CB GRAN CANARIA
Christian Díaz y Fran Guerra, el acento local del nuevo CB Gran Canaria (II): "En Ourense nos hicimos virales; con una mirada, nos entendíamos"
Los dos representantes de la canariedad en el club claretiano rememoran su temporada en Ourense, el único año que han jugado juntos en el mismo club hasta el momento y donde mostraron una gran química. Además, recuerdan cómo mantuvieron el contacto tras dejar Galicia hasta reencontrarse de nuevo y dan sus primeras impresiones sobre lo que supone trabajar con Bruno Savignani
Christian Díaz y Fran Guerra, los dos únicos grancanarios de la primera plantilla del CB Gran Canaria / José Pérez Curbelo
Dos amigos que se reencuentran tras nueve años de caminos separados. Christian Díaz y Fran Guerra jugarán juntos la próxima temporada en el CB Gran Canaria, el club de su tierra. El base, tras salir del filial amarillo, tuvo que picar piedra para llegar a la élite, mientras que el pívot se curtió en la Primera FEB hasta convertirse en un pilar del eterno rival, el CB Canarias. Ahora, ambos cumplen el sueño de defender el escudo que anhelaban desde sus inicios. La última vez que compartieron vestuario fue hace una década, en la temporada 2016-17, con el Ourense, una etapa en Galicia que unió lo que nunca debió separarse.
Christian Díaz explica cómo se gestó este reencuentro: "Fran me contactó antes de venir. Yo estuve allí una temporada, ascendí, me fui a Huesca y volví. Como el entrenador era el mismo, me preguntó por la ciudad, el club, el tema de los pisos y, sobre todo, por el clima. Le preocupaba mucho (risas). Para mí fue peor en Lugo; en Ourense nos tocó un año en el que, por suerte, apenas llovió".
En lo estrictamente deportivo, aquel curso en Galicia dejó un gran sabor de boca. "Fue un año muy bueno", recuerda el base. "Hicimos mucha piña, los americanos se integraron bien y lo pasamos genial. Llegamos al playoff, aunque caímos ante el Oviedo de Miquel Salvó". Fuera de la pista, la rutina pasaba por el Counter Strike, un videojuego multijugador de disparos en primera persona. "Íbamos por las tardes a casa de Christian para jugar y nos quedábamos a dormir allí", apuntan. Las partidas incluían a Devin Wright y al ruso Dmitri Flis, de quien afirman entre risas que "era el mejor jugando y se ponía a hablar en ruso para asustarnos".
Una química que no se ha perdido
Los dos grancanarios demostraron en la antigua LEB Oro una conexión que le facilitó la vida al técnico Gonzalo García de Vitoria. "Vengo de años complicados y, como le comentaba el otro día a Óscar Alvarado, compartir pista con alguien que entiende el baloncesto como tú te facilita todo", explica Díaz en referencia a Fran Guerra. "Con una sola mirada sabes lo qué va a hacer. Eso te hace mejor jugador a ti y al resto. Ya se lo decía en Ourense: jugar con Fran es muy fácil".
Por su parte, Guerra destaca cómo esa conexión se traducía en espectáculo puro. "Christian y yo sacábamos mucho partido de lo que yo había aprendido en la Liga Endesa junto a veteranos como Germán Gabriel o Marko Banic. Nos hinchábamos a alley-oops. Su mano buena era la izquierda y mi pierna de salto, la derecha. Siempre salíamos en los highlights de las redes, nos hicimos virales. Yo le ponía un buen bloqueo y él me la ponía con la zurda exactamente donde debía. Teníamos nuestras propias jugadas, era pura complicidad".
El tiempo no ha oxidado esa conexión. Aunque el exjugador del Breogán bromea diciendo que "ahora los alley-oops cuestan un poco más y buscamos nuevas soluciones", el pívot internacional lo tiene claro: "El otro día me dio un pase por la espalda y, solo con cruzar la mirada, ya sabía que me la iba a dar así. Es pisar la pista y saber por dónde van a ir los tiros".
Una amistad forjada a distancia
Tras dejar Ourense, tomaron rumbos dispares. Díaz ascendió con el Breogán y se consolidó en la ACB, mientras que Guerra brilló en Melilla y Mallorca antes de asentarse durante siete años en Tenerife. Pese a la distancia, las redes sociales mantuvieron vivo el vínculo. "Nos escribíamos por Instagram a menudo. Además, cuando Fran fue a jugar la Copa del Rey a Granada, aprovechamos para vernos", señala el base, aclarando su nula influencia en el fichaje de su amigo: "Mucha gente me pregunta si tuve algo que ver, pero decidí no escribirle porque estaba en Estados Unidos y no lo veía conveniente".
