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LITERATURA

El creador eterno

Una mirada a la vida que llevaba Benito Pérez Galdos en su casa de la madrileña calle Hilarión Eslava con motivo del noventa y siete aniversario de su muerte

El creador eterno

El creador eterno

El pasado cuatro de enero se cumplió el noventa y siete aniversario de la muerte de Galdós. Fiel a la cita anual con nuestro gran escritor en la línea de aniversarios anteriores, quiero compartir con el lector amigo su recuerdo, evocándolo en el cómo de su vivir aquel 1917; un año problemático para todos, por cierto, envuelto en el desastre de aquella Guerra que, iniciada como Europea en julio de 1914, se había convertido en Mundial y parece no tener fin. España se mantuvo neutral; pero las cosas parecían no poder ir peor.

Muy poco había cambiado el panorama vital de don Benito respecto al del año anterior. Continúa viviendo con su sobrino José M., en la calle de Hilarión Eslava. Allí se encuentra bien. Está rodeado del calor familiar, vigilado en todo momento por su "hombre para todo" Paco Menéndez, escuchando el piano que con tanta maestría toca Rafaelita, mimado por todos. A veces muestra impertinencias de pertinaz cabezón; pero son leves y llevadas con humor y cariño. En Hilarión Eslava recibe, un día sí y otro también, visita de los amigos fieles que aligeran con su charla los atardeceres tediosos. ¿Será verdad que frecuenta la casa su amada Teodosia Gandarías, como afirmó Berkowitz? Bien pudo ser. Vivía esa señora en el mismo barrio de Argüelles; pero anda algo achacosa. Es posible que la comprensión de su sobrino, el bueno de don Pepino, transigiera ante estas urgencias del corazón niño.

Sale poco de casa Galdós; sólo lo imprescindible. Menos saldría si no fuera por el gusto de llegarse hasta el domicilio de su hija María para disfrutar de las primeras gracias de su nieto Rafaelito; no lo hace tanto como desearía: la mala salud, el estado del tiempo? En esos casos, cuenta con Paco para escribir al dictado la decena de cartas breves que dirigirá a María este año: en ninguna de ellas faltan expresiones de cariño, recomendaciones de cuidados para el nene, noticias de salud y envíos de dinero. Excepcionalmente, una de ellas, la del 1 de mayo, está escrita a mano: ¡Es que don Benito estrena pluma estilográfica! ¡Adelantos de la época! ¡Cuánto gustaría este artilugio al gran escritor!

Un fuerte catarro lo retendrá en casa los primeros meses del año. Pero en abril viajará a Barcelona para acudir al estreno de Marianela en el Teatro Novedades. Volverá a enternecerse con la tristeza de aquella muchacha que muere de amor, y que con tanto acierto interpreta Margarita Xirgu, ahora la preferida entre sus actrices. El de Barcelona es viaje imprescindible. Es grato para su ánimo, sin duda; y además rentable para la promoción de la obra. No podría viajar si no le acompañara el fiel Paco que no se separa de él un momento, atento a cualquier problema. La Vanguardia del día siguiente al estreno da cuenta del homenaje "íntimo" que dedican al maestro los amigos catalanes: estarán en él los canarios Miguel Sarmiento y Rafael Mesa y López; y Ángel Guimerá, Santiago Rusiñol, los maestros Serrano, Pahíssa y Pujol, Adolfo Marsillach, etc., etc. Como siempre, Galdós hablaría poco, pero agradecería el calor de los afectos y los reconocimientos.

Estuvo en Barcelona casi un mes. Y salió poco del hotel; pero allí y en el saloncillo del Novedades por las tardes, recibió visitas y atendió á a periodistas y admiradores. Miguel Sarmiento será uno de esos visitantes; y redactará un atractivo artículo para las páginas de La Publicidad, cabecera en que trabaja.

