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CB GRAN CANARIA

Descalabro total y miedo real del CB Gran Canaria a 675 centímetros del aro

Los amarillos naufragaron cuando dependían de sí mismos para casi salvar la categoría en otra noche horripilante desde el triple, una suerte que le volvió a castigar como le ha ocurrido muchas veces este curso. En el partido clave y en el momento más importante, al cuadro grancanario le tembló la muñeca y vuelve a otear el infierno

Willy Villar se toca la cara durante un momento del partido que midió al CB Gran Canaria con el Manresa.

Willy Villar se toca la cara durante un momento del partido que midió al CB Gran Canaria con el Manresa. / José Pérez Curbelo

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Cristian Gil Fuentes

Cristian Gil Fuentes

Las Palmas de Gran Canaria

Negados en el día clave. El triple se convierte, de nuevo, en uno de los potros de tortura de un Dreamland Gran Canaria que se ahogó desde el 6,75. La noche aciaga para un proyecto muerto, que va a tener que encomendarse a las derrotas de sus rivales e intentar ganar al Valencia para no caer al infierno. La relación del Granca con el triple a lo largo de esta campaña ha sido bastante tóxica. Desde el punto de vista puramente estadístico, llegó a transformarse en una tara que muchos adversarios utilizaban en su favor para sacar cierta ventaja, una cuestión que se traducía, en algunas ocasiones, en una defensa un pelín más cerrada en la pintura para asegurar un mayor dominio de la parcela reboteadora.

También se hizo notar en lo anímico, ya que un arma de esta magnitud, teniendo en cuenta la alta velocidad a la que se juega hoy en día y el valor neto de los tiros desde el 6,75, que es muy grande, es capaz de cambiar dinámicas con mucha facilidad. Sin embargo, los jugadores claretianos no han conseguido, hasta la llegada del Che García, encontrar estabilidad ahí, en un aspecto que es vital. Al cuadro grancanario le faltó más regularidad en dicha faceta; también le faltó, probablemente, contar con un especialista más claro en esta materia cuando confeccionó la plantilla durante el verano o con un microondas para el banquillo. Pero sin todo eso hubo que remar, pese a que la directiva prefirió, en muchos momentos, mirar hacia el pasado en lugar de solucionar los problemas del presente.

28 minutos para anotar desde fuera

Así las cosas, el Gran Canaria se presentó en el Arena en el último partido del curso en casa con una idea clara: ganar al Manresa para casi cerrar media permanencia. Dependía de sí mismo para todo a dos jornadas del final. Aun así, las muñecas temblaron, como en otras tantas ocasiones este año. Los insulares perpetraron un cero de doce en triples dantesco en la primera mitad del choque. Ni Brussino, ni Robertson, ni Wong ni Metu fueron capaces de romper la sequía, mientras el Manresa jugó algo más inteligente y consiguió aprovecharse del desquicie de los locales con los árbitros. Y después del tiempo de descanso, casi sin darse cuenta, fueron cediendo el terreno para encomendarse a una nueva heroicidad, como en Lleida hace menos de una semana.

Es en esos instantes de dudas donde diez puntos pesan algo menos con una pizca de acierto. El Granca naufragó con estrépito. La ventaja catalana creció y el cuadro amarillo no pudo hacer nada con su ataque para poder arreglarlo. De hecho, pasaron 28 minutos y 13 lanzamientos hasta que Isaiah Wong anotó el primer triple del choque, un guarismo que refleja bien lo que ha sido este equipo en los últimos seis meses: un quiero y no puedo que ha intentado dar un volantazo demasiado tarde. Ya luego, con el Manresa ya en ritmo, pesaron otras cosas, como el nerviosismo. Ningún jugador quería mirar al aro, los pases no se daban al sitio correcto y el nivel de positividad disminuyó; el cuadro que arrasó al Canarias se esfumó. Todo ello, conectado con el triple, con ese recurso que te levanta o te hunde en las situaciones límite.

Las prisas nunca son buenas

Se intentó arreglar con prisas y sin cabeza, tirando del talento de los jugadores. Al final, sí entraron más lanzamientos desde más allá del arco, aunque a destiempo. En los últimos minutos, los ataques isleños fueron una concatenación de individualidades dura de ver por la ansiedad total que sumió a un Gran Canaria Arena que volvió a cantar el ‘directiva dimisión’.

Sin triples, el éxito siempre es más costoso, algo que bien sabe este Granca, que está de nuevo en un alambre en el que se ha metido por méritos propios y que puede llevar a una entidad campeona de Europa a la mayor debacle de su historia. Todo el patrimonio de más de 30 temporadas se puede ir por el sumidero.

Permanencia televisiva

Ahora todo depende de Andorra y de Zaragoza, por lo que habrá que estar, por desgracia, pendiente de la televisión. Es bastante triste, pero la realidad ha atropellado a un Granca que va a necesitar toda la ayuda posible para sobrevivir.

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