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CONTRA LOS PUENTES LEVADIZOS

La madre muerta

James Franco, actor y director de 'Mientras agonizo'.

James Franco, actor y director de 'Mientras agonizo'. LA PROVINCIA / DLP

Utilizando un símil cinematográfico, se podría decir que William Faulkner cabalga de nuevo gracias a la aparición en dvd de la adaptación cinematográfica de su novela Mientras agonizo (titulada incomprensiblemente en nuestro país El último deseo), dirigida por el actor y director James Franco. Aunque Mientras agonizo no resulta un título particularmente atractivo, en realidad a lo que se refiere el término, como ya descubrirá el lector, es a la desintegración de la familia Bundren mientras acompaña los restos mortales de su madre hasta la tumba. La novela, cuya escritura Faulkner dijo haberla terminado en seis semanas, pasó primero por las manos de Sean Penn, que quiso convertirla en película, con él también como protagonista.

Es posible que Mientras agonizo no aparezca en la lista de las novelas más felices, pero sin duda aparecerá en la de las más fascinantes. Doy por hecho que el lector conoce la historia, si no es así se la resumo: en su lecho de muerte Addie Bundren pide a su marido ser enterrada al lado de sus parientes, en Jefferson, distante cuarenta millas de la granja donde viven; y una vez fallecida, Anse Burndren cumple el deseo de su mujer. La carreta con el ataúd y con todos los Bundren (Cash, el hijo mayor; Darl, el retrasado; Jewel, que no es hijo de Anse, sino del pastor; Dewey Dell, que está embarazada; y Vardaman, el hijo pequeño) se pone en camino como si alguien les llamara a comenzar una nueva vida, cuando en realidad se trata de enterrar la suyas.

Mientras agonizo no es sólo una novela de costumbres rurales, también alcanza cúspides épicas muy alejadas de ese ruralismo del "blanco pobre" de las novelas de Erskine Caldwell, como La parcela de Dios o El camino del tabaco, llevada a la pantalla por John Ford en 1941. A través de esa fúnebre y macabra marcha por campos desolados el autor de El ruido y la furia va desgranando la psicología de cada personaje: un padre farsante (al final no sabemos si ha viajado hasta Jefferson para cumplir el deseo de su mujer o para comprarse una dentadura nueva); Jewel, capaz de trabajar por las noches para conseguir el caballo que quiere; Dewey Dell, inocente hasta el punto de ser engañada por el farmacéutico que la viola; Darl, retrasado, medio lunático, en cuyos monólogos Faulkner pone lo mejor de la novela; y Vardaman, el niño cuyos razonamientos infantiles están tocados por la irracionalidad de Darl: "Mi madre es un pez".

Aquí el estilo de Faulkner ("Trato de decirlo todo en una sola frase, entre una mayúscula y un punto") no logra ahogar el sentimiento. Hay escenas de una extremada dureza que corta la respiración, como el agujereamiento del ataúd (y por tanto del rostro de la madre muerta que está dentro) por Vardaman que quiere que el cadáver respire. Su principal cualidad es la intensidad. Una intensidad a la que sucumbimos a pesar de los hechos macabros que narra. Es bueno que el lector lo sepa: leer Mientras agonizo hace que salten todos los resortes del corazón humano. Están avisados.

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