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Cuestión de talento

Ángel Pérez

Ángel Pérez

Cuentan las Sagradas Escrituras que "el que lo escondió en un hueco, fue desterrado a las tinieblas". Y es que el talento debe ser mostrado para que crezca. Pero puntualicemos: puedes bailar sevillanas, cantar boleros o pintar al óleo, pero no por eso tienes talento. Debes destacar, distinguirte, sobresalir, diferenciarte. Y más, sólo crece lo que existe, es decir, que quien no tiene talento, no lo tendrá y debe asumirlo. Tu maestro, tu academia, no tienen el don de dotarte de talento. No digo que no puedas mejorar el taconeo, el repertorio de Los Panchos, o las técnicas del impresionismo, pero no todo se aprende. Los y las talentosas son pocas, escasas, escurridizas incluso para las maquinarias televisivas que idean realitys y configuran jurados de cazatalentos que pretenden descubrir excelencia cuando ellos mismos puede que no lo tengan. Tener talento es magia, ponerte frente a un cuadro y pensar que muchos pintan pero aquello es otra cosa, que muchos cantan pero aquellas cuerdas tienen algo diferente, que muchos bailan pero aquellas piernas lo hacen de otro modo, que simplemente tienen algo que les da el nombre, el honor de ser ellos. Los talentosos no son los mejores, puede que no estén en las listas de los que más venden, ni de los de más éxito, tampoco juegan en otra liga: no necesitan jugar porque en lo suyo nadie les puede ganar, porque en lo suyo cada uno es único. Lejos de los top ten, de los mejor pagados, de los más premiados, están ellos y ellas, que son pocos, que han sido bendecidos por los dioses con el don de la diferencia y que aunque no saben cantar y no saben bailar, no te los puedes perder.

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