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Los pecados capitales de Willy Villar en el descenso del CB Gran Canaria

La ineficacia en los fichajes, la mala planificación deportiva y la tardía destitución de Jaka Lakovic agravaron la situación del club

Willy Villar en una imagen de archivo.

Willy Villar en una imagen de archivo. / CB Gran Canaria

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Santiago Icígar

Santiago Icígar

Las Palmas de Gran Canaria

La ausencia de Willy Villar en la rueda de prensa del anuncio de la no continuidad de Sitapha Savané como presidente del CB Gran Canaria deja a las claras que su continuidad al frente de la parcela deportiva del Granca tiene límite de caducidad. La inesperada pérdida de categoría de un club que contaba con el aval de tener el séptimo presupuesto más alto de la ACB le ha pasado una factura que ha empañado su labor al frente de la dirección deportiva durante los tres cursos anteriores, que él mismo calificó en varias ocasiones como «trienio dorado», en los que la entidad claretiana logró como principales éxitos deportivos un título y un subcampeonato de la Eurocup, ser semifinalistas de la Copa del Rey, clasificarse de forma consecutiva durante tres años para la disputa del torneo del KO y para el Playoff por el título.

Nada que objetar a esos tres años en los que al igual que en la presente campaña, aportó su granito de arena para lograr todos esos objetivos, al igual que Jaka Lakovic al frente del banquillo o Sitapha Savané como presidente, que le valieron para extender su contrato hasta la próxima campaña.

El cambio de la Eurocup a la BCL

Sin embargo, todo se torció esta temporada. La decisión del club de cambiar la Eurocup por la Basketball Champions League hizo que en cierta forma que se minusvalorara el cambio de competición, que si bien en principio parecía que iba a mejorar económicamente los ingresos del club y permitiría a los jugadores gozar de un mayor descanso por su calendario, venía acompañado de un dardo envenenado como era la necesidad de tener que contar con cinco cupos en lugar de cuatro. La incapacidad, en gran parte por la complejidad del mercado, para encontrar cupos de nivel, sumado a que Carlos Alocén por su recuperación de rodilla no iba a poder jugar hasta el mes de enero como pronto, ya comprometía la presencia de una de las cinco piezas necesarias para poder competir en la BCL. Eso sumado a que Jaka Lakovic sólo acostumbraba a utilizar a 10 de los 12 jugadores convocados, les llevó a subir al primer equipo a Lucas Maniema y a utilizar como comodín a Eetu Heinonen, cuya única función era la de sentarse en el banquillo para ver los partidos. Esa situación obligaba a dejar en cada convocatoria a un jugador profesional fuera para poder cumplir con la norma.

El cambio de Shurna por Labeyrie

La decisión traumática de no renovar a John Shurna, que generó numerosas críticas de la afición se agravó por la elección de Louis Labeyrie como reemplazo. El francés, con su carácter cínico y su pasotismo no sólo no encajó en el vestuario amarillo, sino que tampoco conectó ni con la grada ni con un Jaka Lakovic que no daba con la tecla para encajarle en su sistema.

La renovación del núcleo duro de la plantilla, sobre todo las figuras de Andrew Albicy y Mike Tobey también le salió rana, ofreciendo ambos un nivel muy alejado del que les tenían acostumbrados. Además, se anunció que se había construido una plantilla para ser más física y elaborar un juego más rápido y moderno, cuando la evolución de las jornadas demostró todo lo contrario, pasando a ser el equipo más lento de la ACB y el que menos puntos anotaba.

La solución a la lesión de Salvó

Ante la falta de puntos y de resultados, con la lesión de Miquel Salvó, al no encontrar a un tres que fuera cupo, Villar optó por deshacerse de Braian Angola y fichar a Kassius Robertson, un cambio que nadie entendió, al cargarse a un jugador, el colombiano que no tardó en reivindicarse en todo un equipo de Euroliga como el Asvel, mientras que el escolta canadiense hacía un partido bueno y cinco malos, además de no mejorar los paupérrimos porcentajes del equipo en el tiro exterior.

Su apuesta por fichar a Chimezie Metu tras su lesión de Aquiles a la larga le dio la razón, convirtiéndose al menos en el aspecto ofensivo en una de las principales armas, sobre todo en la recta final de la temporada, sobre todo tras el cambio de entrenador.

La continuidad de Jaka Lakovic a pesar de los resultados

La falta de sintonía de Jaka Lakovic con la plantilla por la pérdida de fuerza de su mensaje que no calaba en sus jugadores, incluso en los integrantes de su vieja guardia pretoriana, no era reconocida por el director deportivo claretiano, que se aferró como un clavo ardiendo al trienio dorado para justificar una continuidad del esloveno que no entendía nadie y que desató la ira del respetable con gritos de directiva dimisión tras cada partido.

La decisión tardía de relevar a Lakovic y la llegada de Néstor Che García cambió radicalmente el juego del equipo al aportarle un aire de libertad y de cierta anarquía, en el que salió a la luz el mejor Isaiah Wong y el carácter de líder de Nico Brussino, pero la efervescencia de la revolución del comandante no le bastó para evitar el triple empate final que les condenaba al descenso.

Tampoco le ayudó a su imagen su enfrentamiento dialéctico en la sala de prensa del Baskonia con un periodista vitoriano que fue grabada en vídeo y que se viralizó.

La prueba de Balvin

Cierto es que el argentino demandó el fichaje de un base que mejorase la anotación y diera fluidez en el juego y un pívot que aportase más físico y presencia en la pintura, sin embargo, la solución de Villar fue traer a Brandon Jefferson que obligaba a dejar fuera de la rotación a Kur Kuath, con lo que el equipo contaba con un sólo cinco natural, Tobey, con los peores números de su carrera y encima el nuevo base tampoco justificó su fichaje ni por puntos ni por aportar más creatividad al juego del equipo. Mientras Villar decía que no había ningún pívot comunitario en el mercado, Zaragoza, Joventut, Girona y Tenerife sí que lo encontraban, siendo su solución traer a Ondrej Balvin a prueba a la Isla, para devolverle a Praga una semana después bajo el pretexto de que no convenció al cuerpo técnico.

La falsa leyenda urbana que pesa sobre él

A pesar de que existe la leyenda urbana de que Willy Villar descendió al Zaragoza y al Estudiantes, la realidad poco o nada tiene que ver. En el conjunto maño no tuvo ningún descenso bajo su gestión, llegó a la capital maña en 2009 con el objetivo de devolver al equipo a la ACB y lo logró esa misma temporada un histórico tercer puesto en la 2012-13.

En cuanto a su paso por el equipo estudiantil, llegó en 2016, después de que el equipo descendiera la temporada anterior, pero fue repescado por la imposibilidad del Palencia y del Melilla de asumir las exigencias económicas de la ACB. Su peor momento en el club se produjo en la 2019-20, durante la pandemia, en la que los madrileños iban últimos en el momento del parón de la competición, por lo que nunca llegó a producirse un descenso de categoría. La pérdida de categoría del Estu se produjo en mayo de 2021, pero Villar ya había fichado por el Granca en julio de 2020.

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