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La historia de Los Caribe: la comparsa de La Isleta pionera en el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria

La agrupación surgió en el barrio de La Isleta y fue referente para las que vinieron después

Juan Guingue, cofundador de la comparsa Los Caribe, en el Castillo de La Luz.

Juan Guingue, cofundador de la comparsa Los Caribe, en el Castillo de La Luz. / ANDRES CRUZ

Las Palmas de Gran Canaria

«La comparsa surgió para romper el miedo que había al principio en el Carnaval, y parece que lo hemos logrado», comenta con rotundidad Juan Domínguez, más conocido como ‘Guingue’, uno de los fundadores de Los Caribe, agrupación pionera del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria.

Cuando la fiesta cumple en esta edición 50 años, él matiza que en su caso lleva uno más, tomando en cuenta la etapa de la clandestinidad. «En el 75, como el miedo estaba aún presente, fuimos preparando el ambiente para lo que vendría después». ‘Guingue’ se refiere a la aparición de la comparsa durante la Cabalgata de Reyes. «Se movilizó mucha gente, no solo de La Isleta, sino de toda la Isla. Íbamos de frutas tropicales, pero no se nos ocurría ir pregonando la palabra Carnaval».

Aquello fue la antesala de la gran actuación que los 70 integrantes de Los Caribe harían un año después, inaugurando las fiestas oficiales el 1 de marzo de 1976. Juan echa la mirada atrás y hacia el Castillo de La Luz desde el recuerdo y con múltiples anécdotas.

Los Caribe, en 1976 en calles de La Isleta

Los Caribe, en 1976 en calles de La Isleta / Archivo La Provincia

Rememora cómo se vivió en La Isleta, y en toda la ciudad, la salida de la fiesta de la clandestinidad y lanza un especial recuerdo a Juan Carmelo Martel, su ideólogo, ya fallecido. «Era un gran conocedor del mundo de las comparsas y el tío más alegre que he conocido».

Martel le lanzó la propuesta. «Como era músico, me pidió que me hiciera cargo de los arreglos, de las voces y los ritmos». Con experiencia a sus espaldas en agrupaciones folclóricas, como Los Sancochos, la labor de reunir a gente que formara parte de la comparsa había comenzado.

Otro recuerdo fue para su mecenas, Manolo García, quien fuera presidente de la Asociación de Vecinos de La Isleta. «Nos echó una gran mano, nos patrocinaba y nos dejaba hasta las llaves del Castillo de La Luz para ensayar».

Recuerda que, con él al frente del Patronato organizador de la fiesta llegaron a mandar una carta al Gobernador Civil. «Manolo le preguntó, incluso, por qué en Tenerife sí era posible que tuvieran Carnaval y aquí no. Le contestaron que allí se hacían Fiestas de Invierno. Manolo le contestó con picaresca que aquí queríamos hacer lo mismo».

La evolución de la fiesta

Con esa mirada que solo los años da, Juan ‘Guingue’ reflexiona sobre la evolución de la fiesta en estas cinco décadas. «Ha cambiado a mejor, hay más dinero y hay más instituciones implicadas». En aquel entonces, compara, el Carnaval era promovido y costeado por los propios vecinos, a los que poco a poco se fue sumando el Ayuntamiento.

«Ahora hay muchísimas comparsas, y hasta se hacen concursos, pero he de decir con todo respeto que antes se trabajaba más en la música y los coros en directo», subraya el histórico carnavalero. «Eso sí, los vestuarios sí que están muy superados».

Portada del disco que grabaron con 10 canciones.

Portada del disco que grabaron con 10 canciones. / Archivo familiar

La importancia de Los Caribe fue tal que hasta llegaron a grabar un disco. «Lo hicimos en Tenerife. Llevamos a más de 50 personas, pero como no todos tenían buen oído musical y no cabíamos en el estudio, a los que no estaban bien afinados les invitamos a que conocieran la ciudad y nos quedamos solo 15 o 20», recuerda a modo de broma.

Juan no es ajeno a la polémica vecinal por la música que eventos como el Carnaval han generado en los últimos meses. «Ya hay quien se opone en La Isleta hasta a los voladores tradicionales cuando la virgen del Carmen sale de madrugada durante nueve días». No lo entiende y aboga por más tolerancia, «al menos solo como una forma de conservar la tradición».

El antiguo comparsero ya vive el carnaval de otra manera. De vez en cuando coge la guitarra que tiene en casa «solo para afinarla» y asegura que la fiesta «se ve muy bien también desde casa». Solo un hijo murguero le hace pisar de nuevo el parque Santa Catalina y participar en los actos de homenaje; pero lanza un deseo, «que la fiesta dure muchos años más, otros 50, aunque yo no lo vea, pero sobre todo que el pueblo sigua colaborando con ella.

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