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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Nuestro apocalipsis

Una crónica extraordinaria, precisa y abundante sobre el Desastre de Annual, la mayor derrota sufrida por el ejército español

Retrato de Alfonso XIII. LP/DLP

El Desastre de Annual: la mayor derrota sufrida por el Ejército español. Lo que hubiera hecho Hollywood con historias como ésta si en lugar de soldados españoles hubieran sido marines. Épica sobre ruinas, heroísmo en medio de la catástrofe, fracaso que aún hoy sigue siendo uno de los episodios más controvertidos de nuestra Historia. Aquel 22 de julio de 1921 le costó a un país en ruinas (reino de Alfonso XIII, está dicho todo) diez mil vidas de soldados destinados a morir en Marruecos. De ese capítulo histórico tan decisivo en su brutal condición de debacle nacional sin paliativos, y que puso de luto a todo un país, se ha escrito mucho (incluida la ficción) pero nunca tan bien como Luis Miguel Francisco en Morir en Africa, una obra monumental en el mejor sentido de la palabra que, a lo largo de más de 600 intensísimas y exhaustivas páginas, recrea al detalle las peripecias de esas tropas españolas destinadas a sufrir un infierno frente a las fuerzas del cabecilla rifeño Abd el Krim.

Documentación abundante y en muchos casos inédita, una precisión quirúrgica a la hora de ensamblar todos los materiales para confeccionar una crónica implacable de los hechos y una inteligente manera de explicar no sólo el cómo sino el por qué de lo sucedido (pero dejando al lector que saque sus propias conclusiones, nada de guiarlo) hacen del libro una experiencia esclarecedora a la par que inquietante, relato histórico minucioso y elocuente que ayuda al lector no sólo a meterse en la piel de esos hombres condenados a la muerte sino a entender las razones de tanta sinrazón, pero sin tomar partido o dictar sentencias: "He intentado mostrar mucho más que decir". Y es que opiniones hay muchas pero "los hechos son los que son".

Las palabras del teniente coronel Manuel Ros ponen los ojos de punta: "Ninguno de los nuestros pudo hacer más de lo que hizo: morir". Estremecedor testimonio que justifica, en parte, el empeño de un autor que ha durado casi dos décadas, enfrentado al temor a la sobreinformación y, también, al peligro de tener delante unos hechos "a menudo mitificados, simplificados y novelados que siguen siendo estandartes de la Historia Militar de nuestro ejército". Y ante esa avalancha de datos y puntos de vista erróneos, una necesidad imperiosa: "Crear una reconstrucción histórica basada en documentos de época, no un juicio crítico".

Los testimonios directos de los soldados son el pilar fundamental de la obra: "Son ellos los verdaderos protagonistas de la historia". Ellos y sus familias, también presentes de forma constante en las páginas para inundarlas de estupor, miedo y coraje. El autor recrea las escenas pavorosas de la batalla pero no se regodea en ellas. A modo de pinceladas expresionistas, las distintas voces van componiendo un lienzo macabro, fúnebre, ensangrentado. Matanzas, saqueos, ensañamiento. Hay muestras de heroísmo en la crónica, y también de inevitable cobardía. Surgen destellos de compañerismo a ultranza y, cómo no, de miseria humana descontrolada. Hay lealtad, hay traición. El horror, sí combinado con la grandeza del ser humano cuando es sometido a pruebas tan excepcionales, aunque sea para salvaguardar meros y repudiables intereses políticos.

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