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Minúsculas y mayúsculas

En 'La Provincia en guerra 1914-1918', Ángel Tristán Pimienta se sumerge en la hemeroteca y relata cómo se percibía la Gran Guerra desde las Islas

Ángel Tristán Pimienta.

Ángel Tristán Pimienta. LP / DLP

Los grandes acontecimientos históricos, los que determinan la marcha general del mundo, se pueden resumir en los nombres de sus principales protagonistas y la mención de sus escenarios más destacados. No obstante, como dice Ángel Tristán Pimienta en La Provincia en guerra 1914-1918 (Ediciones Idea, 2015) "aunque conozcamos la Historia con mayúsculas, las fechas decisivas, los hombres clave, las glorias o las derrotas, ignoramos casi todo de la multitud de pequeñas historias sin las que casi nada sería como fue finalmente". Historias minúsculas, pues, entreveradas con la Historia con mayúsculas es lo que nos ofrece el autor, que enhebra su aguja periodística con pequeñas hebras para aportar riqueza de detalles al tapiz de uno de esos momentos clave del siglo XX, la Primera Guerra Mundial, en los que la humanidad se precipitó en el abismo. Lo hace desde la perspectiva de un lugar que no participó directamente en el conflicto pero que fue afectado gravemente por él, el Archipiélago canario, y recurre para ello al buceo en los valiosos testimonios que LA PROVINCIA publicaba mientras el planeta se desangraba.

Estructurado como una secuencia de reportajes que fueron publicados en su momento por este periódico, con ocasión del primer centenario del conflicto bélico, el libro encabalga con pulso narrativo trepidante, las declaraciones recogidas en el Puerto de La Luz de los náufragos de buques aliados hundidos por submarinos alemanes, las impresiones que transmiten fuentes políticas, diplomáticas y militares de las Islas, comentarios de las colonias inglesa y alemana y cables que llegaban a Madrid desde la redacción.

Es cierto, como dice el propio Tristán, que su escritura pertenece al género del periodismo, no al de la historia. Dicho esto, no puede dejar de subrayarse también que el límite entre uno y otro no siempre es nítido por cuanto que ambos se hacen con los materiales de la narración para contar un pasado no vivido, en este caso, por quien lo cuenta. El reportaje tiene un indudable componente ficcional, el que aporta el autor para darle tensión dramática al texto. Pero en la historiografía, sin pretender que sea pura literatura, como quisieron algunos en los años ochenta, hay siempre un componente ficcional: ningún historiador dispone de todos los datos del pasado y, aún en el supuesto de que pudiera ser así, debe de hacer un montaje selectivo con los mismos para ofrecer un cuadro comprensible al lector.

Como anuncia el título, el libro se nutre fundamentalmente de material de hemeroteca. Pero tiene también un componente biográfico: el que representan una pareja de emigrantes retornados de Buenos Aires en 1915, que desde la cubierta otean las aguas del Atlántico y confunden aletas de tiburones y acrobacias de delfines con periscopios de submarinos que a veces echan a pique barcos de banderas neutrales. Ambos son los abuelos paternos del autor, que huían de las epidemias que en el país sudamericano habían acabado con la vida de uno de sus tres hijos y se encontraron en las islas un paisaje de hambre, epidemias y elevada mortalidad infantil provocada por la guerra.

Por el libro desfilan otros personajes que, justamente por ser irrisorios para la escala mundial de la guerra, ayudan a comprender la enormidad del conflicto en el trayecto sideral desde las pequeñas magnitudes: el patrón de la goleta El pájaro, apresado por un sumergible germano en su regreso de Cabo Blanco a Las Palmas, liberado a las pocas horas con el obsequio de una botella de licor de rosas, un patricio local, Manuel Manrique de Lara, recibido en Sarajevo por su alcalde poco antes del asesinato del archiduque Francisco Fernando que constituyó el detonante de la guerra, periodistas que marchan apresurados a Maspalomas en uno de los escasísimos coches de época al saberse que cerca de sus aguas un submarino alemán a atacado a un mercante holandés?

El autor da cuenta de la marcha de alemanes de la colonia que regresan a su país como reservistas, de los cables que informan de la novedosa y mortífera arma de la aviación, de la entrada por la Puntilla de los supervivientes del vapor Joaquín Mumbrull, hundido por un submarino alemán. También, reportaje sobre reportajes, sigue la pista de los náufragos de las potencias combatientes reducidos al cautiverio por tribus de la costa del Sahara, y, mordazas que van y vienen a lo largo de la historia, cuenta como el Gobierno declara secretos los nombres y características de los barcos que transitan por el Puerto durante la contienda y como los periodistas suplen este cerrojazo con la comprobación in situ de las entradas y salidas de los buques y entrevistas a todos los marinos que se tropiezan.

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