El 16 de abril de 1973 fue un día aciago para la música española. La imponente voz de Nino Bravo se callaba para siempre en la localidad conquense de Villarrubio, en la que un fatídico accidente de coche acababa con la vida del cantante valenciano.

El pasado martes, 16 de abril, se cumplió el cuadragésimo aniversario sin el artista, pero sus canciones siguen tan vigentes como entonces. Éxitos como Libre, Un beso y una flor, Noelia o Te quiero, te quiero continúan en el imaginario colectivo y son tarareadas por generaciones que ni siquiera conocieron al artista. Sus temas permanecen anclados en el repertorio popular -y romántico- gracias a su tono personal, la cuidada orquestación de la época y la fusión pasional de su carácter mediterráneo con los cánones de la canción italiana de los años 60.

Aquella curva funesta de la entonces N-III truncó, a sus 28 años, la prometedora carrera de quien fue en vida un galán musical y tras su muerte, un cada vez más reivindicado y homenajeado artista.

Su localidad natal, Aielo de Malferit, alberga desde 2006 un museo dedicado a su vecino más ilustre, pese a que solo vivió allí los dos primeros años de su vida antes de que su familia se asentara en Valencia. Allí creció el niño al que llamaban Manolito -su verdadero nombre era Luis Manuel Ferri Llopis-, que de adolescente empezó a trabajar en una joyería mientras apuntaba ya maneras en el cante melódico, según relatan sus biógrafos, para posteriormente formar con varios amigos Los Hispánicos y, después, Los Supersons. Ya como Nino Bravo, el cantante editó cuatro discos entre 1970 y 1972: Te quiero, te quiero, Nino Bravo, Un beso y una flor y Mi tierra.

Con la ayuda de compositores como Manuel Alejandro, Augusto Algueró y El Dúo Dinámico, actuaciones televisivas de gran audiencia y participaciones en festivales internacionales -sobre todo iberoamericanos-, esos tres intensos años convirtieron a Nino Bravo en un ídolo de masas tanto en España como en el extranjero, y no solo en la América de su célebre canción: sus canciones fueron editadas en países de todo el mundo y de los cinco continentes como Alemania, Francia, Angola, Turquía y Holanda.

En una calle de la ciudad de Valencia muy cercana a su domicilio familiar, un busto de bronce de Homenaje de la juventud valenciana a Nino Bravo recibe desde 1977 el cariño de seguidores del cantante y de falleros con una ofrenda de flores hacia la voz valenciana por antonomasia.

Así, como Nino cantaba, el “ligero equipaje para tan largo viaje” y que son sus poco más de 60 canciones en cinco discos de estudios -... el volumen 5 vio la luz de forma póstuma en 1973- siguen sonando en las radios y corazones de los españoles.

Cuarenta años después de aquel funesto día, el que fue uno de los artistas más aclamados del momento yace en la ciudad que lo vio crecer, a la que él mismo podría haber cantado: “Esa será mi casa, cuando me vaya yo”.

Una cruz y tres retratos

Villarrubio, un pequeño pueblo de Cuenca, es parada obligada para quienes quieran recordar la figura de Nino Bravo. En esta localidad se produjo el accidente que le costó la vida y este trágico hecho tiene su recordatorio. Se trata de una sencilla cruz de hierro con letras pintadas en blanco y tres retratos del artista. El siniestro mortal del cantante se produjo a bordo de su vehículo, un BMW con matrícula de Gran Canaria GC-66192. Se lo había comprado en la isla aprovechando un concierto que ofreció en la capital grancanaria.

Situada a pocos metros del lugar del accidente y poco antes de llegar al minúsculo casco urbano de Villarrubio, el hito mantiene en la memoria de los habitantes de la localidad conquense la calidad del artista valenciano y sus canciones. La cruz, que fue trasladada de su lugar originario por instrucciones de Obras Públicas, según recuerda Jesús, un vecino de Villarrubio. “Antes se veía desde la autovía y llamaba mucho la atención, pero Obras Públicas dijo que la trasladaran más adentro para que los conductores no se distrajeran”.

José Luis Flores, propietario de un restaurante del pueblo, recuerda nítidamente lo sucedido a Nino Bravo, y es que el accidente mortal se produjo a escasos metros de su local, un local de comidas que el cantante frecuentaba en sus rutas desde Valencia a Madrid.