de 2022. Lola había nacido en diciembre y llegó a manos de Cristina en enero de 2023. Un amigo le explicó que la cachorra había nacido algo más grande de lo habitual para los estándares de los pomerania y que no encontraban a alguien que quisiera quedársela. "Me la enseñó y me enamoré de ella", recuerda.

Lola vivió con ella y su familia durante aproximadamente un año y cuatro meses. Cristina describe a la perra como una pomerania pequeña con varias características que, en su opinión, hacían posible reconocerla entre otros ejemplares de la misma raza. Tenía heterocromía en el ojo derecho, una mancha blanca en el hocico y otra marca clara en la zona de la frente. Esos rasgos se convertirían después en la base de sus sospechas.

Un viaje de tres días y dos desapariciones

Lola desapareció en abril de 2024. Cristina había salido de viaje durante tres días por motivos de trabajo y la perra se quedó en Tenerife con su hijo y una amiga de la familia, mientras el padre del menor trabajaba. La vivienda estaba situada dentro de un complejo que funcionaba como hotel, pero que también contaba con apartamentos privados. La familia de Cristina tenía una propiedad en el recinto.

El primer incidente ocurrió el viernes. Cuando sacaron a Lola por los alrededores del alojamiento, la perra desapareció repentinamente. Según el relato de Cristina, comenzaron a buscarla y acabaron interceptando en la zona de recepción a un hombre que llevaba al animal dentro de una mochila. Lola pudo regresar con la familia, pero el alivio duró poco.

Durante la noche siguiente, del sábado al domingo, la perra volvió a desaparecer. Esta vez, según sostiene Cristina, se encontraba dentro de la vivienda. Nadie vio cómo salió ni qué ocurrió durante aquellas horas. Cuando Cristina regresó el domingo por la noche, Lola ya no estaba. "La primera vez apareció, pero la segunda noche desapareció y ya no supe nada más de ella", explica.

Las cámaras del complejo, la primera incógnita

Cristina comenzó a buscar inmediatamente a la perra. Recorrió la zona, contactó con veterinarios y habló con los responsables del establecimiento para intentar acceder a las grabaciones de seguridad. Según su versión, durante tres días recibió respuestas poco concretas. Finalmente, desde el alojamiento le explicaron que las cámaras no permitían distinguir nada porque la desaparición había ocurrido de noche. Sin embargo, cuando la Policía acudió posteriormente a solicitar las grabaciones, Cristina asegura que recibió una explicación diferente. Los agentes le habrían indicado que desde el complejo les dijeron que las cámaras estaban averiadas o que no funcionaban.

"A mí me dijeron que no se veía porque era de noche y a la Policía que estaban rotas. No me cuadraba", afirma. La mujer no responsabiliza directamente al establecimiento de la desaparición, pero considera que las versiones contradictorias impidieron aclarar lo sucedido durante una noche clave para la investigación. Ante la falta de noticias, presentó una denuncia por la desaparición de Lola y regresó a la Península.

Dos años buscando a Lola en redes y veterinarios

La distancia no detuvo la búsqueda. Cristina difundió fotografías de Lola en foros, perfiles de animales perdidos y páginas relacionadas con protectoras y clínicas veterinarias. En sus publicaciones pedía que nadie comprara al animal y ofrecía la posibilidad de dejarlo en una perrera o en cualquier lugar seguro. Su única intención, sostiene, era recuperarlo. Durante ese tiempo recibió numerosas imágenes de pomeranias parecidas. Cristina las revisaba una por una, pero asegura que ninguna reunía todos los rasgos de Lola.

La situación cambió cuando una mujer que había seguido el caso le escribió por Instagram. Le explicó que había visto en televisión una perra extraordinariamente parecida y le envió el enlace. Cristina abrió las imágenes y reconoció, según su versión, el mismo ojo con heterocromía, las manchas blancas del hocico y la frente, el sexo y una edad compatible con la de Lola. "Siempre había pedido que me mandaran fotos de perros iguales, pero ninguno tenía todos esos rasgos. Aquí coincidía todo", sostiene. También consideró relevante la fecha en la que el animal había aparecido en una perrera, ya que cree que podía encajar con la desaparición de abril de 2024.

Las dudas sobre la procedencia del animal

Después de ver el programa, Cristina trató de reconstruir el recorrido de la pomerania. Según la información que pudo recopilar, el animal había pasado por una perrera, posteriormente había quedado bajo el cuidado de una asociación y finalmente había llegado al entorno familiar de Chenoa. Cristina contactó con las personas que habían intervenido en ese proceso para preguntar cómo había aparecido la perra. Según su testimonio, en un primer momento le explicaron que el animal había sido entregado por sus antiguos propietarios porque mordía. Sin embargo, cuando llamó a la perrera, le indicaron que no sabían exactamente cómo había llegado y que apareció sin microchip.

