Decenas de personas eligen el Teide para disfrutar del eclipse: "Ha sido un plan improvisado de verano"
El Observatorio de Teide y un grupo de aficionados se reunieron para observar el fenómeno astronómico, el primero de una triada en más de veinte años

María Pisaca
Poco antes de las ocho de la tarde, la Luna ya ha mordido casi tres quintos de un Sol que lucha por desaparecer en el horizonte entre el Teide y La Palma. A 2.390 metros de altitud, y bajo la atenta mirada del Teide, la observación de un eclipse parcial se convierte en una experiencia onírica. A las ocho y media y tras dos horas de ‘danza’, la Luna se despide de un Sol que trata, a duras penas, de recuperar su brillo antes de esconderse bajo el manto del mar de nubes. Mientras el resto de España vive su primer eclipse solar en un siglo, uno de los puntos más altos de Canarias se ha convertido en un enclave único para disfrutar de un fenómeno tan inusual que no llegará a ser total en las Islas hasta dentro de 161 años, en 2187.
Aunque Canarias no ha sido uno de los puntos más favorecidos de España para ver el eclipse de este año –el primero de una triada–, la expectación es máxima. No en vano, en más de veinte años Canarias no había visto a la Luna engullir tanta porción de Sol. En el Observatorio de Teide, un grupo de entusiastas de la ciencia y algunos científicos del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) se reúnen en torno a los grandes telescopios que duermen cada día al frío de la montaña de Izaña. Aunque hoy, esos gigantes de la astronomía –muchos de ellos dedicados precisamente a la observación solar– no son los protagonistas. De hecho, a los científicos les basta con unas gafas homologadas para poder presenciar cómo, sin prisa pero sin pausa, la Luna tapa el Sol hasta convertirla en una sonrisa.
Restricciones al tráfico en Las Cañadas
En Las Cañadas del Teide hay más silencio que de costumbre. Las restricciones al tráfico del Cabildo de Tenerife han hecho casi imposible poder contemplar el eclipse desde la cumbre; pero no imposible. Son muchos los que decidieron subir antes del cierre para no perdérselo. Es el caso de cuatro amigos que decidieron, en último momento, acudir al Teide para disfrutar del eclipse y el espectáculo de las perseidas. «Mi madre me consiguió las gafas hace un par de semanas y creimos que era buena idea venirnos», explica Andrea Méndez. Junto a Iván Rocha, se sienta en el murito de uno de los parking del Parque Nacional. «Hemos traido de todo: agua, comida y hasta cartas, para matar el tiempo mientras esperamos», explica Méndez.
Lo mismo han hecho Estefanía Pizarro y Carlo Bortulik, quienes además han acudido a la zona provistos con una cámara para «hacer videos de la lluvia de estrellas». «No podré hacerlo del eclipse porque no he conseguido los filtros adecuados», revela Bortulik.
La Luna comienza a cubrir el Sol
Con la precisión de un reloj suizo, a las 18:58, un pequeño atisbo de la Luna comienza a danzar encima del Sol. El abrazo de la Luna es lento, pero constante, y en apenas veinte minutos consigue plasmar su forma curva sobre el Astro Rey. Media hora después, a las 19:28 horas, su interposición hace que el Sol recuerde más a una media Luna o la sonrisa pícara del gato de Chesire, de Alicia en el País de las Maravillas.
Durante el ocultamiento máximo –del 70%– la luz cae poco a poco, lo suficiente como para que empiece a soplar un aire fresco en las Cañadas. A simple vista se percibe como una puesta de sol temprana. «No hay totalidad, pero no hay un enclave mejor para ver este eclipse» , resume Jonay González, coordinador de investigación del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Para González, este acontecimiento natural, aún siendo parcial, ayuda a fomentar la vocación astronómica de la población.
Una casualidad astronómica
González admite que «cuando mejor se ven efectos, como la caída de la luz o los vientos más fríos, es cuando es durante la totalidad».Además, es precisamente durante la totalidad cuando los científicos pueden estudiar la corona solar, una de las estructuras más misteriosas del Sol. Sin embargo, el investigador considera que no existe un lugar como Canarias para disfrutar de este tipo de fenómenos, que, además, es fruto de una de las mayores casualidades de la historia del universo. «Desde la Tierra, la Luna tiene el tamaño aparente del Sol . Y esto solo ocurre porque la luna está 400 veces más cerca que el Sol y el tamaño del Sol es 400 veces más grande que el de la Luna», resume.
Una hermosa casualidad que los canarios podrán volver a disfrutar (y con mejores vistas) en apenas un año. Será el 2 de agosto de 2027 cuando la Luna se interponga para abrazar con aún más fuerza al Sol y los isleños regresen a sus orígenes para mirar con entusiasmo la cúpula celeste.
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Fuente: El Día - La Opinión de Tenerife
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