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32o Festival de Música de Canarias

La transición que se eterniza

Carece de sentido y de futuro repetir en la pobreza las pautas alcanzadas en tiempos de mayor generosidad pública y privada

Parecía que la decadencia del Festival Internacional de Música de Canarias había tocado fondo en 2015, pero no: el programa de este año, trigésimo segundo de la serie, es aún más modesto y disperso. Con todo el respeto que merecen los muy escasos primeros nombres anunciados y los honestos intérpretes de buen nivel, se constata que la especialidad sinfónica con que nació el evento ha desaparecido casi por completo. Tan solo cuatro orquestas grandes, las dos canarias entre ellas, aparecen en un programa de once convocatorias en las islas capitalinas, donde se habían estabilizado veinte o veintidós. Las orquestas de cámara y pequeños conjuntos tienen cuatro fechas pero no son, como solían, los mejores ni los más atractivos del mercado. En rigor, es preciso reconocer que la "internacionalidad" del Festival se ha quedado en adjetivación gratuita.

La gestión autonómica de la crisis se cebó con cierto sadismo en los presupuestos, mientras la esponsorización privada fue encogiendo hasta lo casi simbólico. Los recursos actuales hacen imposible programar con ambición cualitativa, aun asumiendo la reducción de la cantidad. Los dos gobiernos precedentes decretaron los recortes sin muchas contemplaciones y se esperaba una reacción del actual. No hubo reacción, sino un continuismo presupuestario que decepciona profundamente. Los "festivales de crisis" ya son demasiados y amenazan con agotar la paciencia del público leal que los sostiene a pesar de todo. Fue bien comprendida la necesidad de una transición, pero a la vista del programa que hoy comienza, la transición "avanza" hacia la nada. Para virar el rumbo es absolutamente preciso que la muy cacareada recuperación económica se haga visible en todos los órdenes de la gestión política, primando los sociales sin abandonar los culturales.

Proyecto alternativo

Pero la escasez económica no lo explica todo. También fue menester un cambio de mentalidad para dar sentido y coherencia a un distinto modelo de Festival. La prioridad sinfónica es cara, pero no la única capaz de mantener el magnetismo interior y exterior de las ediciones marcadas por la crisis. Un festival de música de cámara -que abundan en el mundo con extraordinaria calidad- puede no tener en principio el favor mayoritario, pero sí las bazas potenciales para hacer inteligentemente atractiva la provisionalidad del bajón presupuestario. Ha faltado un proyecto de transición que incluso tendría posibilidades de hacerse definitivo en función del resultado en las audiencias. Por el contrario, los programas han visibilizado el brusco empobrecimiento del modelo original, no solo en la generosidad de intérpretes de categoría suprema sino también en la supresión drástica de uno de los valores de mayor irradiación internacional: los encargos y estrenos absolutos de obra nueva a los mejores compositores extranjeros, peninsulares y canarios. Con independencia de que algunos estrenos calen mejor o peor en el gusto y la sensibilidad del público, su función sumaba una faceta formativa e informativa educativa de gran valor al situar la cultura musical canaria en la última hora del mundo. Esta perdida voluntad ha sido lo más encomiado por muchos de los medios europeos y americanos que se ocuparon del Festival de Canarias.

Las rarezas

La falta de un proyecto transitorio -o definitivo, si el éxito lo abona- se expresa de muy variadas maneras. Por ejemplo, es difícil entender que uno de los programas de la veterana y prestigiosa Orquesta Filarmónica de Londres, dirigida por Christopher Franklin (?) se limite al acompañamiento del gran tenor peruano Juan Diego Flórez, que abre hoy el evento y es, sin duda, la mayor estrella de la edición. Flórez inauguró el año pasado el auditorio de Puerto del Rosario con una pequeña orquesta vienesa que funcionó admirablemente. En este caso se pierde un programa genuinamente sinfónico, y ya eran muy pocos en el punto de partida. Las dos orquestas canarias actúan en los auditorios Alfredo Kraus y Adán Martín con directores invitados. Con sus titulares harán sendos progra-mas en otras islas, novedad bien pensada por la rareza de las actuaciones de nuestras orquestas más allá de Gran Canaria y Tenerife, ámbitos principales como entes de los dos cabildos, pero no debería de ser excluyente. Lo cuestionable es que reduzcan a uno sus programas en los escenarios principales.

