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CONTRA LOS PUENTES LEVADIZOS

Mujeres que leen

Marilyn Monroe leyendo el 'Ulises' de James Joyce.

Marilyn Monroe leyendo el 'Ulises' de James Joyce. LA PROVINCIA / DLP

Seguramente habrán visto alguna vez la imagen que ilustra este artículo, en la que se ve a Marilyn Monroe en un jardín de Amagansett, vestida con un bañador a rayas, leyendo el Ulises de James Joyce. La fotoperiodista Eve Arnold tomó la instantánea en 1955 para la revista Esquire. La fotografía no sólo causó impacto, sino que nadie se creyó que la actriz estuviera leyendo en realidad el Ulises, a pesar de que en su biblioteca personal (subastada por la casa Christie's en 1999), además del libro de Joyce, tuviera obras de Dostoievski, Poe, Wilde, Chéjov, Proust, Pushkin, Flaubert y Bertrand Russell. Sin embargo, ésta no es la única fotografía en que la protagonista de Los caballeros las prefieren rubias posa con un libro en las manos. Dos años antes, Alfred Eisenstaedt la había fotografiado, para Life, en su casa, recostada en un sofá, leyendo un libro.

Viene todo esto a cuento de la publicación, en Seix Barral, de Mujeres y libros, un ensayo del filólogo alemán Stefan Bollmann sobre la importancia que la lectura tuvo para las mujeres de siglos pasados. Según Bollmann, la revolución de la lectura llegó con Mary Wollstonecraf (1759-1797), autora de Vindicación de los derechos de la mujer y madre de Mary Shelley, autora de Frankesntein: "Abogaba por un cambio de los planteamientos vitales femeninos y por la igualdad del hombre y la mujer en lo relativo al amor. Para ella leer no era huir de la realidad sino analizar y renovar la vida [...] Se trata de una forma de leer que sin querer se transforma en escribir, pues se hacen constar al margen o en una hoja aparte notas y comentarios. Leer se convierte en una acción: quien lee de esta manera responde al texto, es su beneficiario".

Nunca será la novela femenina más transparente que en las obras de Jane Austen, aunque las suyas, Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio o La abadía de Northanger, "son mucho más que sólo novelas femeninas", como escribe Bollmann. Sus protagonistas, al igual que la autora inglesa, son lectoras apasionadas. Y sabe Dios que no había ningún aliciente mejor después de caer la noche. "En la rectoría de Stevenson [Austen era hija de un reverendo] se practicaba la lectura conjunta, una cultura extendida entre la clase media instruida de entonces, y no sólo como entretenimiento en las veladas. [...] Para la escritora en ciernes significaba un curso intensivo en el arte de la novela. Así se formó su criterio".

Mujeres y libros nos acerca a la fiebre de la lectura femenina no desde un discurso teórico que impone cánones sino desde la propia realidad de la lectura, que surge inevitablemente apegada a la experiencia.

De ahí que cada experiencia sea una aventura única, solitaria, peligrosa (en el caso de las primeras lectoras: Dorothy Bradshaigh, Caroline Schlegel-Schelling, Mary Wollstonecraf), pero liberadora. En uno de esos imperecederos pasajes de sus Diarios, donde anotaba sus dudas, sus exaltaciones y también sus lecturas, Virginia Woolf escribió: "Me gustaría leer hasta el día del Juicio". Woolf tiene lectores que le rezamos, y que leeremos hasta el día del Juicio.

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