Dayna Kurtz, voz de referencia de la nueva canción americana, regresa a Las Palmas de Gran Canaria dos años y medio después de su última visita para presentar su nuevo trabajo, Secret Canon vol.1, en el auditorio Alfredo Kraus el próximo viernes a las 21.00 horas. La artista de Nueva Jersey vuelve a cambiar de registro y se mezcla con el soul y el jazz de los años 50 y 60. Un ejercicio de arqueología musical de una artista que rehúye de los géneros y defiende el valor de la canción.

- En este nuevo disco que presenta en el Alfredo Kraus rescata antiguas canciones de jazz y soul de los años 50 y 60. ¿Existe un cambio de tendencia, del folk al soul, en esta nueva etapa?

- Trato de no poner la música en cajas ya que estoy más interesada en el concepto de canción que en el de géneros musicales. Si una canción me hace sentir, es lo que trato de tocar, de seguir esas sensaciones que produce y recrearlas. Así que si la canción vale, lo hace por sí misma, y me da igual de qué estilo sea. Una de las razones por las que me he centrado en los años 50 para este trabajo es precisamente porque que se trata de una época en la que no se habían definido del todo los géneros, en los que no se podía distinguir entre un naciente rock'n'roll y un swing, por ejemplo, ya que no había tanta diferencia entre ellos. Podía haber diferencias geográficas, no es lo mismo que lo tocaran músicos de Misisipi que de Chicago, pero no había distinción de géneros musicales. Ahora sí que se puede decir esto es jazz, esto es blues, esto que hacían era swing... pero entonces eran sencillamente canciones. Como mucho, se podía distinguir entre música de blancos y de negros. Y me gusta verlas así, sin importar cómo clasificarlas porque la buena música es sencillamente buena música.

- La música que usted hace no triunfa ni hace negocio en las radiofórmulas. ¿Es una decisión voluntaria?

- Es una pregunta difícil de contestar. Soy quien soy, no lo puedo negar, y hago lo que hago. En 1975 habría sido una artista comercial haciendo esto mismo (risas). Y creo que soy una artista muy comercial (risas) y con lo que hago intento llegar al máximo posible de público. Pero sí, entiendo que no es así. De todas formas, si yo fuera una artista que empieza tendría que tomar la decisión de ser yo misma o bien de cambiar mi música para poder llegar a las radiofórmulas.

- ¿Por qué decidió hacer suyas canciones no tan populares?

- Hubo gente que me planteó que para hacer un disco de versiones era mejor grabar estándares de jazz. Es un arte muy especial el poner el alma en una canción que todo el mundo conoce y hacerla propia. Y resulta muy difícil darle ese toque personal cuando tengo todas esas versiones de un mismo tema en mi cabeza, versiones que han hecho ya otras personas. ¿Cuántas de esas versiones realmente han quedado maravillosas y ya no tenemos mucho más que añadir? La verdad es que me resulta muy divertido sumergirme en canciones poco conocidas y encontrar aquéllas que encajan con mi forma de cantar o que arreglo para adecuarlas a mi voz. Es un ejercicio que me encanta y mucho más interesante intentarlo con temas que nadie ha recreado con anterioridad. Y creo que son temas que merecen ser interpretados. Si no, quedarían perdidos para la historia, así que quiero hacer un disco con ellos... o varios.

- En el arte y en la música existen dos formas de restauración, la de devolver el estado original de la obra y la que la reinterpreta acorde con los tiempos. ¿En qué grupo se encuadraría?

- En mi caso, no estoy restaurando nada porque no soy respetuosa con el original en la mayoría de los casos. Por supuesto, suelo respetar la melodía y soy muy cuidadosa con las letras, pero luego la hago mía, la canto a mi manera, con mayor o menor sentimiento. Más que una restauradora, me siento como un jinete que cabalga sobre las canciones. Una canción es como un animal salvaje. Solo con cantar ahora una canción que fue compuesta para una mentalidad de los años 50, o interpretar un tema que compuso un hombre pero en la voz de una mujer, ya le estamos cambiando el sentido. Hay muchísimos elementos que influyen a la hora de interpretar pero al final lo que importa es hacerlo lo más honestamente que puedas.

- Su último trabajo se ha editado con el apoyo de sus fans y a través de micromecenazgo.¿Repetiría la experiencia?

- Probablemente me vea en la necesidad de hacerlo de nuevo. No es recomendable para quienes desean vender discos. Sirve para compensar la reducción de ventas por las descargas ilegales. Por supuesto, no sustituye a la inversión de una compañía. Antes hacías un disco y sabías que había que llegar, por ejemplo, a los 200.000 discos vendidos para rentabilizar la inversión, pero ahora tardaría muchos años en vender tal cantidad de discos, debido a la gente que se los descarga gratuitamente o los escucha en Spotify sin pagar nada. Es la primera vez en mi vida que realmente me planteo que tengo que buscarme un trabajo secundario para comer. La gente puede gastar 12 euros en comprar una botella de vino, pero invertirlos en un disco les resulta impensable hoy día. El arte está muriendo, y siento que debo hablar de ello. Muchos de mis coetáneos lo están dejando, y muchísimos de los jóvenes que vienen detrás hacen uno o dos discos y luego se dedican a otra cosa. Y eso es muy triste.

- En su última visita a Gran Canaria trabó amistad con The Birkins, con quienes grabó un tema en su disco de debut.

- A decir verdad estuve con The Birkins y acepté participar en su disco, pero por motivos de agenda no pudimos grabarlo juntos así que hice mi parte en estudio y la envié. Tuve suerte, fue muy agradable y la canción resultó muy bonita.