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El reencuentro con Barry Gones

La banda grancanaria despacha un segundo álbum, 'Óxido', con el rock como hoja de ruta

El reencuentro  con Barry Gones

El reencuentro con Barry Gones

Barry Gones no es un producto efímero que desde su trinchera del sureste grancanario tenga fecha de caducidad a corto o medio plazo. La banda se ha garantizado de vacunarse ante el herrumbre que asoma cual metáfora del paso implacable de los años, y que ilustra su nuevo álbum.

El grupo despachaba un segundo disco en los estertores de 2014 con los mismos atributos sonoros con los que se plantó hace ya tres años en el circuito insular: rock, blues y reggae templado. Sin truco ni trampa aparente, el trío que alimentan Raúl López (bajo), José Luis Rodríguez (batería) y Pedro Martín (guitarra y voz), además del concurso de Manuel Justel al megáfono, hacen lo que saben como si otra vez fueran los adolescentes que abrazaron la música en el cruce de caminos en el que les ha tocado vivir. Seis temas incluye este Óxido, con grabación, producción y mezclas de Yutah Mendoza. Un poco de paz es la carta de presentación; un tema embarrado de reggae, el pasaje más sereno de un álbum que rebosa múltiples influencias, todas con las que han crecido sus miembros. Ahí están los ramalazos de blues con el paso cambiado en Se acabó o El brillo de tus ojos, los medios tiempos de Slow Hand, el sonido de guitarras en Me estoy embruteciendo y el guiño al rap en No vamos a dormir.

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