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El otro destape

Primer volumen académico sobre el estudio de la sexualidad irreverente, como se manifiesta en la cultura popular española de la primera mitad del siglo XX

Dos imágenes de la colección de Maite Zubiaurre incluidas en el libro 'Culturas del erotismo en España 1898-1939'.

Dos imágenes de la colección de Maite Zubiaurre incluidas en el libro 'Culturas del erotismo en España 1898-1939'. LP/DLP

Se suele pensar que la cultura del destape de los años setenta fue el detonante de la liberación sexual de los españoles. Sin embargo, casi un siglo antes, en España ya se conocía, divulgaba y consumía masivamente una generosa gama de prácticas, modalidades y formatos sensuales para todos los bolsillos y condiciones.

Los albores del siglo XX visibilizaron las inquietudes y las preferencias amatorias de una sociedad culpabilizada por la pérdida de las últimas colonias en el "desastre del 98" y por el inevitable peso de la moral religiosa en la vida diaria. Proliferaron entonces toda suerte de productos eróticos: shows transformismo y cuplé, revistas frívolas y "semanarios galantes" como París Alegre, Sicalíptico, y Muchas Gracias; los géneros, hoy extinguidos, de los abanicos ilustrados y de las postales: "tontas", atrevidas o directamente explícitas; los primeros cortometrajes pornográficos realizados por los hermanos Baños, en Barcelona, a instancias del rey Alfonso XIII; las novelas cortas eróticas, que permitieron el lucimiento de los ilustradores y fueron numerosas y exitosas en igual medida; las publicaciones naturistas y nudistas, originadas en Cataluña y el Levante mucho antes de la avalancha setentera; la fiebre por los manuales de sexología y de higiene, que en 1931 propició el best seller Iniciación en la vida sexual: la moderna educación sexual, higiene secreta del matrimonio, virginidad y desfloración, de Justo María Escalante; junto con las primeras aproximaciones al psicoanálisis freudiano, los tratados morales y judiciales acerca del comportamiento sexual, y el ensayo filosófico sobre el amor.

Mientras José Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno, entre otros muchos, debatían sobre estos asuntos en los medios, la ciencia médica y sus sucedáneos focalizaron el interés en la naciente sexología y en la higiene conyugal. En consecuencia, empezó a tratarse sin anestesia la cuestión de la homosexualidad, del deseo y del feminismo; de los peligros y beneficios de la castidad, así como otras derivaciones pretendidamente etnográficas que mostraban al ávido lector las diferencias morfológicas entre la mujer nacional, tradicionalmente pura, casta y espiritual, y la indígena exótica.

Incluso Gregorio Marañón se ocupó en sus trabajos del sexo, especialmente inquieto por la progresiva irrupción de la mujer en la sociedad de entreguerras.

Cuanto más científico se publicitaba al consumidor, más incitador resultaba todo este material. Razón de peso para que intelectuales como Ramiro de Maeztu señalaran la necesidad urgente de crear una liga antipornográfica. Porque, en definitiva, la cuestión sexual llegó a adquirir una dimensión política: "el problema" empezó a considerarse un asunto que afectaba a la salud de la nación, en un tiempo en el que la ideología imperante asumía con reparos el irrefrenable contagio de la tecnología y la ciencia extranjeras, a pesar de que la innovación en las relaciones íntimas se rehuía como un virus.

Erotismo 'made in Spain'

En vista de tan enorme variedad y cantidad de manifestaciones del erotismo made in Spain, siempre acicateadas por las incursiones foráneas, sorprende que éstas permanezcan arrinconadas en librerías de viejo y colecciones privadas. La razón no es tanto la falta de decoro de este legado audiovisual, como el carácter popular, y no culto, que lo caracteriza.

Y es que es la alta cultura la que ha imperado en nuestra visión del siglo XX, según Maite Zubiaurre, autora del estudio Culturas del erotismo en España, 1898, 1939. En su libro, profusamente documentado e ilustrado, la profesora de la Universidad de California, Los Ángeles, abarca un amplio elenco de representaciones textuales y visuales del erotismo nacional, con el fin de rescatar ese tesoro perdido, en la línea de L'Enfer de la Biblioteca Nacional de Francia, o del Private Cave del Museo Británico de Londres, para así modificar la imagen que todavía se tiene de la llamada "edad de Plata" (1989-1939) de la historia española. Por una parte, con esta magna obra nos adentramos en un "cuarto de maravillas" repleto de contribuciones a eros que "cristalizaron en una cultura de latido rápido y con frecuencia irreverente y transgresora, en una cultura altamente visible, exhibicionista y callejera, destinada, sin embargo, a morir muy pronto", por cuestiones sociales, históricas e ideológicas diversas. La herencia de todo aquello todavía es tangible en propuestas artísticas como la de la Kunstgießerei & Galerie Flierl de Berlín, que ha dedicado la exposición Medir con los ojos, la obra más sensual del pintor exiliado y maestro de artistas Josep Renau (Valencia, 1907-Berlín, 1982), los montajes fotográficos de su última etapa, centrados en la ecología y la figura femenina.

En segundo lugar, el libro de Maite Zubiaurre contribuye a desechar algunos tópicos sobre el imaginario visual y textual de los españoles, que atrajo tanto a las clases altas como a las modestas; a los conservadores y a los liberales. Estos últimos compartieron, además de paseos y tertulias, aficiones menos confesables: en definitiva, el pensamiento español de la derecha, en cuestiones amatorias, no ha sido históricamente más timorato que el de la izquierda, que, en este ámbito, tampoco se ha mostrado necesariamente más rupturista. No tenemos más que recordar la plaga homófoba de la intelectualidad progresista de principios de siglo, o el machismo crónico en cuanto se planteó el sufragio femenino en 1931. Unos y otros coincidieron en caricaturizar la progresiva emancipación de la mujer, tildada tantas veces de hombruna en su empeño por cortarse el pelo, montar en bici y profesionalizarse, mientras el hombre corría el peligro del afeminamiento si se empeñaba en rasurarse completamente, siguiendo la moda inglesa.

En conclusión, Culturas del erotismo en España, 1898-1939 demuestra que el abanico de gustos sexuales de la primera mitad de siglo XX fue mucho más heterogéneo e incorrecto de lo que creemos cuando miramos al pasado y solo vemos en él puritanismo: más allá de las polarización entre el discurso misógino y el de la igualdad, en aquellas décadas, la coyuntura social impulsó una 'ola verde' que trajo consigo pasiones y teorías altamente especializadas en mantillas y medias de seda a lo Julio Romero de Torres e Ignacio Zuloaga , en escenas de monarcas, clérigos, cigarreras, travestidos y cupletistas; en un mercado de lolitas y tobilleras, ciclistas y taquígrafas, nudistas y bañistas, parejas, tríos, grupos, animales, ambiguos, andróginos y demás fantasías reunidas en esta enciclopedia de la cultura popular española.

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