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Relojes en los vagones

Relojes en los vagones

Relojes en los vagones

El movimiento de cámara y algún que otro cambio de perspectiva. Estas son las únicas técnicas de las que se vale el realizador Gan Bin para su más que notable ópera prima, Kaili blues.

El resultado es un apacible recorrido por el interior del sudoeste de China en donde sobrevive un mundo tranquilo y humilde que vive básicamente del sector primario y en donde la industrialización apenas ha llegado. Y es que, en realidad, la película es todo un sobresaliente ejemplo de cómo un buen trabajo puede ser realizado con un concepto austero del arte cinematográfico.

En este aspecto, Bin recuerda un poco a Kaurismäki, en su recreación en la belleza de la naturaleza y su predilección por los paisajes agrarios y pesqueros. Una de esas películas que llevan al séptimo arte a su verdadera esencia ya que, y nunca acabaré de repetirlo, el cine es principalmente imagen y los diálogos sólo son un apoyo en este medio de expresión. Por tanto, el argumento del film, un doctor con problemas familiares y la búsqueda de su sobrino en un pueblo de la provincia de Guizhou, es algo meramente circunstancial, casi intrascendente. El objetivo de este prometedor cineasta con la obra es hacernos partícipe de la historia, como si nosotros fuéramos el verdadero protagonista.

Hay amor, pero de forma tímida. Hay violencia, pero casi anecdótica. Hay drama, pero cogido con alfileres. El espectador no sabe bien lo que ocurre hasta bien pasada la primera hora. Porque lo que sucede en la pantalla, Bin va distribuyéndolo poco a poco, gota a gota, en diálogos siempre de menos de diez segundo.

Pero no importa, porque lo esencial es la forma de captar la vida de la manera más sincera posible, con atajos técnicos nada disimulados si es necesario. Una acción que transcurre a tiempo real en la que la cámara avanza a una distancia prudencial del protagonista, Chen, y de los otros actores. Entre medias, van apareciendo poemas existenciales de tradición oriental. Y ese final, con los relojes invertidos en los distintos compartimentos del tren, es una de las mejores muestras de amor filmadas en mucho tiempo.

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