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Entrevista. Geógrafo y escritor

Jaime J. González: "Benítez fue uno de los grandes capitanes de la batalla del agua"

Jaime González Gonzálvez con su libro sobre Simón Benítez Padilla, en la presa del Pintor.

Jaime González Gonzálvez con su libro sobre Simón Benítez Padilla, en la presa del Pintor. PEPE DÉVORA.

¿Qué peso tiene la figura de Simón Benítez Padilla en el paisaje del agua de Gran Canaria?

Le debemos a Simón Benítez Padilla uno de los paisajes más frecuentados de la isla, la Presa de Chira: su camino de acceso con apartaderos hasta llegar al caserío de Cercados de Araña, la presa y su asociada e inseparable masa de agua, su canal de distribución, el chalet del Cabildo, el cercado construido de una hectárea, etc. Un paisaje de expresión si lo contemplamos con ojos de naturalista desde el camino de coronación de la vieja presa de mampostería ciclópea, a 34 metros de altura sobre un cauce agrietado. Pero su figura tiene más peso si conoces su extensa labor como proyectista de grandes presas, planificador de planes de obras hidráulicas y colaborador de ingenieros y geólogos de presas, heredades, comunidades y particulares. Fue uno de los mejores capitanes que tuvimos durante la batalla del agua: combate que se libró en el siglo XX. En su libro Gran Canaria y sus obras hidráulicas (1959) nos aportó un magnífico análisis de nuestro paisaje del agua a través de una descripción de las miles de obras construidas para el aprovechamiento de aguas superficiales (acueductos, estanques, presas) y de alumbramiento de aguas subterráneas (zanjas, galerías, pozos). Simón dijo que los estanques ejecutados en la isla eran miles, que las presas se contaban por decenas y que los pozos y galerías sumaban millares, pero a pesar del trabajo realizado no contamos en la actualidad con ninguna obra hidráulica del siglo XX declarada Bien de Interés Cultural como monumento de ingeniería. Lo intentamos en 2011 con la presa pública de Cuevas Blancas -una obra de gran interés cultural- pero a pesar de los documentos técnicos aportados al expediente -perfiles tipo de lo imaginado y de la cimentación construida y datos de un sondeo mecánico vertical de la unidad obra y terreno-, los arqueólogos del Cabildo dijeron que no a la incoación del expediente porque no se puede comprobar la cimentación de la presa. Con esto está dicho todo.

Hace usted hincapié en la presa de Chira, que considera su magna obra. ¿Puede explicarnos por qué?

Los dos proyectos de la Corporación Insular para construir una gran presa en el Barranco de Soria en la década de 1930 incluían una presa de toma en el Barranco de Chira para derivar sus aguas discontinuas a Soria. En el Plan de Obras Hidráulicas de 1938 todo permanecía igual pero la adquisición del Cabildo de la concesión de las presas de Ayagaures a finales de 1938 hizo que Simón tomara la decisión de cambiar la presa de toma de Chira por una presa de embalse. Las obras se iniciaron en Chira a finales de 1941.

¿Por qué considera que la presa de Cuevas Blancas es "de gran interés cultural"?

Aprovechamos el estudio de la intensa labor de Simón como proyectista y planificador de grandes presas para crear una categoría técnica de reconocimiento cultural de nuestras obras hidráulicas y Cuevas Blancas es una de nuestras numerosas Obras Hidráulicas de Gran Interés Cultural (Ohgic). Tenemos un muro con mucha historia construido en la cumbre durante la guerra civil que tiene una cimentación singular por las características geológicas del terreno, una forma estructural e hidráulica especial y una estética inacabada con paramentos de mampostería careada con juntas de gran belleza y de mampuestos ciclópeos protuberantes. Su puesta en carga fue en febrero de 1956, sigue en explotación y a pesar de las fisuras que hay en el terreno es un monumento de ingeniería que tiene 29,95 metros de altura con cimientos, 16 metros de altura sobre cauce y 181 metros de coronación.

Da el mismo rango a la presa Las Peñitas que construyó en Fuerteventura durante la guerra civil. Cuéntenos.

Las Peñitas es una presa inacabada y aterrada cuya estética pétrea forma ya parte de las viejas peñas que dominan el paisaje. En este caso se desconoce su cimentación porque la misma fue construida antes de la elaboración del proyecto (1937), pero su justificación, ubicación y su estado actual -sigue en explotación- en el paisaje son argumentos sólidos para reconocer que es una Ohgic. Fuerteventura tiene una gran presa terminada -Los Molinos- y varios esqueletos de grandes presas acordes a su paisaje físico y cultural. Los esqueletos de fábrica pétrea son más interesantes que la obra terminada.

Benítez Padilla concluye su libro Gran Canaria y sus obras hidráulicas

En 1934 Simón escribió que Gran Canaria era un oasis en el desierto del Océano porque había tierra fértil y sol pero el agua era escasa. Construir fincas -jardines- en las medianías y costas fue posible gracias a la construcción de miles de obras hidráulicas. Hoy contemplamos con tristeza las ruinas de aquellos jardines pero seguimos teniendo muchas obras hidráulicas útiles, bellas y sólidas. Por cierto, la Corporación debería de sentirse preocupada porque desde hace más de dos décadas no hay seguridad de presas: inspecciones visuales, auscultación, etc.

Propone usted una casa-museo dedicada al ingeniero. Entiendo que contempla también en este proyecto su dimensión humanista, de la que habla Juan Gómez Benítez en el prólogo: su faceta como presidente de El Museo Canario, su recuperación del códice Le Canarien y de la Descripción de las islas Canarias de Torriani, su trato con investigadores como René Verneau y Dominik Josef Wölfel. ¿Qué anda por su cabeza?

Lo contemplo todo porque todo es posible. El trabajo técnico de Simón en el oasis insular siempre tuvo por objetivos el de incrementar el volumen hidráulico para construir fincas y disminuir el paro obrero, de ahí que mi propuesta esté enfocada a todo el patrimonio hidráulico diseñado y construido en Gran Canaria. Tenemos un recurso cultural hidráulico único en el mundo que causó asombro y admiración a propios y extraños durante varias décadas. Simón Benítez Padilla se merece un centro cultural museístico y no una sala cerrada con ordenadores.

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