Tampoco es entendible que a los Cameristi della Scala se les acepte un programa casi íntegramente dedicado a arreglos y paráfrasis en pequeño formato de unas cuantas óperas de Donizetti y Verdi, archipopulares en sus formas propias sin necesidad de ser "versionados" a costa de un verdadero programa orquestal de cámara, cuyo repertorio es inmenso e ilustrísimo. Los muy famosos Niños Cantores de Viena, marca bien conocida en Canarias, dedicarán medio programa a los cancioneros comerciales, siendo, como son espléndidos en la pureza sonora y estilística de la interpretación de los grandes autores. Criticar y perfeccionar los programas que proponen algunos conjuntos y solistas es derecho indiscutible del Festival, pero no se ejerce mediante concesiones que parecen ignorar el rigor que lo ha colocado entre los grandes con el esfuerzo tesonero de tres décadas de presencia formativa y educativa, además de placentera para el espíritu. Como han de ser todas las manifestaciones de la cultura.

Es positivo que la venta de abonos y localidades haya rozado el pleno, como se dice, pero conviene destacar que cuatro de las convocatorias del programa principal no tendrán lugar en las salas sinfónicas de los auditorios sino en el teatro Guiniguada de Las Palmas de Gran Canaria y la sala de cámara del Adán Martín de Tenerife, cuyos aforos son apenas un tercio del de aquellos grandes espacios. Bien está ajustar espacios y demanda, pero esto ocurre por primera vez este año como ajuste tal vez impuesto por una demanda declinante.

Estos comentarios apuntan los peligros en que se halla inmerso el gran acontecimiento antaño internacional, pero no presuponen juicios de valor anticipados a la posibilidad de que todos los programas gusten y sean un éxito, resultado deseable en cualquier caso. Vamos a repasarlos.

Menguado sinfonismo

La London Philharmonic abre fuego esta noche con el citado programa de servicio a Juan Diego Flórez. Será sin duda un exitazo del cantante, pero la orquesta quedará limitada, como es costumbre en estos casos, a breves piezas sinfónicas entre aria y aria. El programa de mañana sí justifica la presencia del gran colectivo británico. El director hispanoamericano Andrés Orozco Estrada, de muy sólida carrera internacional, debuta en el Festival con los londinenses y el famoso pianista Denis Matsuev. El virtuosismo extremado del Tercer Concierto para piano y orquesta de Rachmaninov, y la Primera Sinfonía de Mahler pueden sonar memorablemente.

El programa capitalino de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, el próximo día 15, tendrá en el podio a un maestro alemán iniciado en los repertorios barrocos y ahora aplaudido en la ópera de gran formato, incluida la de Wagner en Bayreuth. Hablamos de Thomas Helgenbrock, figura ascendente en el ámbito europeo. El también hispanoamericano Lucas Macías Navarro, oboísta predilecto de Claudio Abbado en los festivales de Lucerna, desarrolla a su vez una bella carrera como solista internacional. Su parte con Helgenbrock será el Concierto para oboe y orquesta de Richard Strauss. Completan programa la Obertura de concierto Op. 12 del polaco tardorromántico Karol Szymanowsky, y la Octava sinfonía de Dvorak, muy popular pero menos tópica que la Novena Del Nuevo Mundo.

El 21 de enero será el turno de la Orquesta Sinfónica de Tenerife en el auditorio Alfredo Kraus, dirigida por Jukka-Pekka Saraste, excelente maestro finlandés re- cibido siempre con entusiasmo en Canarias. Su programa suma el atractivo de incluir a un mag- nífico pianista isleño, Javier Negrín, con el celebérrimo Concierto en la menor de Grieg. Negrín está en una fase especialmente brillante de su carrera y la ola de su prestigio no para de subir. Saraste dirigirá también la mejor de las "sinfonías de guerra" de Shostakovich, la Octava, a nuestro juicio la más grandiosa y profunda de su catálogo de quince y una de las más geniales creaciones del siglo XX.

