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Exposiciones

'Suite': paisajes de la memoria

Gonzalo González plantea una reflexión sobre la fragmentación del tiempo y la mirada. Una poética secuencial, de viñeta de cómic

'Suite': paisajes de la memoria

'Suite': paisajes de la memoria

El lenguaje de los sonidos y el de las artes plásticas, la música y la poesía excitan el proceso creativo de Gonzalo González. Las pinturas de Suite conectan varias escenas de modo similar al compositor de una suite, que acopla breves danzas de distinto carácter y ritmo, para conseguir el sentido dramático de "contraposición" típico del barroco.

Con esqueleto minimal y cuerpo expresionista, las Suite son variaciones de un tema que Gonzalo González lleva tocando desde 1978. Cuando se desvanece la figura humana de su espacio pictórico, pero no el drama ni el existencialismo que, desde entonces, vienen de la naturaleza y la memoria. Su poética, como la del minimalismo musical, según Brian Eno, se aleja de la narración y se acerca al paisaje, pasa del evento interpretado al espacio sonoro.

Gonzalo González plantea en las Suite una reflexión sobre la fragmentación del tiempo y de la mirada. Una poética secuencial, de viñeta de cómic, que juega con la idea del horizonte como fin de lo conocido y principio de lo ignoto. Dispuestas en franjas, las Suite sugieren una lectura textual, de izquierda a derecha y de arriba abajo; cuestionan la capacidad de aprehender la complejidad de la vida y de la obra de un vistazo. Transformando lo sucesivo en lo simultáneo, incitan al ojo para que mire en varias direcciones. Como en cualquier sitio de la naturaleza, en todos los parajes de sus Suite hay algo que ver. Huérfanos de los grandes relatos utópicos y del pensamiento fuerte, vivimos en la realidad fragmentada de la posmodernidad.

Pequeño poemas visuales, las Suite de Gonzalo González, formas brumosas que unimisman lo familiar y lo extraño, son paisajes de la memoria que no existen en la naturaleza y el artista pinta con la sagacidad que dan la pasión y el tiempo. Una pintura honda, llena de resonancias y matices, tempestuosa y exquisita, obsesionada por el misterio, la soledad y el silencio. De intensidad dramática y formas abstractas, con tono de elegía, de violoncello. Nos dan el goce estético que necesitan los hombres, para descansar del oficio de vivir. Pero el artista sabe que lo esencial de su obra no es que sea seductora; la belleza es solo uno de sus rostros. Como nos recuerda Bob Dylan, las voces no deben ser consideradas por lo bonitas que son. Sólo importan si te convencen que están diciendo la verdad.

Dispensando emociones y asombro, las Suite nos sumergen en un mundo en tensión, de formas barrocas y acento dramático, de contrapuntos, de consonancias y disonancias. De poderosos contrastes y ritmo sincopado. Abruptamente se pasa de estancias monocromas colmadas de vacío y desolación a paisajes agitados. De la noche del alma a la noche de la naturaleza. Sin apenas transición, el artista los engarza con sabiduría en la totalidad del cuadro. En un conjunto armonioso, profundo y múltiple, en un ámbito que nos hace dudar, cuestionarnos si lo que vemos es realidad o ficción, si estamos en esa "tierra de nadie" que hay entre lo real y su representación. Allí donde la imaginación no es más que la memoria fermentada y los pensamientos son tan fugaces como obsesivos.

Gonzalo González los activa en las Suite y nos incita a modificar la mirada, a verlos no sólo como objetos poéticos, sino como cosas que están sucediendo. Como una sucesión de imágenes sin apariencia concreta, paisajes de incertidumbre, más materia pictórica que geografía. Una obra abierta, incompleta como los recuerdos, no acabada como la realidad (sólo el mito lo está, decía Ortega) y fragmentada como el yo del hombre contemporáneo. Con una estructura horizontal definida y un interior turbulento; un mundo que concilia la pasión y el orden, la biografía y la invención. Una pintura coherente, muy bien estructurada y con una sabia modulación cromática que concilia zonas de densidad dispar, el tema y su representación, lo emocional y lo estético.

Mucho arte moderno pone el énfasis en lo conceptual, no es el caso de Gonzalo González, que es un artista "clásico" para el que cuerpo y mente van juntos. Sus pinturas producen emociones, tienen un aire enigmático e incitan a la reflexión. Como señala Jaume Plensa, el arte tiene la gran fuerza de ser un lugar común donde compartir una memoria que nos pertenece. Las Suite de Gonzalo están llenas de citas, a la historia del arte, a la filosofía existencial y al drama del ser, al barroco y al neorromanticismo. De los rasgos de su carácter, sus ideas y su oficio. Su arte es obsesivo y disciplinado, parece que siempre está reescribiendo el mismo cuadro. Desarrolla sus ideas en series temáticas largas e intensas que, en lo fundamental, siempre tratan del lenguaje de la pintura y de su pulsión vital, de memoria y biografía.

La vista del espectador oscila de forma incesante entre el cuadro y las distintas zonas cromáticas que lo componen. La alternancia de perspectivas crea simultáneamente ilusión de profundidad y tensión, entre densidad y levedad, entre abstracción y representación, entre luz y oscuridad. Esta ultima matizada por sombras, su poética es crepuscular, sus paisajes de la memoria traen la melancolía de los acordes finales de una música sublime y recrean su obsesión por la soledad, el vacío, el silencio y la memoria del arte.

Gonzalo González tiene una soberbia inventiva y un talento proteico. Su obra es amplísima, posee muchos registros y hace visible el sentido abstracto de la belleza y de las emociones. Que entran en el cuadro de una forma cabal, como resultado de un proceso de destilación y refinamiento conceptual. Paralelo, pero no similar, al que emplea Jeff Wall; sus ambiguas imágenes son como dramas escenificados. Sus "paisajes" no son espontáneos, no vienen de la realidad, sino de una construcción eficaz del artista que los hace verosímiles.

La Suite exploran los lindes entre realidad y ficción, entre naturaleza, paisaje y memoria. Son pinturas sobre baquelita o aluminio, largas y estrechas. Con el espacio dividido, invitan a un viaje por la obra; a recorrerla visualmente, a oír su armonía sincopada, a ir desde lo íntimo a lo universal.

En la actualidad, Suite suena menos a composición musical que a habitación de hotel, que se presume de calidad y exquisita. Las estancias de Gonzalo González siempre lo son. Tienen música visual, se pueden "oír con los ojos", una de las agudezas del amor, según Shakespeare.

(Gonzalo González. Suite. Fundación CajaCanarias. Plaza del Adelantado. La Laguna. Hasta el 20 de junio)

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