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AMALGAMA

Berzotas

La indolencia de esta tropa viene empeorada por un efecto que se nos manifiesta últimamente, cual es el que, ante el destrozo de los partidos mayoritarios, los que no son elegidos como candidatos, corran de un partido político a otro a buscar puesto

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En 2008 la concejal Esther Sarrautte, del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, contestó muy satisfecha a una pregunta sobre unos locales cedidos a la ONG Atan, "que no existe ninguna asociación en el Ayuntamiento de Santa Cruz con el nombre ONG...", levantando todo tipo de carcajadas por su ignorancia. No fue cesada, ni dimitió. Hace unas semanas, la consejera de ¡Cultura!, Deportes, Políticas Sociales y Vivienda del Gobierno canario, Inés Rojas, confirmó, en el Parlamento de Canarias, que para abordar los problemas del Museo Canario se había puesto en contacto con el doctor Gregorio Chil y Naranjo, de quien ignoraba que había fallecido en 1901, sin que con ello quisiera explicar que había efectuado una sesión de espiritismo, sino que realmente estaba cometiendo un bochornoso error fruto de analfabetismo. No fue cesada, ni dimitió. Hace apenas un par de semanas la candidata del PSOE al Gobierno de Canarias, Patricia Hernández, interrogada sobre si sabía cuánto era el PIB canario, intentó salir airosa del trance y dijo que a ella lo que le importaba era ver que una línea que sube, sube, sube? y luego baja, baja, baja?, vuelva a subir, subir, subir? hasta que se junten. Hay que verla y oírla en el vídeo de Internet para que nos embargue la vergüenza ajena, pero enfrente de ella, mientras decía esta memez, estaban Pedro Sánchez, doctor en economía, y José Miguel Pérez, doctor en Geografía, que la aplaudían a rabiar como si estuvieran frente a Ortega y Gasset. La indolencia de esta tropa viene empeorada por un efecto que se nos manifiesta últimamente, cual es el que, ante el destrozo de los partidos hasta ahora mayoritarios, los que no son elegidos como candidatos, corran de un partido político a otro a buscar puesto, pero nunca elijan el irse, nunca. Fue en 2010 que el periodista Daniel Montero escribió La Casta, un expresión que se ha hecho posteriormente famosa, e informaba de que los políticos sólo tenían que permanecer siete años en el cargo para optar a la pensión máxima, mientras que un trabajador autónomo o por cuenta ajena necesita 35 años cotizados, que la retención de las nóminas de diputados y senadores era sólo del 4,5%, que Gallardón, el alcalde de Madrid, se movía en Audi A8 de 591.624 euros, que catorce de los 17 presidentes autonómicos usaban Audi, que en la celebración de las elecciones generales de 2008, a los políticos se les prestó 44 millones por bancos españoles para campañas publicitarias, mientras esas mismas entidades ese año embargaron las casas a 60.000 familias por falta de liquidez, dejando a 180.000 personas sin techo. Pérez Reverte escribió, por entonces, un artículo, en el que decía: "Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso? y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España. Diputados, nada menos. Sin tener algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquier de ellos y ciscarme en su puta madre. Sé que esto es excesivo. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores". Ahora todo está muchísimo peor.

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