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Opinión

¿Qué sería de la Iglesia sin el Carnaval de Las Palmas?

Qué buen Carnaval tenemos, donde la tolerancia campa a sus anchas, donde no hiere quien quiere sino quien puede

Obispos, monjas, sacerdotes y reporteras en el entierro de la sardina del Carnaval de Las Palmas de 2024

Obispos, monjas, sacerdotes y reporteras en el entierro de la sardina del Carnaval de Las Palmas de 2024 / JUAN CASTRO

El carnaval evoluciona como el mundo. El carnaval es vida: nace, crece, se reproduce y muere. Me he sentado delante de esta hoja en blanco, y debido a mi popular desviación sexual, me ha surgido la idea de unir Carnaval y religión. Por supuesto, uno sin el otro no pueden estar. El Carnaval nació como la semana de la carne y deseo anterior a la cuaresma, donde los feligreses podían desbocarse a comer, beber y festejar antes de los cuarenta días de ‘ayuno’. De ahí que el martes de carnaval sea justo antes del miércoles de ceniza, cuando los palmenses, después de haber hecho cola en San Blas, debemos quemar el hilo para protegernos de no sé qué enfermedades de garganta.

Pues me he barruntado, y sé que es ostentoso, qué sería de la Iglesia sin el carnaval y el carnaval sin la Iglesia y a su vez estos dos sin el colectivo LGTBIQ+. No hay virgen que no vistamos ni hay Carnaval que no nos divierta más. Comer carne y oración, las dos de rodillas.

Los velatorios de Piedra Pómez

Pero con la Iglesia topamos. Ya pasaron aquellos tiempos donde hacer un carnaval sacrílego era hasta bien visto. Aquí en Canarias, no hay viudas sin curas ni obispos, sin velatorio, cruces y demás iconografía religiosa, y no hemos sido denunciades por abogados cristianos. No sé si recordarán aquellos velatorios orquestados por los grandes Piedra Pómez. No recuerdo nada igual. Gobernaba en aquella época Pepa Luzardo, ha llovido y la sardina tenía hasta nombre… ¡Luzardina! No se me olvidará nunca. Nos reuníamos las plañideras en la playa de Las Canteras para quemar al pescado, no sin antes escuchar a los sermoneadores. Geniales.

Debo decir algo que me enorgullece, qué buen Carnaval tenemos, donde la tolerancia campa a sus anchas, donde no hiere quien quiere sino quien puede.

Queridites, queda poco para la fiesta y nada para que Don Carnaval nos sumerja en su embriagador deseo con respeto y devoción.

Como dijo María Antonieta: «Tengo más noches de Carnaval que el camión de la basura».

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