El destino pudo unirlos antes, pero en la isla vecina. "Una vez mi agente me comentó que había un hueco en Tenerife por una lesión. Fue algo muy fugaz. Yo tenía contrato con el Granada, sin cláusula de salida, y allí el puesto estaba más que cubierto con Marcelinho Huertas", confiesa Díaz.
El sueño de ambos de jugar juntos de nuevo se hizo esperar hasta este verano. "Al ser de la misma agencia, la de Juan Lasso, yo le iba tanteando a través de mi representante", relata el base. "Fran me decía que estaba algo agobiado, y yo intuía que algo se estaba cociendo. Al final, me enteré porque un aficionado me puso por Instagram: 'Oficial Fran Guerra'". El pívot asiente: "Recibía muchísimos mensajes preguntándome si iba a firmar por el Granca. No podía decir nada hasta que el club lo hiciera oficial, pero la intención siempre estuvo ahí".
Jugar en el Arena en calidad de visitante
Ambos saben lo que es pisar el Gran Canaria Arena en calidad de visitantes. Para Guerra, vistiendo la camiseta del eterno rival en los derbis canarios, la sensación era agridulce: "Los derbis siempre han sido especiales. Al final, venía a jugar a Gran Canaria defendiendo al Tenerife, pero pisaba la pista donde siempre había querido estar. Eso te daba un plus. Salía contento porque ganaba defendiendo mi camiseta, pero es cierto que aquí jugaba extra motivado".
Díaz, que visitó la Isla con Breogán y Granada, compartía esa extrañeza. "A mí se me hacía raro venir, porque asociaba a Gran Canaria con verano y vacaciones. Mi sueño siempre fue vestir de amarillo, así que me consolaba sabiendo que, al menos, estaba jugando en casa, delante de mi gente. Esa espinita clavada me daba un plus de motivación. Siempre perdía, pero jugaba bien (risas)".
Curtidos en el barro de la Primera FEB
La Primera FEB (antigua LEB Oro) es una categoría casi inédita para un Granca que lleva 31 años sin pisarla, pero no para ellos. Díaz, con 450 partidos en competiciones FEB, advierte: "Es una liga muy tramposa, puro barro. Pensaba que el físico de la ACB me iba a costar más, pero resulta que allí la pista se hace más grande. En la Primera FEB hay menos espacios para penetrar, el juego es más sucio. Tienes que adaptarte a eso".
"Con todo el respeto, vas a ciertos pabellones que son auténticas encerronas. Se mete todo el pueblo a presionar, y me hacía preguntarme dónde me había metido", añade el base. "Esos son los partidos que te pueden costar el ascenso. Contra un rival directo sabes a lo que vas, pero tienes que mantener esa misma mentalidad contra los equipos de abajo". Guerra refuerza el análisis: "Es una competición durísima. Recuerdo sufrir defendiendo a Guille Rubio en unos playoffs con el Granada. Aunque lleve siete años sin jugarla, la he seguido de cerca y no es nada fácil competir en ella".
La dirección deportiva claretiana ha apostado por una plantilla experimentada en la categoría, con Pierre Pelos y Carlos Alocén como excepciones que confirman la regla. "Tenemos la suerte de que muchos la conocen. Y los que vienen de ACB tienen un talento descomunal. Pierre Pelos, por ejemplo, parecía Kevin Love en su mejor momento", confesaba un Díaz sonriente. Por otro lado, Guerra lanza un aviso a navegantes: "No diré que somos favoritos, pero somos un club de tal magnitud que los rivales van a salir a jugar contra nosotros extramotivados. Es como sí fuéramos el Real Madrid".
El método Savignani
Para ambos, a diferencia de varios jugadores del plantel, esta es su primera experiencia a los mandos de Bruno Savignani. Tras sus primeras impresiones, perfilan al brasileño como un técnico tan exigente como cercano. "Nos está pidiendo muchísimo: intensidad, ritmo, correr... Me gusta porque es un entrenador muy humano, que se preocupa por la persona y no solo por el deportista", destaca Díaz. "Te exige, pero te cuida. Ya demostró en el Burgos que sus equipos son aviones. A mí, con 34 años, me cuesta un poco más, pero es mucho más fácil acatar las órdenes de alguien que se preocupa por ti que de alguien que va con el látigo. El vestuario es tan sano que nos podemos tirar horas hablando después de entrenar".
Guerra coincide en el diagnóstico: "El trato con el jugador es excelente. Es un técnico que dialoga, que tiene buena comunicación con todos, aunque te exija ir al límite. Yo estaba acostumbrado a otro tipo de baloncesto, pero desde que llegó me dejó claro que me iba a pedir máxima intensidad, siempre desde el diálogo, para ayudarme a adaptar mi juego".
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