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CONTRA LOS PUENTES LEVADIZOS

Las voces de los testigos

Supervivientes del huracán Katrina.

Supervivientes del huracán Katrina. LA PROVINCIA / DLP

Para apreciar debidamente el paso del huracán Katrina por Nueva Orleans, en la Costa del Golfo de Estados Unidos, hace ahora diez años, no debemos olvidar un dato previo: su carácter metafórico. Como escribió Edmundo Paz Soldán, en el artículo Usos y abusos del huracán: "Los desastres naturales -huracanes, tsunamis y demás- nunca son sólo lo que son; siempre representan algo más. [...] Uno encuentra en ellos lo que busca. Las interpretaciones divinas han dominado, quizás porque esos desastres están ya entramados en el Apocalipsis de San Juan como símbolos, alegorías, formas en las que Dios o el Demonio se comunican con nosotros". Sobre ese telón de fondo, el 29 de agosto de 2005, el huracán Katrina se cobró la vida de 1.833 personas y cambió las de más de un millón que quedaron atrapadas en una ciudad devastada, inundada y sumida en el caos.

Las cifras dan vértigo, pero son sólo cifras. Hasta Stalin lo sabía: "La muerte de un hombre es una tragedia, pero la muerte de un millón es simple estadística". Tal vez por eso nos conmueve más escuchar la historia de un solo hombre, que escuchar el dato de la cantidad de muertos, enfermos y desaparecidos que dejó el huracán Katrina. Es lo que debió pensar Dave Eggers cuando se puso a escribir Zeitoun (publicada en España por Literatura Random House), basada en la historia real de Abdulrahman Zeitoun, un héroe anónimo del huracán Katrina. En lugar de ser laureado por los actos heroicos y solidarios que llevó a cabo durante el desastre, Zeitoun, de origen sirio, fue torturado y acusado erróneamente por el gobierno americano de pertenecer a Al-Qaeda.

Eggers no entrará en el olimpo de las letras americanas (pese a ser uno de los grandes gestores de talentos ajenos), pero ya se ha colado en miles de estanterías de sus contemporáneos, incluso en las de aquellos que leen muy poco, y no debido a una operación de mercadotecnia, sino a que ha sabido sacar provecho de una pulsión antigua: las ganas de identificarse con el prójimo. De ahí el éxito y la repercusión de su primera novela, la autobiográfica Una historia conmovedora, asombrosa y genial (que le llevó a no hablarse con su hermana Beth), a la que siguieron Ahora sabréis lo que es correr y Qué es el qué, basada en la historia real de Valentino Achak Deng, uno de los niños perdidos durante la guerra civil del Sudán.

Zeitoun, antes que una novela propiamente dicha, se trata de una crónica periodística que se inscribe dentro del proyecto denominado Voices of Witnesses (Las voces de los testigos), a través del cual cede la palabra a diferentes personas que han vivido situaciones en las que se violan los derechos humanos.

Estamos ante uno de esos raros casos en que el lector ideal coincide al ciento por ciento con el que realmente lo lee. Sería injusto olvidar que el libro posee, no obstante, una potencia y envergadura enormes. Merced a la infatigable adhesión del autor a la más concreta realidad del hombre. Su modo de asumir la lucha en toda su radicalidad entre el hombre y las fuerzas de la naturaleza es uno de los mensajes más relevantes y verdaderos.

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