A pesar de la expresa queja sobre los constantes recortes de cada año, ¿cómo ha logrado sacar adelante este festival?

Ha costado mucho preparar el festival de este año porque el presupuesto era muy frágil. Hemos tenido un recorte en los últimos cuatro años de más de un 60 % de presupuesto de las inversiones tanto públicas como privadas, la cuales son un 50% cada una. Por este motivo, la idea era hacer el festival más corto pero más denso, mantener la calidad en los espacios abiertos, traer artistas consagrados y emergentes y acercar esta música a la gente.

Tuvo una original forma de convencer a Branford Marsalis. ¿Puede contar esa anécdota?

Los tres músicos que tocaban hace unos años con Marsalis habían estado antes en el festival de Canarias acompañando a Michael Brecker, otro saxofonista. Estaba en el festival de San Sebastián y me encontré a Djin Djin, uno de los músicos; nos saludamos y me presentó a Branford. De noche fui a su concierto y me apasionó tanto que cuando llegué al hotel le escribí una carta pidiéndole que viniese a Canarias. Resulta que su habitación estaba enfrente de la mía y le mandé la carta por debajo de la puerta. Desde entonces estoy intentando que venga. No sé si se asustó por la carta, porque él tiene una agenda apretada. [Risas.]

¿Cómo ve la escena canaria del jazz actualmente? ¿Fomentan las rutas musicales como la de Playa Viva el aumento de público de esta música?

En Canarias hay bandas muy buenas de jazz. Los que están en este programa son grupos que presentan discos, pero hay otros que también han estado sin disco y tienen un nivel muy bueno. En las reuniones de la Asociación de directores de festivales de Jazz de España recuerdo que me sentí orgulloso porque hablaban de nuestros músicos. A ver si los contratan, porque muchos están afincados fuera. Vivir del jazz o de la música en Canarias es muy difícil.

¿Qué inconvenientes han surgido con espacios abiertos como en la Plaza de Santa Ana?

En 22 años no hemos tenido incidencias. La queja que puede haber es que en esos espacios mucha gente no va a oír la música sino que usa el festival como lugar de encuentro, por lo que a quienes van a oír a los grupos les molesta el ruido. Por ello hemos llevado los bares atrás, para que no molesten. No sé si con el tiempo tendremos que acotar el espacio abierto y hacer pagar alguna cantidad simbólica para estar mas cerca del escenario si la gente no responde. De todas formas, esto es parte del festival.

¿Qué tiene pensado para el festival del año que viene?

Yo tengo mi lista particular de bandas y también otras propuestas que me van sugiriendo. Hay que estar atento para atraer a los grandes. El reto sigue siendo llegar a la gente y recuperar la itinerancia. Me gustaría estar más holgado, trabajar con tiempo para anunciar las fechas desde enero y poder vender antes las entradas. También deseo ver que este festival está consolidado. El año que viene me enfrentaré a él como si estuviera empezando de nuevo. Queremos que los amigos del festival , los aficionados, puedan participar en la elección de grupos y tengan algunos privilegios. Otro objetivo también sería crear un club de empresas amigas del festival para poder garantizarlo.