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La épica de los vencidos

Navona reedita una de las obras canónicas de la literatura americana, 'La decisión de Sophie', de William Styron, llevada al cine por Alan J. Pakula con Meryl Streep

Hay novelas que después de leídas siempre están ahí y que se sacan a relucir en diferentes ocasiones con los amigos. En una tertulia que mantuvieron Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y William Styron, en la casa de este último en Martha's Vineyard, Massachusetts, en 1994, García Márquez dijo que uno escribe lo que le gustaría leer y lee lo que le hubiera gustado escribir, y que en su caso ese libro era El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas. Fuentes se decantó por Absalón, Absalón, de William Faulkner, y Styron por Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain. Fue lo único que quedó de aquella tarde en la que también estuvo invitado Bill Clinton, el entonces presidente de los Estados Unidos, que renunció a contestar a la pregunta que él mismo había formulado a los presentes: "¿Qué libro le hubiera gustado escribir?".

Si me hubieran hecho la pregunta a mí (lo he dicho siempre, y no me importa volverlo a repetir) hubiera respondido La decisión de Sophie, de William Styron, una obra canónica para los americanos, pero igual de canónica para los franceses, ingleses, españoles, italianos o rusos, que vuelve a estar de actualidad gracias a la reedición que acaba de aparecer en Navona, en la magnífica traducción de Antoni Pigrau. Narrador sólido y sincero practicante del verdadero realismo, abandonado por los escritores experimentales de los años sesenta, Styron desarrolló desde su primer libro, Tendidos en la oscuridad, una voz personal asentada en un estilo sin fisuras ni andamiajes de artificio que recuerda a los grandes narradores americanos del siglo XIX. No en vano, en el epílogo de esta edición, Javier García Sánchez dice que La decisión de Sophie "tal vez sea la última gran novela del XIX que se escribe en el siglo XX".

Al igual que Moby Dick, de Herman Melville, La decisión de Sophie se abre, después de una breve introducción, con dos palabras que establecen una relación de empatía con el lector y marca las directrices de la lectura: "Llamadme Stingo, que es el apodo con que se me conocía por aquellos tiempos, menos cuando no me llamaban de ningún modo. [...] A mis veintidós años, luchando por convertirme en escritor, de la clase que fuera, me encontraba con que el ardor creativo que dos años antes me había casi consumido con esplendorosa e implacable llama, había ido vacilando, debilitándose poco a poco hasta quedar reducido a una tenue lucecita que apenas si brillaba en mi pecho, o en cualquier otro lugar donde hubieran residido mis más ávidas aspiraciones".

Con una prosa acompasada, clásica, Styron narra las peripecias de Stingo, un joven aspirante a escritor de Virginia que en el verano de 1947 se instala en una casa de huéspedes de Brooklyn. Su tranquilidad se verá pronto alterada por la fuerte discusión de una pareja que vive en el piso de arriba. Cuando conoce a sus vecinos, Stingo queda cautivado por su encanto y simpatía. Ella, Sophie Zawistowska, es una muchacha polaca y católica. Él, Nathan Landau, un joven judío obsesionado por el pasado de su pueblo. Poco a poco, Stingo se siente atraído por Sophie, que vive atormentada por el recuerdo de su sufrimiento en el campo de exterminio de Auschwitz, el cual alcanzó el clímax en el momento en el que tuvo que tomar una terrible decisión.

La decisión de Sophie establece complejos paralelismos entre el racismo del sur de Estados Unidos (que ya había tratado en su controvertida novela Las confesiones de Nat Turner, ganadora del premio Pulitzer en 1968) y el Holocausto. Leída hoy (aunque son más los que la conocen por la adaptación cinematográfica de Alan J. Pakula protagonizada por Meryl Streep que los que la han leído realmente), es un modo de comprender al mismo Styron, quien a lo largo de toda su obra intentó profundizar en lo que Katherine Anne Porter denominó "el sentimiento trágico que se siente hacia el Sur", pero también hacia cualquier tipo de discriminación basada en el origen racial o étnico, el sexo o la orientación sexual, la religión o las creencias. La decisión de Sophie estremece no sólo porque Styron hace la épica del vencido, sino porque en el galope de los sentimientos nos arrastra hasta el fondo.

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