¡Banquetes, banquetes! Le aterran pero, ¡qué remedio! Ya en Madrid, se quejará en carta a su hija: "Malditos sean mil veces los ruidos, las cenas y los banquetes, que me ocasionan las mayores molestias que he pasado en mi vida. Ayer banquete, hoy banquete, mañana banquete? Ya estoy loco". No faltará al preparado para Guimerá, que acaba de estrenar drama en Madrid. E incluso redactará para la ocasión un cariñoso discurso que leerá en su nombre el periodista Luis Gabaldón.

Cuando el verano empieza a notarse. se encuentra con ánimos y bien de salud. Desde que puede, se traslada a Santander. ¡Su casa de San Quintín, su biblioteca, sus papeles?! ¡Qué ganas tendría! ?Y el aire fresco del norte, el olor del mar, el rumor de los árboles de la huerta, los ladridos de su perro, los pajarillos? Son sensaciones que aún puede permitirse. Será este de 1917 un verano rico en actividad. En julio llegará a la capital cántabra Margarita Xirgu para homenajearlo representando en el teatro del Casino del Sardinero La loca de la casa y, días más tarde, estrenando Marianela en Torrelavega. En ambas sesiones estará don Benito, con la sonrisa tímida insinuada bajo los largos bigotes, los ojos húmedos tras los lentes negros que casi ocultan lo que de cara asoma bajo el sombrero. No ha perdido garbo la silueta esbelta ahora encorvada, cubierta por el abrigo largo y la bufanda eterna. El bastón recio es buen apoyo. Paco no lo pierde de vista.

Margarita no abandonará Santander sin dedicarle una tarde en San Quintín, acompañada de los amigos cántabros y los hermanos Quintero. ¡Qué tarde tan grata!, ¡y qué tibias las manos de Margarita entre las suyas! Esta noche dormirá como un bebé. En los días siguientes, tempranito, descansará al aire libre mientras dicta a Paco los diálogos de la próxima obra teatral que dedica a su reina preferida: Santa Juana de Castilla; su última obra. El 29 de septiembre tendrá que dar por cerrada la estancia santanderina. Cogerá el tren correo de la noche rumbo a Madrid. No puede saberlo ahora; pero nunca más volverá a Santander.

El otoño y el invierno madrileños son monótonos y duros. Sigue soñando con el Nóbel. ¿Lo pedirá para él la Junta del Ateneo?, ?indaga ante Pérez de Ayala. A veces se siente decepcionado. Sonreíría con tristeza pensando en el resultado de una especie de plebiscito abierto por El Liberal en enero de este 1917: "¿Cuáles son los treinta y seis españoles que deberían componer la Academia?", era el tema. El resultado mostró que nadie obtuvo tantos votos cómo él: ¡4.503 votos! Ironías de la vida: él, el último en el escalafón académico oficial? "Si el voto público sirviese de algo"?

Sigue abrumado por problemas económicos. Sigue esperanzado con nuevos proyectos literarios. Sigue siendo el Galdós que apoya a los jóvenes que "buscan su campo de acción en derroteros nuevos y limpios". Al principiante Ángel Martín y Martín dedica ahora el ultimo prólogo de su vida, redactado en forma de carta: "Persista usted en su honrosa labor de educar al público, que este ha progresado en gustos, tolerancia y sensibilidad; y no tema ningún fracaso si en servir al Arte y a la cultura pone todo su talento y todo su entusiasmo".

Rodeado de oscuridades lo tiene la ceguera casi total¸ pero viva y luminosa sigue la mente, tenazmente maquinadora e inquieta de Galdós. El reloj aún tiene cuerda.

Y cierro, repitiéndome: Acabamos de cumplir el noventa y siete aniversario de la muerte de Galdós. Los genios, sin embargo, no mueren. Revive Galdós con nosotros cada vez que, releyéndolo, levantamos la vista para pensar. O cuando anotamos detalles sobre los qué, los cómos y los porqués de sus páginas. O cuando conversamos con él sobre tantas y tantas cuestiones que fueron de ayer y que siguen siendo de hoy.

(* ) Cátedra Pérez Galdós

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