El capítulo orquestal quedará cerrado el 10 de febrero con el programa único de la Orquesta Festival de Budapest y su titular Ivan Fischer, además del pianista griego Dimitris Sgouros como solista del Primer concierto para piano y orquesta de Brahms, pieza monumental paradigmática del romanticismo tardío en Alemania. De otro romántico, éste temprano, Carl Maria von Weber, es la chispeante obertura de la ópera El cazador furtivo que abre programa. Su cierre será la Quinta Sinfonía op. 100 de Prokofiev, la mejor de las siete escritas por el original compositor.

La serie de cámara

La serie de conjuntos de cámara comienza el 22 de enero con los citados Cameristi della Scala y los solistas Fabien Thouand (oboe), Massimo Polidori (violonchelo) y Francesco Manara (violín) Mucha gente honrada para un programa de paráfrasis operísticas. En fin...

En este capítulo sobresale poderosamente el programa del 27 de enero, con el eminente pianista grancanario Iván Martín como director y solista de los dos conciertos para piano y orquesta de Chopin. La experiencia dual con la que ya sedujo a los públicos interpretando los dos primeros conciertos de Beethoven, salta a otro par de obras, las chopinianas, mucho más complejas en escritura pianística pero orquestalmente más sencillas en la versión de cámara del propio Chopin, adaptada por el director-pianista a un conjunto tan exiguo en atriles como el también grancanario Galdós Ensemble. Será una de las convocatorias más esperadas y estelares de la edición. El respetado Trio Arbos, que forman la violinista Cecilia Bercovich, el chelista José Miguel Gómez y el pianista Juan Carlos Garvayo, dará el 2 de febrero el Círculo Op. 91 de Turina, y los tríos en Fa mayor y en Re menor de Saint-Saëns y Mendelssohn. Rigurosa selección de uno de los pocos conjuntos estables en el panorama español.

La Petite Bande de Sigiswald Kuijken cerrará este capítulo camerístico el 12 de enero, con la vivacidad y la energía que le son propias. Hacen un monográfico mozartiano: las Casaciones K63 y K99, la Pequeña Serenata Nocturna K525 y el Divertimento K205. Maravillosa música festiva y cortesana, en el sonido de uno de los primeros conjuntos especializados de la actualidad.

Voces y Festival en las Islas

El programa concluye en las capitales con conciertos de los Niños Cantores de Viena en el auditorio Alfredo Kraus y en la Catedral de Santa Ana (días 7 y 8 de febrero). Éxito garantizado por la gracia y el frescor de estos jóvenes artistas que se renuevan constantemente sin que se resienta la calidad de sus versiones.

Y otro concierto vocal, confiado a Yael Raanan-Vandor, finalista del Concurso de Canto Otto Edelmann de Viena, cierra los once convocatorias el 9 de febrero, con lieder y arias operísticas compartidos por el barítono Peter Edelmann y otro prestigioso pianista canario en el acompañamiento: Jorge Robaina.

El Festival en las Islas repite en general los nombres del capitalino, con tres interesantes excepciones: los Solistas de Trondheim, muy estimados en el Archipiélago por anteriores apariciones festivaleras; el Coro de Cámara Ainur, grancanario y admirable en su estilismo refinado, que hará solamente en La Gomera y El Hierro su programa a capella A la sombra del Atlántico; y el Signum Quartett, de cuerdas, con un programa que hubiera sido bien recibido en Las Palmas y Santa Cruz (Mozart, Beethoven, Shostakovich, Webern y Stravinsky). Otro error de programación es limitarlo a las islas no capitales.

La Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, con su titular Pe-dro Halffter, hará en los Jameos del Agua, en Lanzarote, las sinfonías primera y tercera de Beethoven. Y la Sinfónica de Tenerife, con su titular Nesterowicz al frente, revisitará en Fuerteventura a Weber, Liszt, Tchaikovsky (5ª Sinfonía) y Gorecki.

Suerte y éxito para todos, y que mejoren las perspectivas de futuro del propio Festival con un proyecto bien pensado y significativo.

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