Cristina volvió a comunicarse con la asociación para pedir explicaciones. Asegura que entonces le dijeron que la entrega por parte de unos propietarios era solamente una suposición y que ella había entendido mal la conversación anterior. La mujer considera que esta diferencia entre las versiones aumentó sus dudas. "Yo no estoy loca. Escuché perfectamente lo que me habían dicho", afirma.

"Si es mi perra, me va a reconocer"

Cristina planteó varias formas de resolver el conflicto. La primera fue ver personalmente a la perra. "Es que esa perra me va a reconocer. Si es mi perra, me va a reconocer", defendió ante las personas con las que logró contactar. También pidió que se comprobara si el animal llevaba un nuevo microchip o si presentaba alguna cicatriz compatible con la retirada de uno anterior. Lola, asegura, estaba identificada cuando desapareció.

Como última opción, propuso realizar una prueba de ADN, ya que afirma que tiene localizados a los padres de la pomerania. Según explica, ninguna de estas posibilidades fue aceptada. Cristina también trató de contactar con el hermano de Chenoa. De acuerdo con su relato, este le pidió que asumiera que no se trataba de Lola y aseguró haber visto otros perros que se parecían todavía más.

Ella respondió solicitando las imágenes de esos animales, porque entendía que también debían ser investigados. No recibió, asegura, ninguna prueba que permitiera descartar definitivamente que fuera su perra.

El caso explota en las redes sociales

Cristina reconoce que antes de esta polémica apenas utilizaba TikTok y publicaba muy poco contenido en Instagram. Decidió contar la historia públicamente después de que una persona que conocía su caso le aconsejara recurrir a las redes para conseguir que sus peticiones fueran escuchadas. Su intención, afirma, era que Chenoa conociera directamente lo ocurrido. Cristina llegó a pensar que quizá la cantante no estaba al corriente de sus solicitudes.

Sin embargo, sostiene que comprobó que Chenoa había visto algunas de sus publicaciones y que posteriormente fue bloqueada en diferentes perfiles. "Pensé que igual no sabía nada. Cuando vi que había visto los vídeos y me bloqueó, entendí que no me iban a ayudar", relata. La difusión provocó una oleada de comentarios y versiones contradictorias. Entre ellas, comenzó a circular que las partes habían aceptado hacer una prueba de ADN. Cristina lo niega. "Eso de que se ha aceptado la prueba de ADN es mentira. Ojalá se hiciera, porque todo iría mucho más rápido", asegura.

El comunicado del entorno de Chenoa

El entorno de Chenoa difundió posteriormente un comunicado en el que lamentaba el dolor provocado por la situación, pero defendía que se habían realizado las comprobaciones pertinentes y que el asunto podía darse por cerrado. Cristina rechaza esa conclusión porque sostiene que nunca le han mostrado esas pruebas. "Yo no he visto ninguna. Lo mismo que les sirve a ellos para quedarse tranquilos, me lo podrían enseñar a mí", reclama.

A su juicio, la publicación de un comunicado no puede cerrar un procedimiento que se encuentra en manos de las autoridades. "El caso lo dirá el juez, si está cerrado o no está cerrado", advierte.

La ampliación de la denuncia ya está en Tenerife

La denuncia inicial se presentó por la desaparición o posible sustracción de Lola. En aquel momento, Cristina no identificó a ninguna persona concreta porque desconocía qué podía haber ocurrido y dónde se encontraba el animal. Después de descubrir las imágenes emitidas en televisión, amplió la denuncia para aportar la nueva información.

El trámite se realizó en Santander, donde reside, y la documentación ya ha sido remitida a Tenerife. Según la información que ha recibido, los investigadores han solicitado documentación relacionada con la perrera por la que pasó el animal.

Cristina desconoce si la Policía se ha puesto en contacto con Chenoa, con su hermano o con la asociación que intervino en la adopción. Tampoco sabe cuánto puede durar la investigación. Por ahora, no existe una prueba de ADN acordada ni una conclusión oficial sobre la identidad de la perra. La mujer insiste en que corresponde a la Policía y, en su caso, a un juez determinar qué ocurrió.

"Yo no soy juez ni soy Dios para juzgar a nadie. La Policía tendrá que investigar y decir cómo pasó todo", señala. Cristina admite que existe una posibilidad de que el animal no sea Lola, aunque considera que es muy pequeña. Está dispuesta, afirma, a aceptar una respuesta negativa si está apoyada en pruebas. Mientras tanto, continúa esperando que le permitan comprobar si la pomerania que vio en televisión es la misma que desapareció de Tenerife en abril de 2024.

"Los perros no se olvidan de sus dueños", concluye. "Si es Lola, me va a reconocer".

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