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Alberto García Saleh

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Una estimulante y renovadora mirada hacia la música electrónica. Así son los trabajos de este dúo alemán que ha remezclado canciones de formaciones tan diversas como Tom Vek, The Futureheads, Daft Punk, Tiga, Klaxons, White Stripes o Depeche Mode. Todo esto tenía que tener un resultado positivo y se ha materializado en esta obra en la que cada canción supone un experimento sobre la música de baile de los últimos treinta años. Jens Jence Moelle e Ismail Isi Tufekci, como se llaman ambos músicos, se toman su tiempo entre disco y disco; de hecho, el segundo álbum salió cuatro años después del primero, y ahora, de nuevo cuatro años después del segundo. El grupo comienza con cuatro temas de tecno-pop potentes y sin concesiones en los que se puede encontrar desde ecos a Kraftwerk hasta Tangerine Dream. Y acaban con cualquier tipo de duda sobre su talento melódico en títulos como Destination Breakdown que supone volver a escuchar al mejor Gary Numan, o Indigo Skies que incluye guiños a los Pet Shop Boys.

Escuchar un nuevo disco de Weezer es una garantía de que el oyente se va a encontrar con una hermosa colección de canciones siempre refrescantes y optimistas. Pero los que pocos imaginaban es que se iban a tropezar con su mejor trabajo en los últimos quince años. Pues sí. White album recupera la frescura de sus inicios. Y su supuesto título -que, por ciento, no existe ya que sólo hace referencia al color de la portada- ya parece toda una declaración de intención por dos motivos. Primero porque se trata de la colección de canciones más en la línea Beatles de todas su carrera. Y segundo porque es quizás la obra que roza a una altura más cercana al de su brillante debut The Blue Album. Así se puede comprobar en títulos como Thank God for Girls en donde se reencarnan en unos XTC de los noventa. O Do You Wanna Get High! por el que suspirarían unos Blur a los que ya nada les permite volver a sacar un nuevo Parklife. Tras un dico azul, otro verde y un tercero rojo, el blanco devuelve en toda su esencia a uno de los mejores combos de power-pop surgido en California.

A la hora de citar quiénes han sido los más importantes renovadores de la música negra en los últimos treinta años, es habitual que siempre se saque a relucir los trabajos de Prince, Terence Trent D'Arby o Erykah Badu. Pues bien, de un tiempo a esta parte hay que añadir también a Allen Stone, con la diferencia de que él es el único rostro blanco que hay que destacar en ese privilegiado trono. Con sólo tres discos a sus espaldas, el músico norteamericano ha sabido sintetizar las huellas de Stevie Wonder, Marvin Gaye o Aretha Franklin en sus canciones. Y este Radius es toda una enciclopedia en ese sentido que reelabora el original publicado el año pasado con nuevas canciones. Un tema como Upside puede llevar la antorcha de mejor single en una colección sobre la Motown. Pero se introduce por el terreno del funk en Freezer burn y sorprende con Symmetrical o Freedom que son una muestra contundente de como asimilar el mejor R&B sin caer en ejercicios de comercialidad gratuita y sin esa sensación impersonal tan común en este tipo de formaciones.

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