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Medioambiente

Canarias necesita triplicar sus zonas verdes urbanas

El Archipiélago presenta 3,5 m² de zona verde por habitante, muy por debajo del umbral recomendado por Organización Mundial de la Salud

Sombra en parque Juan Pablo II

Sombra en parque Juan Pablo II / José Pérez Curbelo / LPR

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El cemento ha ido ganando terreno a la naturaleza en las ciudades canarias. Calles, plazas y otros espacios urbanos se han convertido en superficies donde cada vez es más díficil encontrar sombra frente al calor, absorber el agua cuando llegan las lluvias intensas o dejar espacio para la rica biodiversidad del Archipiélago. Paradójicamente, a pesar de ser conocida mundialmente por sus espectaculares paisajes y monumentos naturales, Canarias presenta una media de 3,5 metros cuadrados de zona verde por habitante, mientras que la Organización Mundial de la Salud fija el umbral saludable entre 10 y 15 m2.

Ante esta brecha, la Consejería de Política Territorial, Cohesión Territorial y Aguas junto a Gesplan ha desarrollado un proyecto de renaturalización urbana que pretende ofrecer a los municipios herramientas para recuperar espacios para la naturaleza y hacer de ella una aliada frente a los principales retos ambiantales de las ciudades. La iniciativa se articula a través de un manual con propuestas de actuación, un catálogo de vegetación auctóctona y recursos para que puedan adaptar soluciones a las características de cada Isla y cada entorno.

"El primero de los objetivos es asesorar a los técnicos y técnicas municipales a la hora de abordar esos espacios urbanos que necesitan una renaturalización", explica Onán Cruz Díaz, director general de Ordenación del Territorio y Cohesión Territorial. La herramienta, dirigida también a cabildos, otros organismos públicos y particulares, pretende servir de guía de aplicación práctica tanto para las zons que necesiten recuperarse como para el diseño de nuevos proyectos. Una de las claves, por ejemplo, es que aporta información sobre qué vegetación autóctona plantar y dónde hacerlo. "Son especies ya aclimatadas a nuestras islas, especies ya aclimatadas a nuestras ciudades, que necesitan un riego mínimo y unos cuidados mínimos", señala el director.

Una ciudad más habitable

Es un hecho que las consecuencias del uso excesivo del hormigón ya se perciben en el día a día: calles cada vez más vacías durante las horas de mayor calor, trabajadores al aire libre cuya actividad ya está considerada de riesgo durante episodios extremos o una reducción del uso del espacio público por parte de colectivos más vulnerables, como las personas mayores y la infancia. "Si reducimos esa vulnerabilidad con sombra, con elementos de infraestructura azul como pueden ser fuentes y demás, la gente podría relacionarse más, se podría usar más el espacio público", explica Cristian Cabrera, geográfo responsable del proyecto. La guía, elaborada desde un enfoque multidisciplinar, plantea que las zonas verdes deben dejar de entenderse como un elemento meramente ornamental y estético para convertirse en una pieza estratégica de las ciudades.

Por otra parte, esta transformación también responde a la necesidad de preparar los entornos urbanos frente a episodios extremos cada vez más frecuentes. "Si hay una lluvia fuerte, el tener todo pavimentado implica que el suelo no pueda asumir esa carga de agua y nos produce todos los riesgos de inundación que estamos teniendo constantemente", detalla el geografo. Pone de ejemplo la situación que se vivió el pasado año en Salinetas, en Telde, donde las lluvias torrenciales provocaron inundaciones y dejaron imágenes de vehículos arrastrados por el agua.

Destrozos causados por las lluvias en Telde

Destrozos causados por las lluvias en Salinetas | 03/03/2025 / Andrés Cruz / LPR

Frente a estos escenarios, recuperar suelo permeable e incorporar vegetación permite que las ciudades tengan mayor capacidad para absorber parte de esas precipitaciones y reducir su vulnerabilidad ante las emergencias. "No necesitamos destruir o tirar abajo el soporte edificado", afirma. Lo ideal, sostiene, es aprovechar esos pequeños espacios que ya existen en las ciudades para convertirlos en un lienzo sobre el que integrar la naturaleza en los entornos urbanos.

La naturaleza como inversión

Todas las propuestas que recoge la guía nacen de una misma idea: renaturalizar no significa necesariamente construir más, sino aprender a aprovechar de otra manera lo que ya existe. Precisamente por eso, el coste es uno de los aspectos que el proyecto invita a analizar desde una perspectiva más amplia. Según Cabrera, uno de los principales frenos es la percepción de que renaturalizar las ciudades implica asumir un gasto añadido para las administraciones. Sin embargo, el coste no puede medirse únicamente por la inversión inicial, sino también por los recursos que requerirá cada solución a largo plazo y por el ahorro que puede generar su mantenimiento.

Una de las deciciones clave está en la elección de la vegetación. «El coste de las especies autóctonas, tanto en su compra como en su mantenimiento, es mucho menor que el de todas las especies exóticas que se implantan en el territorio», explica Cabrera. Al estar adaptadas a las condiciones climáticas de las islas, estas especies necesitan menos agua y cuidados, lo que permite reducir también los recursos destinados a mantenerlas. La misma lógica se aplica al espacio urbano: aprovechar infraestructuras y lugares que ya existen permite incorporar naturaleza sin tener que crear nuevos espacios desde cero.

En Canarias, donde el suelo disponible y la presión urbanística limitan las posibilidades de seguir creciendo, esta estrategia cobra especial importancia. El objetivo no es ganar nuevo terreno al territorio para crear más ciudad verde, sino transformar progresivamente la ciudad que ya tenemos: sus cubiertas, solares, medianas, plazas o calles. El reto pasa por conseguir que estas actuaciones formen parte de la planificación urbana habitual, entendiendo que renaturalizar no consiste simplemente en plantar más, sino en diseñar ciudades capaces de convivir mejor con la naturaleza. "Tenemos que empezar a pensar en cómo queremos que sean nuestras ciudades en los próximos años", plantea Cristian Cabrera. La renaturalización aparece así no como una cuestión estética, sino como una forma de anticiparse.

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Fuente: El Día - La Opinión de Tenerife

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