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Exposiciones

África oculta, el mundo de lo inexacto

El arquitecto, pintor y grabador Félix Juan Bordes presenta una exposición de láminas y pirografías inspiradas en el mundo animista africano

África oculta, el mundo de lo inexacto

África oculta, el mundo de lo inexacto

Cuando un pintor canario tiene como una de sus fuentes de inspiración el arte africano, que conoce de forma exhaustiva por haber realizado numerosos viajes por ese continente, y además no se contenta con imitar estilos o figuras, sino que trata de reflejar la concepción animista del universo que late tras esas manifestaciones artísticas, entonces es natural que sus obras merezcan una mirada detenida.

Tal es la oportunidad que nos brinda Espacio Cultural S/t, que reúne una serie de obras de Félix Juan Bordes caracterizadas por el hecho de estar inspiradas en el continente negro. De hecho gran parte de esta obra fue expuesta en septiembre del 2008 en Casa África con el título ¿África es así, m'zungu? (lo cual traducido significa ¿África es así, hombre blanco?). El propio título de la exposición reflejaba que estas pinturas eran el resultado de la mirada de un visitante que no puede llegar a la raíz de esa civilización por no haber nacido en ella, a pesar de lo cual extraía su fuente de inspiración en el continente adyacente.

La exposición, pensada para la escala de la sala, se divide en tres partes. Una de ellas está compuesta por treinta láminas de pequeño tamaño que parecen viñetas de un cómic, porque en su origen fueron apuntes para cuadros de los que podrían haber salido varias pinturas de gran tamaño. Muestran un mundo iridiscente que el artista conoció a partir de 1957, en el que el color brilla más que la realidad, como sucede en esas experiencias con alucinógenos como el peyote, en las que al ingerir esas sustancias que alteran profundamente la percepción de la realidad se conecta con el sistema límbico del cerebro en el que los colores son más potentes y llamativos.

Esas tonalidades iluminan formas orgánicas y semiorgánicas, pero no son fácilmente identificables porque está claro que a su creador no le interesa mostrar el mundo ya existente, sino otro imaginario, pero que a la vez esté conectado con la realidad. Esta dicotomía tiene su origen en que Félix Juan Bordes sabe que si no se dejan unas referencias al espectador estará perdido, por eso hay formas que recuerdan a insectos, frutos y mares, junto figuras imaginarias flotando en un mundo en expansión, difusas en la atmósfera. Todas reflejan diferentes estrategias de posición, que buscan ubicar formas en un plano de manera que se cumpla el adagio de La Tabla Esmeraldina, un sucinto, críptico y antiquísimo texto atribuido a Hermes Trismegisto, un dios egipcio y por lo tanto africano, que afirma: "Así como es arriba es abajo y como es abajo es arriba", porque el pintor confiesa haberse servido de la filosofía hermética y la cábala para sustentar su obra, en parte fundamentada en paradigmas esotéricos.

Sabiendo esto, el conjunto de las obras de la exposición se revela como una visión panteísta de las cosas que entronca con las religiones animistas africanas. Este aspecto es más evidente en la segunda parte de la exposición, compuesta por seis pirograbados realizados en madera de haya cubierta con un barniz que la impregna sin que desaparezca el veteado y sin tapar la naturaleza de la madera, con lo que su color adquiere forma de roca, indicando una esencia primitiva, atávica, que a la vez entronca con el surrealismo.

El resultado es que parecen pinturas rupestres que evocan una civilización estructurada de forma diferente a la nuestra, porque están inspiradas en las pinturas y grabados rupestres de Tassili n'Ajjer un área montañosa situada en pleno desierto del Sáhara en el sudeste argelino que cuenta con una de las más significativas y numerosas manifestaciones artísticas del Paleolítico superior y del Neolítico. No en vano es Patrimonio de la Humanidad porque sus pinturas muestran de la evolución de la fauna y la civilización en esa región desde hace más de ocho mil años hasta los primeros siglos de la era cristiana.

Félix Juan Bordes recuerda que corría el año 1933 cuando el teniente francés Brenans penetró en un cañón de esa meseta encontrando vestigios de una civilización más antigua que la egipcia, en la que aparece la rueda cuando se creía que todavía no había sido descubierta. Esas manifestaciones artísticas que dan una idea de una cultura hedonista y alegre que desaparecería por la desertificación inspiraron estas pirografías, compuestas por formas que vuelan y figuras orgánicas que flotan en un ambiente.

Del mismo modo, esta fauna imaginada aparece junto a signos enigmáticos que no tienen traducción porque existen como gestos gráficos que junto a otros crean un mundo que no es aristotélico o cartesiano. Aquello que es totalmente racional no interesa del todo a este artista al que le importa más romper con la reglas, que busca la transgresión, por eso sus creaciones están en el mundo de lo inexacto, resultado de pintar tanto con la derecha y la izquierda y no con pinceles sino con la mano para que haya un punto de nubosidad en la mancha. El resultado son formas geométricas que se combinan con otras para crear un mundo equívoco e inestable, pero que a la vez trata de no perder los vestigios que otorga el mundo real, porque el artista sabe que no se puede evadir completamente, está al corriente de que en cualquier obra pictórica tiene que haber una agarradera, un asidero que dé pistas al espectador para que la obra no sea indescifrable.

La tercera parte de la exposición está compuesta por veintinueve estampas seleccionadas entre un total de cuarenta y tres que fueron creadas aplicando sulfato de cobre sobre una plancha de cobre y usando grabados a través de un proceso de electrolisis, con lo que a través de una galvanoplastia se consiguen imágenes que representan una naturaleza imaginada, una fauna real y ficticia a la vez, porque aunque todas estas imágenes sean imaginadas contienen referencias a la realidad, con lo que realmente se encuentran entre este mundo y el de la abstracción.

Félix Juan Bordes confiesa que por encima de todo cualquier obra es creación, con lo cual aunque se tenga un guion previo que enfoque su realización se termina improvisando. Pero quizás en esta parte de la exposición estén más claras las diferentes estrategias de posición que emplea, en las cuales unas formas son tangentes a otras, o por el contrario las atraviesan violentamente, por eso en estos cuadros hay cercados, límites, que vienen de un costado, junto a otras figuras que muestran centralidad, constituyendo por así decirlo ejercicios que entroncan con la visión.

Como pintor Félix Juan Bordes sabe que la obra debe ser irónica y poseer varios jeroglíficos insertados para que quien la mire tenga varios recorridos de lectura según la contemple de izquierda a derecha o viceversa. En consecuencia la obra de arte no debe expresar literalmente, sino que debe ser descifrada. Por eso cada espectador ve cosas que no percibe otro, pero todas esas visiones deben haber sido incluidas por el artista en su obra. Un objetivo sumamente difícil pero que en esta exposición se ha logrado con creces.

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